domingo, 29 de julio de 2012

En pos de una mujer.


En el mundo hay cosas simples que nos roban el aliento. El impacto es tan incomprensible, y a la vez tan infranqueable, que las preguntas no se dejan esperar y el misterio se engrandece cuantas menos respuestas podemos producir. Hay ocasiones en que el misterio produce cultura. Las preguntas se vuelven inquietantes motivos de investigación, y ésta conocimiento. Los misterios se parecen a las utopías, como diría Eduardo Galeano: ¿para qué sirven? Para caminar. 
En este sentido llama la atención la información emitida en días pasados desde Florencia, Italia, en la que se hace referencia a las circunstancias más recientes en torno a una de las pinturas más “famosas” y reproducidas en la historia del arte y el comercio que con éste se realiza: la Mona Lisa, conocida oficialmente como La Gioconda, de Leonardo Da Vinci. Pocas pinturas han sido objeto de tanta especulación en torno a su origen, su tema, su modo de producción, las razones de su encanto, el grado de realidad o ficción que representa. El canon estético que encarna, el ideal renacentista en pleno inicio de secularización de la cultura occidental. La perfección natural humana, la sencillez de un retrato, el misterio de una sonrisa. 
¿Qué se está investigando actualmente de esta pintura fechada entre 1503 y 1506? En términos generales, la confirmación de identidad de la mujer en el retrato. El hecho de que se llame Gioconda al cuadro proviene de la tesis (es decir, una idea sometida a prueba para demostrar su validez de acuerdo a cuánto permite esclarecer ciertas preguntas de investigación) de que la mujer retratada era la esposa del acaudalado comerciante de seda Francesco Bartolomeo del Giocondo. Es decir, el “nombre oficial” del cuadro tiene que ver con el hecho de usar para ella su apellido de casada. Su nombre (pretendidamente) verdadero fue, según la tesis más aceptada, Lisa Gherardini; del cual se comprende que se le conozca como Mona Lisa. En ciertas traducciones del italiano (del siglo XVI) al castellano, Gioconda tendría una traducción cuyo significado es “alegre”, lo cual alude a la templada y moderada sonrisa de la mujer en la pintura. 
De acuerdo a la información de la nota periodística, un equipo de arqueólogos italianos busca el esqueleto de Lisa Gherardini para someterlo a pruebas de ADN y de imaginería con alta tecnología para confirmar que la identidad de la retratada no solamente es correcta, sino que también es real. ¿Da Vinci realizó un retrato realista de una mujer hermosa o una imagen de perfección humana so pretexto de pintar un rostro conocido? ¿Era Lisa tal como la vemos en la pintura? 
La agencia AFP declara que el grupo de arqueólogos exhumó un esqueleto en un camposanto abandonado de Florencia. Se pretende que sean los restos de Lisa Gherardini, los cuales se habían rastreado de acuerdo a documentación antigua sobre ella, pero no se habían encontrado en el sitio de búsqueda anterior, pues éstos se habían trasladado a un lugar diferente al entierro original. Ahora que encontraron los restos “se encuentran emocionados.” 
Las tesis de investigadores coinciden en que Don Francesco encargó el retrato a Da Vinci (aunque no se conocen documentos que prueben dicha comisión), para el cual Lisa sirvió como principal modelo. Se sabe que Gherardini vivió en un convento tras la muerte de su marido, y sus dos hijas conversas en monjas la cuidaron hasta su fallecimiento, enterrándola dentro del mismo convento. 
Con el esqueleto exhumado se harán pruebas de Carbono-14 para determinar si los restos datan de mediados del siglo XVI. También se determinará la edad en que esta persona murió y determinar si coincide con la edad de fallecimiento de Gherardini (62 años). Se harán pruebas de ADN, cuyos resultados se compararán con los de los cuerpos de las hijas de Lisa, pues éstos se tienen identificados. Si los datos coinciden, se sabrá que al fin se habrá encontrado a su madre. 
