domingo, 13 de febrero de 2011

MMX Identidades femeninas mexicanas

Akarnivora: Reina de Bastos, de Amerika Arzate; Mi hija yo misma, 
de Lucero González; y Un alto en el camino, de Elizabeth Ross. 

Un conjunto de 11 mujeres artistas mexicanas, algunas radicando en México y otras en el exterior (sea con residencia fija o no), deciden publicar cada 15 días una obra por artista. El objetivo, arrojar al mundo perspectivas de lo que en ellas se manifiesta como lo que son: mujeres mexicanas. Este ejercicio lo realizaron durante el 2010, año de conmemoraciones históricas no sólo en México, sino en otros países que igualmente fueron atravesados con el pico de la colonización europea. La publicación de sus trabajos se realizó por Internet mediante el blog MMX Artistas Mexicanas en el 2010 (ememex.wordpress.com).
A juzgar por la primera imagen del sitio, las artistas mexicanas terminaron el año con nostalgia, al menos así lo muestra Lucero González (además directora de www.museodemujeres.com). Socióloga, feminista y fotógrafa, muestra un paisaje lacustre detrás de las ventanas de la embarcación (que podría ser el lago de Pátzcuaro o cualquier otro), frente al cual la mirada femenina se fuga para mostrar a la cámara sus hombros perfilados y su nuca. El azul lo baña todo con sus diferentes gradientes en el exterior y el interior. El último trabajo de González para MMX fue un dolor del corazón, extrañar.
Un poco más abajo, la segunda última imagen del blog para el 2010: de Amérika Arzate, Akarnivora: Reina de Bastos. Un mensaje cifrado dado que utiliza como figura central la carta de Tarot de Marsella que se nombra en el título. Rachel Pollack, en su libro “Los setenta y ocho grados de sabiduría del Tarot”, inicia su interpretación con una apreciación visual de la Reina de Bastos en la carta y termina con una sentencia: “…la Reina ocupa su trono como si estuviera plantada en él. Su corona está en flor, el vestido es del color del sol. Entre todas las Reinas (del resto de la baraja), ella es la única que está sentada con las piernas separadas, como signo de la energía sexual. Muestra una apreciación de la vida mu propia del Fuego (elemento de los bastos), cálida y apasionada, muy sólidamente puesta en el mundo […] Más sensible que el Rey, se permite amar la vida y al prójimo y considera que el control y la dominación no tienen más valor que el cinismo.”
Amerika en un viaje iniciático (personal), hace acopio de energía y se reconoce en su vida, apartándose del control y dominación que típicamente un mundo machista buscaría ejercer sobre ella y todas las mujeres. La exploración de su mexicanidad derivó en una manifestación de su individualidad femenina.
El sitio electrónico inicia también compartiendo que el cúmulo de obras pertenece a un “grupo de artistas mexicanas de diferentes generaciones, experiencias y situaciones geográficas para explorar el concepto de identidad como tales: mujeres mexicanas que ejercen una reflexión crítica sobre su tiempo histórico/vital durante este año.” Entre aquellas que radican en México se encuentran Amérika Arzate, Carolina de la Peña, Claudia Piccone, Diana Maldonado, Ireri Castro, Paulina Álvarez, Rosa Borrás y Lucero González. En cambio, Claudia Castelán (Chispillatronik) vive en Barcelona, Yolanda Petrocelli migró a Connecticut (EU) y Elizabeth Ross, coordinadora del proyecto, viaja sin residencia fija. Todas ellas viven su mexicanidad desde terrenos subjetivos y culturales distintos.
En el proyecto se aprecian diversos aspectos: obras de mujeres maduras con camino andado en el feminismo, no sólo en las artes sino en la política o gestión cultural; mujeres jóvenes que manifiestan aquello que alguna vez leí a Karen Cordero: artistas de generaciones recientes que, sin posicionarse claramente en un postulado feminista, se aproximan a la realidad de las mujeres mediante sus proyectos personales. También hay quien exhibe reflexiones sobre la mexicanidad desde su mirada femenina, como Carolina de la Peña respecto a los monumentos de figuras nacionales en la avenida Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México.
Las obras muestran registros de performance, videos documentales con entrevistas a mujeres migrantes, videoarte, fotografía (digital con retoques mayores y menores), electrografía y textos. La variedad de los formatos de la obra propuesta depende directamente de los recursos que permite un medio electrónico. Y su contenido se involucra en lo que ya hemos mencionado en artículos anteriores: a pesar de que incluso teóricas feministas afirman que el arte nunca es un susurro personal ni una confidencia, el arte femenino y feminista de las últimas décadas toma la experiencia personal de las mujeres como punto de partida para la reflexión artística de la vida contemporánea. Para el caso de este blog, la vida contemporánea se explora a través de la migración, la soledad manifiesta en el desnudo en casa, la multiculturalidad mediante la superposición de simbolismos culturales en una sola vida (como Yolanda Petroccelli y el reflejo de su condición mestiza), las experiencias vitales y la violencia de la cotidianidad (ver obras de Ireri Castro) o la doble vida de una mujer migrante: sus acciones en el mundo y las imágenes de sus sueños (Elizabeth Ross).
Es conocido que las prácticas visuales feministas, dentro de su campo de acción, desde un inicio se proponen hacer uso de nuevos medios de difusión y producción. Para Ross resulta “ocioso subrayar que todas utilizamos las herramientas tecnológicas para realizar la obra y para proyectarla a los públicos que la acogen, ya que en estos tiempos es obligado hacerlo para poder tener una presencia, una existencia. Y es esta existencia promovida por la energía pura en forma de datos que viajan por una invisible red, la que nos hace inaugurar nuevos campos de acción, inaugurar constantemente nuevos territorios, que ya no solo cuartos propios, donde devenir mujeres artistas con propuestas concretas, visibles, contundentes.”
Aquí el uso de medios electrónicos se toma como una necesidad para poder tener una presencia en el mundo, globalizado como está. Sin embargo ello trae a la mente el caso reciente de un artista varón, en la que la existencia informática de su obra se trata como algo distinto. Hugo Kiehnle, después de su formación y trabajo formal en el campo de la pintura, desde el 2001 se decidió a transitar al uso de la fotografía digital y su manipulación electrónica “de manera muy ligera, sutil, procurando no caer en la engañosa facilidad de la electrografía”, según sus propias palabras. Para Magali Tercero, crítica, el caso de Kiehnle es paradigmático porque “hasta hace poco un pintor tradicional no podía pasearse con soltura entre técnicas distintas […] una vez metido en el mundo digital, llevó más lejos su propósito y se dejó seducir por el hecho de la no existencia física de su obra: estas piezas, por el momento, no existen, son virtuales. No están pintadas, no están impresas, no se han convertido en un objeto. No son”.
En la medida en que viven como energía pura (datos), las obras de MMX dependen de que existan aparatos y energía eléctrica para ser exploradas. De la misma manera, para la existencia de este sitio son necesarias mujeres que vivan y reflexionen su vida para expresarla por medios artísticos. Todas estas mujeres, buscando ser artistas y mexicanas, terminaron siendo ellas mismas.

Publicado en el suplemento Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
13 de febrero 2010

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