domingo, 21 de abril de 2013

Auto-saboteada perfección de Cristhian Díaz

De izquierda a derecha: Piensa en mí (2010), Por qué te fuiste (2010) y ¿Y el dolor? He hablado de él (2009). Pinturas de la serie El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Acrílicos sobre tela. De la exposición Órdenes, Costumbre, Caprichos y Delirios

La vida está en otra parte. Eros es vida. Vivir es delirar. La vida sin muerte es inmovilidad. En la vida no hay recompensas ni castigo, sólo consecuencias. Vivir es el juego de no dar nada por hecho. Frases que se encuentran al interior de las pinturas que Cristhian Díaz Reyes expone recientemente en la Galería Pórtico del hotel homólogo (Aquiles Serdán 744, Centro histórico, Morelia). El contenido de estas obras desborda y quiebra la delimitación que pretendan dárseles, incluso recurriendo a los títulos de cada una en búsqueda de una pista que permita comprender qué carambas sucede en estas superficies. 
Órdenes, Costumbres, Caprichos y Delirios es una muestra en que el autor se propone “rastrear la genealogía del “bodegón”, no solamente visto a través del oficio del pintor, que a su vez se perfila por toda la tradición del arte occidental, sino planteado desde una perspectiva del mundo globalizado…” Planteado como punto de partida, Díaz establece este género de la pintura, caracterizado desde antaño por ambientes conformados por enseres de hogar y cotidianos –muy semejante a la naturaleza muerta pero con diferencias- como fondo sobre los cuales pinta una realidad aparte y mucho menos sobria que ese acomodo de tazas, platos y pocillos en el lavadero de la cocina. 
Pareciera extraño que para esta exposición individual, Cristhian Díaz haya optado por mostrar obra que data del año 2009. Activo e inquieto como es, desde entonces realiza diversas actividades que he tenido oportunidad de seguir con el paso del tiempo: uno de estos cuadros fue seleccionado para la VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado “Alfredo Zalce” (2009). Participó en las colectivas “Bipolar” y “Gool-arte” del 2010 y 2011 respectivamente, participando en la selección de la V Bienal Internacional de Arte Universitario (2012), que se realiza en la Facultad de Artes de la Universidad del Estado de México. 
Ese mismo año presentó en el Primer Coloquio de Artes Gráficas, convocado por la cátedra de gráfica de la ahora Facultad de Artes (UMSNH), el resultado de una investigación intitulada Fiesta Perpetua, sobre la gráfica producida mediante cartelas y periódicos populares en el taller MAPECO, Uruapan. Tuvimos ocasión de compartir esa mesa de ponencias, moderada entonces por la Dra. Ioulia Akhmadeeva, coordinadora del Coloquio. Más reciente y casualmente lo encontré en la pasada emisión de la Feria Estatal del Libro y la Lectura de Michoacán vendiendo libros, con una selección muy destacada de libros de arte a precios asequibles. 