Una vez confirmado lo anterior, se hará un escaneo del cráneo y se procederá a la reconstrucción del rostro de acuerdo a sus proporciones. ¿Cómo se hace esto? Mediante datos antropométricos. Ya se ha hecho con el cráneo de Dante Alighieri para comparar lo que podría ser su verdadero rostro confrontado con los retratos que de él se conocen. Así, Silvano Vicenti, jefe de arqueólogos investigadores, afirma que “seremos capaces de dejar atrás las hipótesis y comparar realmente la cara reconstruida de la musa que inspiró al artista y la cara de la pintura en el (museo de) Louvre.” La nota periodística no escatima en informar sobre el hecho de que “la identidad de la Mona Lisa y de su cautivadora sonrisa son uno de los grandes misterios de la historia del arte y los arqueólogos del equipo italiano aseguran que es emocionante estar tan cerca de desvelarlo.” 
¿Cuánto vale una sonrisa? ¿Cuánto esfuerzo? ¿Cuántas preguntas? ¿Cuántas respuestas? ¿Qué dice una sonrisa? El caso de La Gioconda es especial en la cultura visual global puesto que es no solamente un ícono de época sino una referencia cultural de gran envergadura. Cuenta con una historia particular, en la cual se sabe cuántas veces ha sido robada del museo y por quién. Y cuántas veces ha sido recuperado el cuadro que, contrario a lo que piensa mucha gente, no es un lienzo sino una pintura sobre tabla. Se han hecho varias películas en torno a la pintura (o con su nombre al menos), como “Hudson Hawk” con Bruce Willis o “La sonrisa de la Mona Lisa” con Julia Roberts. 
 Suvenires, calendarios, reproducciones, decoración de hogar, libretas, anuncios… la cultura industrial se vale de obras de arte como ésta para “enriquecer” los objetos cotidianos y satisfacer necesidades estéticas de las personas (o las empresas). Incluso otros artistas, como Marcel Duchamp, se sirvieron de ella para marcar una distancia artística y crítica. Pintándole bigotes y barba, Duchamp acompañó la imagen de La Gioconda con unas letras en el pie de imagen: L.H.O.O.Q, que no son siglas de una frase más larga. Pronunciando las letras en francés una por una, se forma el mensaje “elle a chaud au cul”, que en castellano se traduce literalmente como “ella tiene el culo caliente.” 
Tanto gira en torno a la imagen de una mujer que sonríe con moderación. ¿Qué hay de magnético en ello? Tal vez como dice Pablo Fernández Christlieb, “la sonrisa es la señal de que algo nuevo ha aparecido […] es una boca que alza el vuelo, una cara que viene de la oscuridad […] es el rostro justo que cae entre el gesto del peligro y el gesto del descuido, entre el ansia y el abandono: es la cara el alivio, cuando la vida pierde su pesadez y se hace ligera […] La sonrisa aparece en el instante intermedio entre que se acaba-de-terminar el riesgo y empieza-a-comenzar la celebración.” 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán. 
29 de julio 2012

Memoria histórica. La falta y el conflicto.


En medio del pasmo, la indignación y el encono de buena parte de la sociedad, circulan actualmente las posibles explicaciones acerca del por qué un pueblo vapuleado por su pasado actualiza un régimen político que a todas luces muestra su hambre de poder. 
El más reciente intento de (forzada) restauración del Partido Revolucionario Institucional a la cabeza del gobierno federal se aduce a diversas realidades, muy distantes entre sí aunque sórdidas todas. Fraude es un término posicionado cada vez más en la percepción pública. Voto de castigo para la derecha fue un aspecto de la elección. Voto prejuicioso para la izquierda fue otro. Se pueden ensayar y demostrar dimensiones complementarias de toda la situación, para así proponer una conclusión “holística”. Pero con todo, un componente fundamental flota por el aire, aduciéndose a la cultura mexicana como elemento explicativo: la falta de memoria histórica. ¿Será? 
 La memoria es esa entelequia humana, parte intelectual y parte afectiva, que permite la continuidad de la identidad, la introspección, la recuperación de hitos individuales ya vividos, impresiones de los sentidos. El recuerdo es un puente entre tiempos pues forma parte del presente, conteniendo a su vez parte del pasado. Reflexionar el “ahora” a propósito del “antes” permite valorar lo sucedido para encontrar nuevas decisiones, posicionamientos respecto a qué debe seguir a la actualidad. 
