domingo, 25 de septiembre de 2011

PhytoFractal. Geometría y abstracción de la biodiversidad.

Parota (2010) Las Brisas, Mich.; Encino (2010) Laguna Larga, Mich.; Ciruelo (2010) y Huamuchil (2010) de Pómaro, Mich.

La relectura crítica de la historia, el pensamiento y las artes requiere identificar las paradojas que devienen en su transcurso. Una de éstas tuvo lugar en el cambio de siglo a finales del XVIII, tiempo en el que fue forjado el Positivismo, la mentalidad filosófica e instrumental que dio pie a la mayoría de los paradigmas que han regido las ciencias naturales desde su configuración moderna. Una de sus prerrogativas sostenía que la máxima forma del conocimiento era el conocimiento científico. Naturalmente, dicha idea tuvo sus críticos, pues en su camino por lograr la objetividad suprema y la validez absoluta, los métodos científicos descuidaron muchos aspectos de la realidad que trataban de describir e interpretar.
Émile Boutroux (1854-1929) sostuvo, por ejemplo, que el lenguaje científico es siempre abstracto y que, por lo tanto, no se adapta exactamente a la realidad variada y rica del mundo. Las ciencias son un lenguaje “cómodo” para entender las leyes generales de la naturaleza, pero no explican el mundo en su infinito detalle de creación y de riqueza. En su opinión, al lado y por encima de la ciencia se encuentra la vida espiritual donde se encuentra la verdadera vida creadora del género humano. Colega y coetáneo suyo, el filósofo Félix Ravaisson marcó una distinción muy clara entre el principio de causalidad, ley básica de las ciencias, y el principio de finalidad, ley básica del espíritu. De manera que insiste en la importancia creadora de la conciencia, la cual no puede interpretarse según las leyes causales de la ciencia natural, sino como una finalidad interna en la cual todo es riqueza creadora.
En tiempos actuales, en los que el estudio de la naturaleza involucra a su vez la necesaria tarea de su conservación, dada la depredación que la actividad humana ejerce sobre el ambiente, los lenguajes científicos son insuficientes por sí mismos. De manera que las artes, con sus inagotables medios contemporáneos, aportan al conocimiento y conservación del ambiente y sus organismos al tomarlos como tema y motivo del trabajo creativo para su presentación ante un vasto público.
La serie fotográfica Phyto Fractal. Reflexiones sobre el paisaje interior, de Iván Holguín Sarabia, se exhibe en la sala de Patrimonio en la Casa de la Cultura de Morelia desde el pasado 14 de septiembre; presenta ante nuestros ojos lo que desde las ciencias ya se conoce desde hace lustros: variedades vegetales de organismos vivos que en México encuentran su ambiente natural, fuera del cual no pueden vivir con las mismas características, y que sufren una peligrosa merma en su existencia poblacional. Echando mano de ese recurso que ha ido de la mano de la creación artística a través de la historia cultural, que es el viaje, Holguín se traslada a los espacios donde la Parota, la Higuera blanca, la Clavelina y tantas variedades más, encuentran las condiciones ideales para desarrollarse, proliferar y crecer; mostrando su faceta más imponente y maravillosa.
La composición de las imágenes trasciende la estrategia fotográfica que emula la visión humana: cada encuadre originario fue realizado a partir de una facultad de pensamiento lateral que permitió, en su composición digital mediante espejos horizontales y verticales, la creación de una red visual que al mismo tiempo devela y esconde el árbol visionado. Composiciones abstractas que son semejantes a sí mismas tanto en los cuerpos más voluminosos hasta los más pequeños, jugando con el concepto matemático del fractal de Mandelbrot que la cultura contemporánea ha sabido lleva a imágenes infinitas de semejanza y reproducción. Escenas autocontenidas de geometría y organicidad que develan un mundo vegetal infinitamente rico en variedades y combinaciones. Una experiencia visual del mundo natural que escapa a la consideración cientificista para invitar a su abordaje mediante la experiencia estética, que conjunta lo afectivo-intelectual.
Una propuesta como Phyto Fractal. Reflexiones sobre el paisaje interior contribuye a la afirmación de que una poderosa manera de promover el estudio y conservación de la variedad vegetal de nuestra tierra proviene de la apropiación humana mediante la creación fotográfica y la reflexión artística, la cual es productora de experiencias y conocimiento sobre el mundo.
Ciertamente esta última tampoco es una idea nueva. Pero el fundamento de su legítimo ejercicio consiste en que hay mucha gente que aún no tiene plena conciencia del grado crítico al que están llegando las relaciones naturaleza-humanidad. Hay quienes desconocen que el 2011 está declarado como el Año Internacional de los Bosques. Que Michoacán atraviesa una emergencia en este punto particular en la meseta p’hurépecha. Hectáreas enteras han sido sobre-explotadas por industriales de la madera y comunidades con tradiciones alfareras. El crimen organizado ya intervino esta situación, infiltrándose en las estructuras de gobierno y en la vida endémica de las comunidades indígenas. Los bosques talados ya han sido bañados con sangre; en Cherán hay niños enfermos de hepatitis por el efecto de haber sido sacados de sus escuelas a punta de pistola, durante los pasados conflictos que sostuvo esa comunidad contra talamontes clandestinos ligados a organizaciones delictivas que les protegen.
En un ambiente actualmente cercado por las efemérides nacionales, el clima de inseguridad, las elecciones del estado, parece una nimiedad proponer una investigación y observación estética de los bosques. Pero ese tema es central y tiene una dimensión nacional, la batalla por los recursos naturales disemina sus frentes por todo el territorio desde hace décadas. Phyto Fractal se expone brevemente en Morelia. El próximo mes se exhibirá en Durango durante el Festival Las Revueltas de Durango.

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
25 de septiembre 2011

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