lunes, 11 de abril de 2011

Decena de artistas bajo lectura

Portada de la publicación Artistas Mexicanos de Nuestro Tiempo, de Argelia Castillo; Roberto Sánchez Benítez, Salvador Manzano y la autora en la presentación del libro; Aqua II (2006) obra en placa de acero, Ivette Ceja.

La Crítica de Arte es una disciplina que se ejercita bajo la continua experiencia de la obra artística en forma directa. Finge y miente quien se presenta o se hace conocer como crítico de arte sin ser, por ejemplo, un usuario frecuente de museos y galerías; presentaciones artísticas en foros, auditorios o espacios públicos; incluso la visita ocasional a talleres de artistas se torna en momentos de observación y concentración sobre las obras; descubrimientos, sorpresas, experiencias de objetos y situaciones cargadas de sentidos. El intelecto, pero siempre la afectividad, se involucran en estas vivencias. Las obras se analizan, confrontan, sopesan; pero también se palpan, con manos, ojos u oídos; se sienten, provocan rechazo o apertura a la emotividad de quien las vive con sus sentidos y genera conocimiento de tal contacto.
La Crítica no para ahí. Si es verdadera, busca la forma de comunicar sus visiones a otros y otras. Éstas visiones se escriben, se publican, conversan o exponen entre personas en reuniones o foros públicos (academias, centros culturales o cualquier espacio disponible). Las destinatarias de esas ideas son aquellas personas que intervienen en los procesos del arte: artistas, el público y gestores culturales. Y una tarea más allá de esto consiste en participar con artistas en la tarea de llevar las obras a esos lugares donde puedan percibirse: los espacios de visibilidad.
En este caso se ubica la reciente publicación Artistas Mexicanos de Nuestro Tiempo (Morevallado Editores) de Argelia Castillo, socióloga de profesión, crítica de arte por vocación; radicada en Uruapan, Michoacán. El libro fue presentado recientemente en la ciudad de Morelia, pero desde el año pasado se ha llevado a ferias de libros como la Internacional de Guadalajara y en el Palacio de Minería en la ciudad de México. Esta primera edición está prácticamente agotada, por lo que una segunda está por venir, según comentó Argelia la noche de su presentación.
Las diez propuestas artísticas que se comentan en el libro cuentan con el trasfondo de haberse presentado en el marco de una serie de exposiciones organizadas durante el 2010 por Intercambio de Arte y Cultura Internacional A.C.; en museos y galerías de México y Estados Unidos. La Crítica de Arte, por parte de A. Castillo, interviene en ese proyecto con el objetivo de elaborar una lectura plástica e interpretativa del trabajo de diez artistas mexicanos dispersos en el país. Las obras ya estuvieron exhibiéndose en sitios públicos, ahora Castillo escribe acerca de éstas para dotarlas de palabra y contexto. En palabras de la autora, los ensayos “no pretenden sino ser una lectura que invite a adentrarse en las sugerentes poéticas de la plástica actual”.
En el ramo de la pintura se cuentan Laura Castanedo y Antonio Ehrenzweig (con trabajos abstractos), Carlos Cortés y Carlos Larracilla, (pintores hiperrealistas de lo macabro y las escenificaciones teatrales) y Rubén Chuela, aunque éste último en realidad construye sus obras a manera de ensamblajes: láminas de cobre martillado, pátinas de óxido, alambre y diversas aplicaciones de pintura; se trata de algo diferente a una propuesta meramente pictórica. En el caso de la escultura, se presenta a Ivette Ceja, Arturo Macías A. y Juancristóbal Echeverría que, semejante a Chuela, no se limita a los esquemas tradicionales del manejo escultórico: sus ensamblajes combinan el uso de vitrales y pedestales, muy cercanos a los magiscopios del michoacano Feliciano Béjar pero con un sentido cromático de colores primarios y secundarios. En el dibujo, de corte erótico por sus imágenes de genitales y cuerpos femeninos envueltos en lencería y elementos naturales como oleajes y lagartos, se postula a Roberto Roque. En la fotografía –digital, puesto que sus imágenes construyen escenarios imaginarios a partir del fotomontaje y alteración cromática informática- encontramos a Luis Fernando Ceballos; sus trabajos se encuentran en la línea divisoria entre la composición fotográfica y el diseño de gráfica digital.
La publicación tiene mérito al poner a la vista de quien lee, una recopilación de propuestas premiadas en certámenes regionales, nacionales e internacionales. Sin embargo, en los textos –que no son muy extensos y se encuentran traducidos al inglés- puede advertirse que las referencias utilizadas por la autora para contextualizar a las y los artistas comentados, según las tradiciones en que participan sus propuestas (pintura, escultura, dibujo y fotografía) provienen principalmente de artistas europeos y norteamericanos. Para el caso de Laura Castanedo, por ejemplo, se habla de que el trasfondo de su pintura abstracta de corte lírico y cromático proviene de Hans Arp, Joan Miró y Gehrard Hochme; que su poética es heredera del automatismo surrealista y de la abstracción sígnica de Hans Hartung, Georges Mathieu y Mario Prassinos. Algo semejante sucede con los demás artistas; sin embargo hay que hacer notar que estas son las referencias de la autora de los textos al momento de ejercer su crítica de arte, no tanto las referencias de los artistas.
Un conjunto de propuestas artísticas mexicanas, relacionándose así con referentes externos a la sociedad de su origen, por muy globalizado que esté nuestro mundo, se devela como una pretensión por legitimar a estos artistas mediante una genealogía que les conecta directamente con aquello que puede conocerse como “Arte Universal”.
Sin embargo, no hay que dejar sin mencionar que de alguna manera la pintura de Carlos Cortés y Carlos Larracilla se asemejan sorprendentemente a la trayectoria de estilos y maneras de hacer de Arturo Rivera, pintor también mexicano. Mayor que ambos en edad, instauró esta forma teatral y dramática de los escenarios macabros e inquietantes en que participan sus personajes, involucrándose a sí mismo mediante autorretratos en las composiciones. De forma semejante podría sostenerse el mismo argumento para las consideraciones de Castillo sobre el resto de los artistas, al tiempo que podría protestarse el uso a veces desmedido de los adjetivos para caracterizar las obras, cuyo tono se inclina principalmente hacia el elogio más que en la reflexión o confrontación con cada propuesta artística.