¿Que “el mexicano”, esa construcción cultural, histórico-identitaria, no tiene memoria? Difícil de creer, complicadísimo para demostrar. Se dirá: “¿qué muestra más se necesita ante la imposición mediática del candidato tricolor y la compra masiva de votos, cosa que por demás implica que millones de personas doblegaron su voluntad política a favor de ganarse unos pesos?” Ello no es suficiente para sostener la supuesta “falta de memoria histórica”; más bien refuerza la noción de “necesidad económica” y de “ambición monetaria”. Otro planteamiento ha de ser propuesto como alternativa: el conflicto que representa la memoria histórica en la mexicanidad
Pongamos por ejemplo dos hitos de la segunda mitad del siglo XX en México para comprobar esta afirmación y para notar el disímil comportamiento de la memoria ante diferentes pero semejantes circunstancias. La primera: la masacre del movimiento estudiantil de 1968 en Tlatelolco por parte de las fuerzas armadas bajo el mando del gobierno. Tragedia, genocidio, autoritarismo, violencia; son palabras con que se recuerda aquella fatídica ocasión que no se olvida cada 2 de octubre. 
Por supuesto, se sabe que hubo culpables materiales e intelectuales; la sociedad aún consciente de las circunstancias de aquella matanza no suelta aquél recuerdo, para que no vuelva a pasar, para recriminar civilmente al gobierno sus excesos en el abuso del poder, para dimensionar (no si dureza) el valor de la libertad, la vida, la libre expresión y la justicia. Tlatelolco 1968 es un hito doloroso en la historia mexicana, pero sólo es uno de los muchos episodios de represión estudiantil que sucedieron en los estados de la República durante el siglo XX, menos famosos, terribles también. 
Mucha gente murió en octubre del 68 y ello provoca dolor y amargura mezclada con rabia e indignación. Cosa que sucede también, pero con un cariz totalmente diferente, respecto a las consecuencias del sismo de 1985 en la ciudad de México. Se perdieron cuantiosos bienes; cayeron casas y edificios. Se desmoronaron escuelas y universidades. Gente vio su suerte a punto de suceder o sencillamente no vio más, pereciendo bajo los escombros. Muchos perdieron casi todo, o algo o alguien. 
Ante la tragedia natural, se sobrepusieron los ánimos y la sociedad reaccionó: se organizaban brigadas de rescate tanto de cuerpos profesionales como personas de la sociedad civil. Se organizó la reconstrucción de lo perdido. Desde aquél terremoto implacable con la ciudad, los métodos de construcción se modificaron y mejoraron, optando por modelos preventivos y estándares de seguridad de acuerdo a las propiedades sísmicas de los distintos terrenos sobre los que se posa la capital del país. 
¿Y esto a qué viene? Bien. Pues mucha más gente murió a causa del sismo que en la matanza de Tlatelolco. Naturalmente la diferencia es notable a primera vista: la primera fue una tragedia natural que no era posible prever, la segunda fue producto de la violencia ejercida por parte de un gobierno autoritario y el choque de ideologías durante la época de la guerra fría. En la represión estudiantil, aunque menos cuantiosa, se dio muerte por causa de voluntades mortírferas: hubo responsables. En la segunda no los hubo a pesar de que murieron miles en lugar de cientos. 
¿No? ¿En verdad no? Una buena memoria se construye, en buena parte, reflexionando. ¿No hubo responsables por la muerte de miles en el 85? ¿No se sabía desde hace décadas que la ciudad de México debía estar en cualquier otro lugar menos donde está por el peligro que el territorio representa? La caída de las construcciones durante el sismo fue resultado de un terremoto de dureza extrema, pero también reforzado por décadas de corrupción e irresponsabilidad empresarial y gubernamental. El negocio de la construcción durante el siglo XX tuvo dimensiones incalculables, y el contubernio entre constructores y autoridades que violaban toda norma de seguridad y prevención inoculó lo que en 1985 resultaría en una masacre silenciosamente gestada. 