Incluso esta misma exposición, Órdenes, Costumbres, Caprichos y Delirios –la cual produjo tras ganar un premio de adquisición en el Encuentro Estatal de Pintura y Estampa “Efraín Vargas”- ya ha sido expuesta en una ocasión anterior en el Multiforo Cultural Cactux el año pasado, y los cuadros que la componen han sido carta de presentación de Díaz en las diversas muestras colectivas en que se ha hecho presente, como la conmemorativa 14 años, 14 creadores de la Escuela Popular de Bellas Artes (2011). Una entrevista que recientemente le hicieran para el catálogo de creadores visuales michoacanos Pórtense Serios (portenseserios.wordpress.com) muestra un portafolio digital de obra reciente. Y se ha visto involucrado en los Festivales Arte de la Tierra de la Cooperativa Arte Sociedad (COSA A.C.) realizando intervenciones y presentando en Michoacán el catálogo que corresponde a lo hecho en el Jardín Botánico de la UNAM, ciudad de México. 
Produciendo dibujo e investigación sobre artes gráficas, instalaciones de land-art y obras híbridas recientes ¿por qué decide exponer pintura del 2009? Me parece que la respuesta se encuentra en una circunstancia invisible a nivel de la exposición: el montaje en las salas de la Galería Pórtico se relaciona con el trabajo que ha realizado desde el 2009 para la beca del Sistema Estatal de Creadores y para obtener su grado académico como Artista Visual. 
Y a ello se refiere el autor cuando en la presentación de Órdenes… se propone “analizar el significado que tiene la representación y evolución del objeto, sin las limitaciones del objeto utilitario, para posibilitar una aproximación al objeto más acorde a una realidad estético-histórico-social más amplia, que incluya otras visiones y acontecimientos para interpretar el mundo y los objetos que nos rodean, condicionados en su función y significado…” Esto corresponde más al tema de investigación que ha desarrollado y que busca fundamentar la exposición en un ambiente académico, que a nivel de apreciación estética que pueda experimentarse a nivel de sala. Desde ahí, lo que se aprecian son ambientes cotidianos y caseros tratados de manera casi impresionista, inacabados, a medio camino de su hechura, sobre la cual se despliegan elementos disímbolos y formas de pintar absolutamente desarraigadas de la base original. Como si fuera un desorden mental, pero el quiebre aquí es pictórico. 
Gustoso de lo marginal y la experimentaciones limítrofes tanto del arte como de la cultura popular, insistente en su interés por la oposición tradición-modernidad productora de paradojas y contradicciones, rompe la estética estable del cuadro agregando conejas andróginas con cuchillos en mano, cayendo del cielo o sangrando mientras se arrastran sobre la superficie. Referencias sexuales, abstracciones de color, patrones geométricos, rayaduras y trazos descuidados con pintura acrílica y adherencias de tela y otros materiales, producen una atmósfera desencajada y de auto-saboteada perfección. 
Como si los ambientes caseros fueran el terreno de batalla donde las costumbres y los delirios se disputan el puesto del orden predominante, una irrupción irracional en el cotidiano acontecer de las cocinas y los restos de alimentos. Esta interrupción del orden usual de las cosas se corresponde con lo hecho en series más recientes de obra, como las fotografías de Lenin intervenidas con ojos y personajes que profanan la imagen edificante del ideólogo revolucionario, y los tondos ensamblados con estampados de playeras encontrados en tianguis y adhesiones de muñecos y otras figuras sobre la tela. La exposición Órdenes… representa el inicio de un corpus de trabajo que ya existe y se encuentra a la espera de ser expuesta. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán. 
21 de abril 2013.