Publicado en el suplemento Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
10 de abril 2011

domingo, 3 de abril de 2011

ISHAM. Soñar un sueño.

Aspecto de la muestra Crea Soñando a Corazón Abierto; al centro, obra de Kaly Ferreira y Juan Torres; a la derecha, obra de Francisco Rodríguez Oñate.

Un sueño colectivo produce, o es producido por, una sincronía compartida por un conjunto de personas. Es especial porque reúne una parte de cada persona y les refleja a través de sus rasgos comunes, pero aportando desde la diferencia, la diversidad y la individualidad. Un sueño colectivo debe ser soñado por muchas mentes y emotividades, así adquiere efectividad y personalidad; difunde ese poder tectónico que tienen los afectos, interviniendo la vida de quien se encuentra cerca. Si este sueño es de paz, armonía y equilibrio, un conjunto de personas se prestan para construirle en un mundo donde la violencia se encuentra instalada. Todas las manifestaciones de la no-violencia, por tanto, se encuentran siempre por instalar, continuamente en situación de emergencia.
ISHAM Arte Consciente es una agrupación proveniente de comunidades meditacionistas como la de los Ishayas del Camino Brillante. Esta comunidad internacional, cuya ideología y formas de proceder comparten rasgos con el pensamiento y espiritualidad orientalistas, ofrece, de manera general, técnicas de meditación simples que permiten “ir más allá del caos de la mente, y adentrarte en una experiencia perfecta de paz, alegría simple y un potencial creativo ilimitado”, según puede leerse en sitios electrónicos sobre los Ishayas.
ISHAM es, particularmente, una iniciativa de Siddhartha Ishaya e Indrananda Ishaya (cuyo nombre adoptan al integrarse a esta comunidad), los cuales idearon la importancia de poner en práctica una actividad cultural que involucrara la difusión de este pensamiento pacificador del alma con el quehacer de artistas que prestaran sus estéticas particulares al servicio del mensaje de paz, armonía y autoconocimiento.
La muestra que hoy comento, de título Crea soñando a corazón abierto, se forma de dos partes; separa claramente el mensaje de ISHAM a través de 5 esculturas de fibra de vidrio, cuyo sentido es despertar en el público las reacciones orgánicas y afectivas que nos inciten a una expansión de conciencia, a una ascensión humana, una evolución –de esas que suceden en un instante, no de las que llevan generaciones y cientos de años para realizarse. Cada escultura, según puede leerse en los abundantes textos de pared, pretende despertar un sentimiento en particular. Con el corazón abierto “tiene el propósito de comunicarnos la opción de elegir por una vida en confianza, en libertad de expresión.” Camino brillante “fue creada para despertar el deseo de viajar hacia tu interior: lugar de infinita paz, creatividad, gozo y sabiduría.” Equilibrio “manifiesta la perfección de la vida, moviéndose siempre en equilibrio hacia una mayor expansión y evolución.” Hombre eterno, “nos recuerda la parte humana y la parte divina moviéndose en armonía siempre hacia una expansión de la consciencia […] evoca la inseparabilidad de lo interno y lo externo.” Mujer eterna, “es la fertilidad siempre constante de la Madre Divina. Esta obra nos remite al sustento nutritivo de la creación para expandir la vida en todas sus expresiones.” Orden divino, “tiene como objetivo recordarnos el orden en que las leyes de la creación funcionan, para mantener el juego de la vida operando en perfección […] Recordar el orden que mantiene la creación nos llena de confianza y nos da la certeza de que todo apoya nuestro despertar.”