¿Por qué la memoria histórica mexicana reclama el 68 y no el 85? Es complicado, sí; la memoria es complicada, volátil, selectiva, febril, falible, caprichosa, infiel. 
Y así volvemos a la actualidad. Además de las cuestiones relacionadas con la confección de un fraude electoral y la compra del voto ¿cómo se puede explicar que millones de personas sí hayan votado por el candidato tricolor? ¿Falta de memoria histórica a favor de la conveniencia? 
No olvidemos que la clase política mexicana actualmente goza (o padece) de un descrédito inconmensurable en la percepción pública. Los políticos siempre prometen y se comprometen, para después hacer lo que quieren (o lo que pueden o a lo que los obligan) una vez que son electos. Larga es la fila de las y los políticos que con planes razonables y argumentos incumplen sus propósitos iniciales, defraudando continuadamente la confianza que ciudadanos periódicamente les depositan. 
Si antes los políticos aparentemente inteligentes, feos y con argumentos eran convincentes pero “fallaron” ¿no habrán optado millonadas de personas por darle la oportunidad ahora a un guapo, algo lerdo y manipulado, rodeado de dinero y además protagonista de la tele? Ello no es “falta de memoria histórica”. Es justamente el ejercicio de la memoria conflictiva de ánimos políticos largamente defraudados, que cayeron en la fatídica trampa, atractiva y manipuladora, de mensajes televisivos y modelos de belleza. Esta realidad es escalofriante. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio. 
Diario Cambio de Michoacán
22 de julio 2012.

domingo, 1 de julio de 2012

Gráfica Universitaria


En pasadas semanas he podido compartir algunas experiencias, de trabajo, logros y despedidas, con estudiantes de la Escuela Popular de Bellas Artes (EPBA) de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo que me parecen interesantes de extender para conocimiento de un público más amplio que el universitario. 
La primera que referiré será la exposición individual que uno de ellos montó en el garaje de su casa, la cual está próxima a dejar pues continuará sus estudios en Artes Visuales en la ciudad de Ensenada; ciudad que le acogerá principalmente por razones familiares. Hace algunos años, Paulo Jacobo Alonso abandonó su vida de afortunado éxito profesional en la ingeniería en sistemas, dentro de una gran empresa cervecera, por la inquietud de estudiar artes. Desde entonces la fotografía, la gráfica y el dibujo han sido sus principales campos de desempeño. 
La enajenación de la forma fue una exposición breve (una noche) en la que, en medio de un convite de cerveza, música y botana, exhibió trece dibujos hechos con humo sobre cartón satinado color blanco. Colgados de un cordón sujeto al muro, utilizando pinzas para documentos, los pliegos exhibían algo más que figuras caprichosas formadas por el hollín de una antorcha, confeccionada por un trozo de pantalón mojado en combustible. Una vez manchado el papel de negro, lo depositaba en el suelo y desnudo, adhería su cuerpo a la superficie del papel, manchándose a sí mismo y retirando el hollín al levantarse. 
Así, las obras expuestas son un conjunto de rostros múltiples, brazos y pezones marcados, piernas y sexos impresos de un cuerpo desnudo e indexado en la superficie monocroma. El rastro del cuerpo queda a la vista dejando su ausencia, pero desdoblando la normalidad de la representación física de la persona; permitiendo a Jacobo reconocerse en las estampaciones que produjo experimentando diversos procesos y materiales hasta encontrar (y encontrarse) un método propio de producción y manifestación. 
Recuerdo de él un consejo que ha marcado mis días desde que lo pronunció: “necesitas ser el otro Juan Carlos… el no Juan Carlos.” Esta identificación del sí mismo como otro, en un no-ser-como-siempre, es una recomendación que Paulo emite por su propia búsqueda de las posibilidades de su vida. Ha migrado en sus formas de ser, y se encuentra por realizar una mudanza más en el tránsito de su existencia. Desdoblar la propia forma es una sugerente manera de prepararse para los cambios porvenir. 