lunes, 15 de abril de 2013

Maru Santos, pensamiento y libertad




Haré referencia a dos anécdotas lectoras a propósito de la exposición Pensadores Sumergidos en la Eternidad de la escultora Maru Santos, que se ubicó en las galerías del piso superior del Antiguo Palacio de Justicia (Morelia) desde los primeros días de marzo y hasta el presente. La primera es de la agencia de noticias SinEmbargo, del lunes 8 pasado, mismo día en que por la tarde se inauguró la intervención pública del Pensador #12 Equilibrio (2013) en la Plaza de Armas del Centro Histórico. 
Puesto a reflexionar sobre si es más difícil hacer la obra que exponerla, Jan Hendrix afirma que lo más complejo es imaginar, pensar. Incluso, después de que la consecuencia de la imaginación comience a cobrar forma, producir puede resultar incluso un proceso tedioso para el artista. “Exponer –dice- es un acto al que hay que enfrentarse con cierta valentía y no darle mayor importancia”. Lo que equivale a decir que, en cuanto a exponer, no hay que pensárselo demasiado y sencillamente hacerlo. Lo que sí hay que pensar mucho, dos, tres, o hasta quince veces, es aquello en lo que el artista decantará su persona, su existencia, en aquello en que se “saldrá” en forma y sustancia. Pensar es una actividad extenuante, en ocasiones, y el hecho de que pensar a menudo cansa el cuerpo hace plausible entender la figura del cuerpo humano como metáfora del pensamiento. Un ejercicio inverso a la abstracción: la base objetiva –material- de la mente es este objeto que somos. 
Otra anécdota. El domingo 7 de abril en La Jornada Semanal, Hugo Gutiérrez Vega recordaba a José Gorostiza diciendo que el poeta nos enseñó que la poesía “se halla más bien oculta que manifiesta en el objeto que habita. La reconocemos por la emoción singular que su descubrimiento produce y que señala la conjunción de poeta y poesía.” ¿Qué ocultan las figuras de los Pensadores Sumergidos en la Eternidad de Maru Santos? Ciertamente emergen del suelo y se apoyan en éste al mismo tiempo. Se muestran a nosotros. Pero ¿qué poesía reside oculta en ellos? 
Existe una semejanza que este proyecto guarda con una de las figuras más emblemáticas de la escultura moderna: El pensador, de August Rodin. Originalmente concebido para representar a Dante Alighieri postrado ante las Puertas del Infierno, ponderando su poema, terminó adquiriendo personalidad y presencia propias antes que el retrato del poeta. Siendo un desnudo, semejante a estos pensadores sumergidos, Rodin buscaba una figura heroica al estilo de Miguel Ángel para representar tanto al pensar como a la poesía. El pensamiento, entendido aquí, como acción creadora siempre activa. 
Hay otra obra anterior en la cual una figura sentada se apoya en un brazo, con la mirada extraviada, y en la cual la actitud del pensamiento es central: Melancolía I de Alberto Durero, grabado del año 1514. Sobra detenerse aquí a tratar sobre las atribuciones que el estado melancólico han guardado respecto a la fecundidad del pensamiento, cómo se ha concebido como un estado de ánimo propicio para la concepción de grandes ideas y la visión del porvenir. Valga mencionar esta Estampa Maestra de Durero para hacer notar que la figura de un individuo pensando es, primero, un tema añejo y, segundo, un tema de profundidad. 



Haciendo un ejercicio propio de genealogía artística en su semblanza de trayectoria, Maru Santos concluye, del trabajo y meditación que le trajo hasta la elaboración de estos Pensadores, una alerta sobre la enajenación: el peligro que representa tratar de vivir a través del pensamiento de otros. Si no somos nosotros la fuente de aquellas ideas que rigen nuestra vida y nuestras decisiones (y en cambio sí lo son la los medios de comunicación, del entretenimiento, la autoridad, los moralistas, nuestro familiar o el vecino), entreguemos nuestro cuerpo de una vez, que es el receptáculo de nuestro pensar, para que alguien más decida cuál será nuestro destino, nuestro fin. 
Pero no caigamos en este exceso. Reclamemos siempre como propia la capacidad de pensar. Hagamos blanda la superficie de todo lo rígido, así como estos Pensadores atraviesan la dureza del suelo y emergen para realizar esa actividad que representa el único sitio que es enteramente nuestro, ese lugar siempre privado a partir de lo cual nos relacionamos públicamente. La poderosa, inabarcable, inagotable mente. 
Los Pensadores sumergidos en la eternidad pueden entenderse, finalmente, como un paradójico llamado a la libertad desde su aprisionamiento a ras de suelo, a la manera en que lo hacía Virginia Woolf: “No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.” 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio. 
Diario Cambio de Michoacán. 
14 de abril 2013

domingo, 7 de abril de 2013

Abismo y superficie. Identidades de Santiago Bucio.

Autorretrato con moscas (2010), fragmento final de Construcción-Deconstrucción del Yo (2013) y Entre tú y yo (obra en proceso).

