domingo, 5 de diciembre de 2010

Desplazamiento diagonal: NODO


Un ambiente artístico como el -ambiguamente- llamado “contemporáneo”, generalmente se encuentra habitado por los fantasmas de la teoría y el concepto. La sentimentalidad es desplazada por el intelecto, aunque las obras pretendan manifestar experiencias vitales o sociales. De esta manera, muchas exposiciones de arte contemporáneo (procesual, conceptual, o con el cambio de nombre por “prácticas artísticas” o “prácticas visuales”) resultan adversas -por sobre-teorizadas- para el público general, que es el que mayoritariamente hace uso de un museo.
Si la obra es abierta y no restringe la multiplicidad de significados para su recepción, entonces el público podemos hacer caso a nuestra experiencia de la obra, más allá de tratar de comprender los conceptos, ideas o experimentaciones que llevaron al artista a confeccionar su trabajo expuesto. Es una forma moderada de decir, más llanamente, que el público podemos pensar lo que queramos; o lo que el entendimiento e imaginación nos permitan, a partir de lo que presenciamos en una exposición como Nodo: Desplazamiento diagonal, de apertura reciente en el Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce” (MACAZ).
Casi nada en la actual exposición está firmado o se acompaña de una cédula de identificación. Al contrario de la anterior muestra Nodo: Estado Periférico en el mismo museo hace dos años (sobrada de explicaciones curatoriales en cada obra), en Desplazamiento diagonal el colectivo optó por mantener fuera de vista la referencia a la personalidad del artista.
Algo particular para esta ocasión es que expositores-curadores han adelantado una respuesta para cuando el público nos preguntemos, ante la obra “¿y qué se entiende por arte?” En los diarios, textos electrónicos y en el texto de pared de la muestra han sido muy claros: “...entendemos el arte como un hacer y un pensar que de manera tenaz responde y vuleve a preguntar, nunca satisfecho con las respuestas, a las condiciones de una realidad presente, sólo un arte que desborda los espacios físicos y que se expande en movilidad más allá del terrorio, puede cabalmente ser considerado arte contemporáneo.”
El posicionamiento que aquí se realiza ubica los trabajos exhibidos en el contexto del objeto desarticulado, arte no-objetual, la obra como acción, lo que hay para ver es el proceso y no tanto el resultado; éste es tan solo una huella, registro, un soporte para conocer la obra, el mensaje. Como si lo expuesto fuera un recuerdo concreto del cual la memoria se sirve para reconstruir la experiencia pasada. No ocurre en todas las obras, sin embargo. Hay otras que se concentran en generar una experiencia en la sala, y esas sí que dependen de que la objetualidad para surtir su efecto. Es el caso para el árbol negro de Cristina Bustamante, pintado en la pared y sosteniendo en su parte media un gabinete: la casa de la pájara a la cual podemos espiar por un ojillo que nos muestra cómo se desabrocha el sostén en medio de muebles, lámparas, la cama, sus libros y películas. “Una referencia al Étant donné de Duchamp” le oí pronunciar a Andrea Silva respecto a este trabajo, pues el “dispositivo” recrea en la presencia del espectador el acto del voyeur, el mirón, espía morboso.
Otro caso semejante es el gráfico digital de Fernando García, que en un ordenador muestra la descomposición poligonal del espacio vacío de la galería del museo, mediante fotografías que muestran la duela, muros y techo con su iluminación en un ambiente de 360º sobre la pantalla.
Hay muchas obras “mediáticas”: el video es el soporte más concurrido para esta muestra. Nestor Jiménez presenta Vamos todos al infierno lalalaal!!!!, secuencia breve donde criaturas bailan y vuelan dentro de un bosque. La propuesta del título desactiva su perversidad al convertir el infierno en juego bailarín, divertimento infantil. La animación recurre a la fantasía, el desplazamiento diagonal en esta obra consiste en fugarse del mundo presente, aunque no a un mundo imaginario más agradable. El colectivo ARSGAMES muestra grabaciones realizadas con grupos en la interacción con videojuegos y experiencias de arte electrónico. En un cuarto oscuro se exhibe un ensamblaje de videos descargados del Internet, entre los cuales se encuentran secuencias de violencia en contextos juveniles, un viaje en auto, un concierto entre otras.
Victor Jiverd, por su parte, trabaja usualmente a través de la autorrepresentación en sus obras. En un video aparece manipulando un disco negro ante su rostro mientras tramas de puntos negros y blancos componen y descomponen su imagen. A los extremos de la pantalla se exhiben dos fotografías de gran formato: un disco blanco sobre la corteza de un árbol y otro negro sobre la textura de un muro de cemento. La asociación de blanco-negro con natural-construido, se combina con la formación de la imagen de Jiverd en la pantalla. Las personas somos híbridos naturales inventados, siempre en descomposición pero integrados. Y un poco más a los extremos, fotografías que muestran intervenciones urbanas con estos discos.
Se ha dicho, como publicó el periodista Carlos F. Márquez, que este proyecto propone un “ejercicio de desfase del arte, es decir, articular propuestas que no tengan su punto de enforque en un museo o galería, que la vinculación con la realidad trascienda lo inmediato para proyectarse hacia lugares más lejanos.” Ello complementa las palabras del grupo Nodo, que se propone “mostrar las posibilidades de relocalización del arte dentro y fuera el museo en diálogo con una realidad actual, en que se acercan los lugares más lejanos y las redes de conexión están cambiando los valores de la presencia por las virtudes de la accesibilidad.”
Poner esto en la mesa representa una paradoja, pues efectivamente, la persona que más obras presenta en Desplazamiento diagonal, es el más ausente: Jesús Jiménez, quien se encuentra fuera de Michoacán, coordinandose con el colectivo por larga distancia, comunicándose con el editor de La Jornada Michoacán para producir una obra que utilice como soporte un diario a exhibirse en una vitrina del museo. Dos series fotográficas, un dibujo y un vinil que reza “Haz de tu vida una obra de arte” son el corpus de su presencia en Nodo. Obras que, eso sí, están plenamente identificadas con cédulas a petición del autor.
Ello contrasta radicalmente con la experiencia que se vivió, durante la inauguración, en un cuarto oscuro, cubierto el suelo de hojas secas y un proyector al centro. El acontecimiento de la verdad de Ricardo Zambrano fue, por unas horas, una obra “de cuerpo presente”. Estuvo durante unas horas para recibir al público e incitarlas a tomar parte dentro del montaje: un proyector iluminaba, con una imagen del follaje de un bosque, un conjunto de hojas blancas que incluyen instrucciones sobre cómo apropiarse de las esencias de las cosas (en este caso un árbol), bajo algunas consideraciones de la filosofía heideggeriana. Tomar una hoja del montón produjo que las personas que pasamos por la obra terminaramos con algo entre las manos, algo más que una idea: un soporte para recordar la experiencia.