Una de estas obras se encuentra actualmente expuesta en la galería “David A. Siqueiros” de la Escuela Popular de Bellas Artes en el Centro Histórico de Morelia (calle Guillermo Prieto #87). 
Otra experiencia que relataré es el trabajo de Eve Mora, a.k.a. Candy Man, el cual tuve oportunidad de reseñar para el proyecto Pórtense Serios que impulsan varios alumnos actuales de la EPBA. El objetivo que se proponen en dicho proyecto consiste en impulsar y difundir el trabajo que realizan alumnos de la escuela, más allá de los trabajos académicos correspondientes a las asignaturas teóricas y prácticas. En un sitio de internet publican una presentación diapositiva de imágenes de obra, una entrevista y el texto de una tercera persona que haga lectura al trabajo de cada entrevistado. 
Candy Man es una joven estudiante y empresaria de su marca Sugar Sugar que, al menos en el terreno de la gráfica, cuenta con el mérito reciente de haber sido seleccionada en la III Bienal Nacional de Artes Gráficas “Shinzaburo Takeda” que se realiza en Oaxaca, con sede en el Museo de los Pintores Oaxaqueños (MUPO). El universo simbólico que paulatinamente va construyendo Mora parece sufrir los efectos contemporáneos de la resaca psicodélica de los setentas, el frenesí cromático y estrambótico de los ochentas, y el delirio ultra-tecnológico y exageradamente espontáneo de los noventas.
La supremacía del azúcar en su propuesta se relaciona, como ella misma refiere, a nociones de alegría e infancia, al dulce como un elemento que ilusiona y fascina. A los dulces les es concomitante aspectos de color, sabor, textura, las cuales Candy Man aplica para los objetos modelados que produce con plastilina epóxica pintada a mano, no sin integrar un elemento lúdico aunque desconcertante en sus figuras. Sus dijes son gusanos alegres, muelas con ojos blancos y baba escurriente, criaturas de cuatro ojos, ardillas espaciales de tres patas. Produce Matrioskas zombies y gráfica de personajes irreales. Sus niñas son sujetos espaciales de cananas sobre el pecho, conectadas a mangueras que no se sabe si succionan o inyectan sustancias; también pequeñas botargas violeta que ofrecen globos oculares como diversión. La hiperglucemia también puede funcionar como un barbitúrico delirante que permite a la imaginación transitar por terrenos no conocidos. 
La fantasía no es un simple medio de escape sino también un anclaje en el mundo, mediante el cual se manifiestan las dimensiones humanas de una personalidad en conflicto generacional envueltas en un conflicto social. Para un mundo lleno de amargura, nunca es demasiada azúcar. 
Para visitar el sitio de Pórtense Serios, acceder a la página portenseserios.wordpress.com
Finalmente, la elaboración experimental en la gráfica de gran formato lleva a los estudiantes a explorar no sólo la conformación de imágenes planimétricas, como normalmente se supone que son la mayoría de las artes visuales. En una de las asignaturas, la Dra. Ioulia Akhmadeeva propuso a sus alumnos desarrollar un proyecto gráfico-escultórico que al final no se exhibiera en los muros de una sala, sino ocupando un espacio: el objetivo de la gráfica no fue la producción de imágenes sino una instalación. 
Mediante la talla de 3 a 4 tablas de madera de 120x80 cm por alumno, se conformarían personajes mediante cubos armados con un armazón de papel ilustración, sobre el cual se colocarían las superficies impresas en papel liberón. El resultado propuesto es la conformación de una familia de 7 miembros en cuyas superficies también puedan leerse refranes populares y frases célebres de personajes identificables. Una familia es el conjunto de saberes ya adquiridos y por adquirir en sus miembros, una transferencia constante de información y actitudes que establece una dinámica grupal que oscila entre el equilibrio y el desorden. Por ahora el proyecto se encuentra en el armado de las piezas finales, y ello se montará próximamente en el Centro Cultural Universitario en una fecha por confirmar. 
El estudio de las artes requiere no sólo de un aprendizaje teórico, pues el arte no es una cosa puramente mental. También involucra mucho trabajo, práctica, disciplina y experimentación, pero sobre todo de conclusión y realización. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
1 de julio 2012