Una muestra breve y compacta con obras de Santiago Bucio se presentó en la sala “Efraín Vargas” de la Casa de Cultura de Morelia, del 11 de marzo al 1° de abril pasados. Los diferentes puentes y asuntos calendáricos de pasadas semanas dificultaron publicar esta revisión en un tiempo más adecuado; sin embargo es relevante ponerlo a debate, por un lado, porque fue una exposición atípica de acuerdo a lo que Bucio ha mostrado con el paso de los años, gracias a lo cual se le atribuye una personalidad mayoritariamente apegada a la pintura. Y por otro, porque representa un caso ejemplar sobre cómo un pintor transita con soltura y familiaridad la diversificación de soportes y estrategias de producción de corte conceptual, actitud que es menos frecuente ver a la inversa: que un conceptualista se ponga a pintar y se sienta cómodo con ello. 
Con todo, las divisiones entre tradición/innovación, moderno/contemporáneo pueden diluirse puesto que se fundan en diferencias enunciables pero francamente asimilables entre sí; lo maniqueo de las dicotomías proviene más de una actitud humana poco flexible que en lo estático al interior de un concepto. Así puede reconocerse, como han dicho tantos otros, que la pintura siempre ha sido un arte conceptual y que el arte contemporáneo hoy día se yergue como toda una tradición a la cual se suman artistas nóveles, siguiendo los pasos de autores ya consolidados en una escena local o global, según sea el caso. 
Las investigaciones de Santiago Bucio tienen una larga filiación con la noción de identidad, la construcción del yo, la diversidad en la auto-representación, y la relación disruptiva que existe entre presente y pasado en la conformación de una persona. La pregunta por el sí-mismo es añeja y se han dado en su transcurso abundantes respuestas en forma de encumbradas obras de arte, profundos tratados y ambiciosos estudios; que igualmente pueden versar sobre interrogantes individuales así como de inquietudes sobre lo grupal o lo identitario en las naciones como bloques de cultura. 
 Se antoja decir que la inquietud a este respecto es intemporal: jamás la pregunta sobre las identidades será obsoleta puesto que siempre todas y todos estaremos investigando algo sobre nosotros mismos; las respuestas nunca son definitivas, las ganas por saber más parecen insaciables, la esencia propia es inaprehensible, tanto como querer abrazar un enjambre. 
La pintura de Bucio es protagonista en la exposición y presenta su rostro más reconocible. Autorretrato con moscas (2010) le muestra dibujado con rostro sereno y cubierto de mantos. Un fragmento del Canto a mí mismo de Walt Whitman delinea su figura: “¿Soy yo un asombro? ¿Es un asombro la luz del día? ¿Es un asombro la primera estrella roja que tiembla entre las ramas? ¿Asombro yo más que ellas? Voy a decirte algo en secreto. Es la hora de las grandes confidencias, de decir grandes cosas al oído. No se las diría a cualquiera, pero a ti sí te las digo. Escucha:” Un puñado de moscas sobrevuela su cabeza y en un extremo del cuadro una lagartija adherida a la superficie genera un contrapunto. 
La obra es de dos años atrás, y sin embargo se relaciona estrechamente con una experiencia reciente durante una residencia de trabajo en España. Aquel país es actualmente presa de un sentimiento de xenofobia muy marcado, en buena medida relacionado -que no justificado- con la gran cantidad de inmigraciones de la que es objeto por todos sus flancos: Latinoamérica, medio oriente y Europa central. Allá a toda persona con ojos levemente rasgados se le apoda “fili” por Filipino y a la gente con piel morena se le grita “mosca” por la calle, entre otros nombres. Atravesar por experiencias así proviniendo de México (donde la piel morena y los ojos rasgados son rasgos locales) genera, naturalmente, sentimientos encontrados y desconciertos inquietantes. En el cuadro, el fondo que marca un sitio indeterminado, el cuerpo cubierto por mantos oscuros, la invitación a una confidencia al oído en el poema de Whitman, la mirada inquisitiva del retrato y la circunstancia recientemente narrada construyen un marco de afectividad contenida y a punto de expresarse muy intensa. 