Publicado en el suplemento Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
5 de diciembre 2010

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Guillermo Ruiz y la ELETD


Uno de los aspectos benéficos de las actuales celebraciones del centenario de la Revolución Mexicana son los esfuerzos específicos de investigadores e instituciones que aportan verdaderamente algo significativo a la reflexión del pasado, para aportar elementos al debate del presente. Dos esfuerzos, por ejemplo, provienen de museos que de alguna forma se relacionan con un personaje central de las artes en México del siglo XX: Diego Rivera. Este año se montó una exposición clave en el Museo Mural Diego Rivera titulada Los pioneros del muralismo, en la cual se revisó el papel de pintores tales como Roberto Montenegro, Fermín Revueltas, Gerardo Murillo, Fernando Leal, Ramón Alva de la Canal y el francés Jean Charlot -a quien se debe el término “renacimiento mexicano” al incipiente movimiento artístico a principios de siglo. Estos pintores sentaron la base de la práctica mural de la cual los Tres Grandes (Rivera, Orozco y Siqueiros) serían la consecuencia más visible. El catálogo de esta exposición es un referente básico para quien se interese en el estudio profundo de la práctica pictórica de inicios de siglo.
Otro ejercicio importante fue la confección de la muestra Guillermo Ruiz y la Escuela Libre de Escultura y Talla Directa (1927-1942), del Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, que ahora se exhibe en la sala 5 del Centro Cultural Clavijero, en Morelia. Su origen, de acuerdo con la curadora María Estela Duarte, vuela en el tiempo hacia 1990 con una exposición semejante a la de Los pioneros..., pero en el ramo de la escultura. Teresa del Conde, desde la Dirección de Artes Plásticas del INBA, tuteló el proyecto coordinado por Agustín Arriaga titulado Escuela mexicana de escultura. Maestros fundadores, exhibida en el Museo Nacional de Bellas Artes y que recuperaba la obra de Carlos Bracho, Federico Canessi, Ceferino Colinas, Luis Ortiz Monasterio y Guillermo Ruiz, entre otros.
Este último, particularmente, jugó un papel importante como escultor predilecto del presidente Lázaro Cárdenas del Río; varios de sus proyectos de escultura pública se encuentran en Michoacán de forma permantente, otras obras fueron elaboradas para colocarse en otros estados de México, e incluso recibió encargos de esculturas para obsequiarlas a otros países en nombre del gobierno federal. Todas tienen que ver con figuras de la historia nacional filtradas por un nacionalismo a ultranza.
La exposición Guillermo Ruiz y la Escuela Libre de Escultura y Talla Directa es relevante por varios motivos. Un enfoque revela gráficamente la forma y el carácter que a la educación se le inyectó como un bien para el pueblo. Democratizar la soberanía nacional requería que toda persona recibiera una instrucción que le llevara al alfabetismo y, en el mejor de los casos, le dotara de un oficio. Durante la presidencia del Alvaro Obregón, a instancias de la Academia de San Carlos se fundaron las Escuelas de Pintura al Aire Libre (EPAL) por iniciativa del pintor y rector Alfredo Ramos Martínez. Un proyecto de educación artística popular de amplia envergadura que comenzó en los entonces alrededores de la ciudad de México, para extenderse a diferentes partes del país. La idea central consistía en estimular la natural inclinación de la “raza mexicana” hacia la belleza, hacia el ejercicio de las artes. Ya se veía en las artes populares y las expresiones estéticas del pueblo, en las obras de los pueblos indígenas del pasado. El sentir de los nacionalistas dispuso que a los niños asistentes a las EPAL se les otorgaran todos los materiales para pintar y un mínimo de instrucciones sobre procedimientos técnicos.