Por sobre la superficie de cada escultura, corrieron los pinceles o intervenciones que realizaron artistas jóvenes, medianos y mayores. Cabe preguntarse: ¿quiénes optaron por adaptar su forma de trabajo a la superficie de los volúmenes? ¿Quiénes optaron por salirse de sus esquemas y generar algo nuevo, lateral a su propuesta estética, para generar un mensaje de paz o hacer resonancia con el símbolo subyacente a su intervención?
Me permití sugerir al escultor (Siddhartha Ishaya) el término trasncolectiva para definir el carácter de esta colección –que ISHAM ha sabido llevar con estrategias de difusión muy hábiles-, pues la muestra que conjunta propuestas estéticas tan diversas adaptadas a los soportes escultóricos, traza el corpus de obra condensando la autoría de cada expositor(a) por sobre la línea base que constituyen las figuras elaboradas por Siddhartha. De esta forma, hay un hilo que atraviesa cada propuesta individual y la hilvana con el resto, como cuando se elabora un collar con cuentas distintas entre sí en un arreglo simbólico y organizado formalmente.
El documental que se proyecta en la sala documenta testimonios de algunos participantes en la muestra. Kitzia González habla sobre su trabajo con el corazón que le tocó intervenir, en el que hizo una alegoría con su propio corazón. Nadia Nucico manifiesta la idea de que “yo soy un medio”, el transporte de un mensaje que puede captar el público al ver su trabajo. Armando Carreño comparte los motivos de su participación, entre los cuales se cuentan el cariño y el afecto por compartir su trabajo con el público, en su caso haciendo una metáfora de la conformación de una vida, el sueño tecnológico de la gestación de un infante, un cyborg humanoide, por sobre la escultura Orden divino. Ángel Pahuamba, Kaly Ferreira, Rafael Flores, Francisco Rodríguez Oñate e integrantes de ISHAM aparecen en este video cuya realización se encuentra bien realizada cinematográficamente.
No hay que perder oportunidad para mencionar que, en el contexto de las últimas exposiciones de artistas michoacanos realizadas recientemente en los centros de cultura más relevantes del estado, se aprecia que la lectura de las propuestas artísticas particulares se supedita generalmente a otro eje (como el Centenario y Bicentenarios pasados, o los mensajes de paz presentes), quedando las estéticas de los artistas en un plano que se antoja (desafortunadamente) secundario. Es por ello que esta muestra puede ser cuestionada respecto a su montaje en el Centro Cultural Clavijero, pues han habido propuestas de exhibición con obra de artistas mexicanos (locales o foráneos) que no se han realizado porque a dicho recinto se le aduce una vocación distinta a la promoción de las artes locales. Por tanto, en el terreno del estudio y difusión del arte de nuestra región hay mucho por hacer.

Publicado en el suplemento Letras de Cambio.
Diario Cambio de Michoacán.
3 de abril 2011