Los otros autorretratos, al menos en la dimensión del montaje, se relacionaron con obras contiguas: ¿El que se oculta o el que se muestra? (2009) figura el rostro de Santiago envuelto en una negrura hecha por la superficie del encausto vuelto sombra. A su lado, el Autorretrato en negro (2012) se forma de una generosa cantidad de cabello del autor encapsulado en el marco del cuadro. Es una forma de auto-representación a partir de un aspecto corporal de la identidad: el cabello, con todas sus atribuciones sociales y vitales, nos da forma y modifica nuestro aspecto. Además de otros aspecto más profundos relacionados con el cabello, el montaje dentro del marco produce, además, un efecto de espejo para el visitante de la exposición por lo oscuro del contenido, como si fuera un espejo de obsidiana. 
Al otro extremo, Y si el tiempo volviera (2008) forma un cuerpo a partir de retazos de papel fotográfico y siluetas masculinas. En otra ocasión hemos referido esta obra a manera de la conformación del pasado a partir de las personas con quienes nos hemos compartido. Esta apreciación puede cambiar, sin embargo, su relación formal con la obra contigua y más reciente se establece a partir de la suma de fragmentos: Autorretrato en blanco (2011-2013) muestra un conjunto de toallitas húmedas para la limpieza facial manchadas de sudor del autor, quien tras usarlas cotidianamente, las conservó. Una especie de sudario fragmentario que muestra las huellas del rostro a partir del color amarillo que produce el sudor sobre los papelillos en la superficie. En esta y en la obra referida más arriba, los detritus o restos del cuerpo representan al individuo a manera de huellas. 
En la muestra también se exhiben las formas objetivas de representación de un individuo dentro de una sociedad. La frase “somos un número” es un lugar común: más adecuado sería decir que nuestra representación social en un sistema está relacionada con un número funcional para la identificación. Así, Santiago imprime sobre papel algodón ampliaciones de los registros públicos que le son asignados en su credencial de elector, en la Universidad Michoacana (como estudiante y profesor), en el seguro social, en el registro de hacienda, entre otros. 
Esa serie, titulada Yo comprimido (2013), se vincula directamente con otro tipo de representación gráfica de la identidad a partir del currículum profesional impreso en 16 hojas, adherido a la pared. La narrativa de una carrera vital en el ejercicio de la profesión también es considerada como una conformación de la identidad: somos lo que hacemos. El procedimiento consistió en ir saturando las hojas al ir encimando los registros del currículum uno sobre otro, hasta que sobre una única hoja se imprimieron las 16 hojas del CV. La pirámide invertida que sobre la pared se trazó con esta reducción hasta lo ilegible presenta una metáfora sugerente sobre la conformación de un sujeto de acuerdo a las actividades que reporta como sus ocupaciones. 
Finalmente, una obra en proceso promovió la participación de la gente, conocida o extraña, en la exposición Who I am de Bucio. La urna transparente colocada al pie de una ventana de la sala contenía fotografías tamaño infantil y pasaporte que los visitantes aportaban voluntariamente o que han sido recolectadas por el autor con el paso del tiempo. Éstas fueron adheridas a una mampara para conformar un contingente a partir de imágenes de identificación. Entre tú y yo planteaba “la invisibilidad y anonimato que nos envuelve, al mismo tiempo que somos reconocidos sólo por aquel que nos conoce”, al tiempo que a la vista se aprecia cómo se diluye una individualidad cuando pertenece a un conjunto en el cual ya no es tan fácilmente identificable. 
La obra de Bucio va encontrando nuevos derroteros con los cuales explora la compleja construcción de la individualidad y la socialización de la identidad, la profundidad abisal del yo y la superficialidad relativa de la mirada del otro para definirnos. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
7 de abril 2013