El gobierno del presidente Plutarco Elías Calles se concentró más en la educación técnica industrial, por lo que se fundó en 1927 la Escuela Libre de Escultura y Talla Directa, siendo su primer -y único- director Guillermo Ruiz. Éste había vuelto de Europa tras estar becado por el gobierno federal durante dos años. Recibía 50 pesos mensuales. Un libro como Diego de Montparnasse -Olivier Debroise- relata las penurias que vivían los artistas mexicanos en Europa, becados por la Secretaría de Educación Pública.
En la Escuela Libre de Escultura se inscribieron, en su apertura, 350 alumnos, la mayoría niños indígenas o hijos de obreros y mercaderes, principalmente de la plaza de La Merced, en la ciudad de México. Los talleres que se impartieron fueron: fundición, carpintería y talla en madera, talla en piedra, cerámica, juguetería, herrería y orfrebrería. Muchos de los resultados de dichos talleres se aprecian en la exposición: gatos sonrientes de volúmen embotellado, osos hormigueros, perros, simios, armadillos; en piedra o en metal aparecen hombres sobre caballos, generalitos, figuras femeninas y máscaras. Los muros de la sala muestran fotografías de niños morenos muy sonrientes posando junto con sus esculturas, teniendo como fondo las puertas de la Escuela, también exhibidas puesto que son tallas en madera y carpitería llevadas acabo por profesores y alumnos de la institución.
El periodo más floreciente de la Escuela Libre de Escultura terminó en 1932, cuando Ruiz se incorporó a la escultura de conmemoración histórica por encargo del presidente Cárdenas. Sus dilatadas ausencias enrrarecieron la ya candente discusión con sus colegas profesores; éstos protestaban la ininterrumpida gestión de Ruiz como director de la escuela, denunciaban que éste y otros profesores elaboraban obra personal con materiales de la institución y usando a los alumnos como ayudantes. Guillermo Ruiz informaba a sus superiores sobre los proyectos de obra pública en los que participaban profesores y estudiantes, sin embargo esas obras fueron firmadas sólo por Ruiz. Es el caso de monumentos como el de Zapata en Uruapan (1935), Las dolientes en Morelia (1932), teniendo en Pátzcuaro dos obras: Gertrudis Bocanegra en la plaza chica y Tangaxoan en la entrada del pueblo, ambas de 1937-38. De ésta última, Agustín Arteaga escribe en el catálogo: “es una gran escultura realizada en bronce que representa a uno de los últimos reyes tarascos que lucharon contra la conquista, por tanto un héroe local que representaba el nacionalismo, lo mejor con que contaban los pobladores originales de nuestras tierras […] Tangaxoan reunía los atributos que la nueva estética totalitarista requería, como era la utilización del desnudo […] la actitud y la posición de ataque con la cual el personaje se distingue como guerrero; y la fuerte estructura anatómica que exalta su virilidad y rudeza […] se convierte en el prototipo de hombre que el nuevo régimen debe producir.” Esta escultura, con su cuerpo de frente y cabeza mirando a su izquierda, da la cara al ocaso cada día, a la misma hora en que cae el sol a espaldas del Vasco de Quiroga de la plaza grande.
El final de la Escuela Libre de Escultura llega en 1942, año en que se transforma en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, de la cual se desprenden buena parte de los artistas contemporáneos mayores y emergentes del centro del país.

Publicado en el suplemento Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
28 de noviembre 2010