La Carta

Grabados del libro "La Carta" y aspecto de La Paloma Espacio Cultural

Recientemente el Museo de Filatelia de Oaxaca A.C. publicó un libro muy particular titulado La Carta. Compuesto por 21 grabados al linóleo realizados por cuatro jóvenes tacambarenses guiados por Artemio Rodríguez, artista y promotor cultural intenso. Jesús y Juan Arriaga Silva, César Rodríguez Avilés y Gildardo Arreola Rodríguez se dieron a la tarea de dar imagen a un relato compuesto por Artemio en torno a la práctica siempre relevante de escribir cartas y enviarlas hacia su destino. 
La travesía que la narrativa expone es sencilla y, sin embargo, cargada de significados prácticos y emotivos. Una mujer en Oaxaca, María, piensa en su hijo. Él a lo lejos, escribe una carta añorando su tierra y su gente: la banda de música, nadar en el río, los días de toros. Cuenta sobre sus amigos estando en Alaska en medio del mar, envía calurosos deseos y cierra el sobre con su carta. 
Inicia así el gran viaje de un paquete ligero desde el norte de América hasta una pequeña población en Oaxaca: Yosonotú. Desde el barco en que vive y trabaja Juan, el remitente, la carta viaja en helicóptero que hace su entrega al camión de la tundra y que recoge más cartas en su camino. Llega a Juneau, capital de Alaska, por avioneta; y de ahí viaja a Washington D.C. en un avión para continuar hasta la ciudad de México en un avión más grande todavía. En autobús la carta viaja con más pasajeros hasta Oaxaca, y una camioneta de servicio foráneo conduce el envío hasta Yosonotú. Un señor lleva el correo en su terca mula para en el campo ser transportada por un cartero a pie, perseguido por perros, vitoreado con un tradicional “córrale” que emite un muchacho desde una ventana. Finalmente la carta es entregada a la “sorprendida María, quien llora de alegría… y pronto responde con otra bonita carta que hace el mismo viaje, pero de regreso. Fin.” 
El pequeño libro tiene el tamaño de una tarjeta postal y adorna sus páginas con bicolores marcos rayados de los sobres tradicionales para el correo. Fue presentado el pasado 23 de febrero en el Espacio Cultural La Paloma, en el corazón de Tacámbaro, Michoacán. Y más recientemente los jóvenes autores pudieron viajar a Oaxaca el 8 de marzo para presentar la publicación en el Museo de Filatelia. 
La importancia de un ejercicio como este tiene varias aristas. Primero, la producción de un conjunto de obras gráficas como proceso formativo. Artemio Rodríguez abrió su taller en San Miguel Tamácuaro a cuatro jóvenes interesados, por iniciativa propia, en aprender arte. La práctica de un oficio involucra a la persona en el conocimiento de la disciplina y las habilidades necesarias para comunicar intereses, imaginaciones, ideas mediante imágenes. Poco a poco, la práctica va necesitando de teoría e historia, habilidades manuales y visuales. 
A través de Juan Pascoe y el taller gráfico Martín Pescador, se posibilitó la participación de los cuatro muchachos para realizar una edición comisionada por el Museo de Filatelia sobre la importancia del correo postal como forma de intercambio entre personas. La filatelia (la impresión y dotación de valor de timbres postales) es una práctica cultural que promueve valores históricos, artísticos y sociales mediante sus imágenes impresas sobre las pegatinas que adornan y acompañan los sobres. Promover la práctica de la escritura de cartas, caída en casi total desuso por la población general por un crecimiento exponencial de la correspondencia a través del internet, se mueve a la par del fomento de las artes gráficas en un ambiente artístico donde el arte contemporáneo se piensa más en términos de prácticas procesuales que en la producción de imágenes mediante oficios. 
Eduardo Barajas Mendoza, director del Museo de Filatelia de Oaxaca, menciona en la introducción del libro que los jóvenes Juan, Jesús, César y Gildardo “nos están haciendo una invitación a través de La Carta: escribir. Escribirle a la gente que queremos, como antes, con papel y lápiz, dentro de un sobre, y con un timbre postal que le permita a nuestras palabras viajar, viajar lejos […] Aceptemos esta invitación y frenemos el avasallador paso de la tecnología , ese que nos empuja a olvidar una de las formas más cálidas de la comunicación: La Carta.” 
El libro puede adquirirse en el Espacio Cultural La Paloma (Ignacio Allende #82) en el centro de Tacámbaro, en el cual se realizan diversas actividades que representan un importante esfuerzo independiente en la gestión cultural y la promoción artística del pueblo. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio. 
Diario Cambio de Michoacán. 
24 de marzo 2013