martes, 15 de junio de 2010

Libertades de Ana Pellicer

De izquierda a derecha, La libertad de Ocumicho (1990), aspecto de la muestra Poemas forjados, y La libertad Purépecha (1987)

Ana Emilia Pellicer López de Llergo, mejor conocida como Ana Pellicer, expone obra escultórica en la sala 6 del Centro Cultural Clavijero. Se trata de una muestra con curaduría “de autor”, puesto que la disposición se realiza con base a la propia voluntad y consideración de la autora, agrupando las aproximadamente 68 piezas en exhibición en cinco grandes conjuntos: Secretos, Luz, Poder, Tejos y El Juego.
La muestra
Poemas forjados busca mostrar un aspecto poético de la escultura a partir de la libre unión de ideas contradictorias y diversas en el trabajo de la autora. Sus temas recurrentes son el cuerpo femenino, la sexualidad, las culturas originarias mexicanas, la identidad (humana y artística) y valores como la libertad, el amor y el juego, la actividad lúdica en la producción artística.
La libertad de Ocumicho, pieza que introduce a la muestra a manera de remate visual primero, conjunta en su elaboración variados aspectos. El cuerpo, formado de un fondo de hule repleto de pequeños rostros de corte indígena, evoca a la Madre, a La Diosa, cuyo cuerpo se encuentra cubierto por ojos. Pero también evoca a la cerámica de este pueblo ubicado en Michoacán, cuya producción alfarera se caracteriza por el uso prolífico de elementos y detalles como figuras humanas, animales, situaciones humorísticas y visiones sobre la realidad contemporánea.
Los pies descalzos de
La libertad de Ocumicho descansan sobre una base cubierta de estrellas de cinco picos, su rostro es envuelto por un resplandor de figuras puntiagudas y ondulantes. Dichos elementos pueden recordar la imagen de la Virgen de Guadalupe, al tiempo que la Libertad (en su formato de Estatua) es referida aquí con la postura propia del monumento neoyorquino, sosteniendo con la mano derecha un machete y en la izquierda un ave. La mirada al frente y la actitud determinante delatan fuerza y firmeza. A sus espaldas, una cita de Mary Shelley (autora del relato Frankenstein o El Nuevo Prometeo) ofrece un comentario ilustrativo respecto a dicha pieza. “No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas.”
El tema de la Libertad reaparece en
La libertad Purépecha (1987), donde la identidad griega de la mujer-alegoría es sustituida por la indígena p’urhépecha que sostiene en su cuello un collar tradicional, lo mismo que las arracadas, pero sosteniendo en la mano derecha un hacha prehispánica en sustitución de la antorcha que porta la estatua original. El hacha prehispánica es un símbolo de poder y espiritualidad entre los pueblos originarios de América. Desde México hasta el Perú, con jade, obsidiana y otros materiales, esta figura es representada en el contexto de diferentes grupos culturales que se establecieron en el continente antes de la llegada de colonizadores europeos. En la muestra se reproduce con variantes de estructura y tamaño, aludiendo siempre a un aspecto de poder, sea cultural, espiritual, místico, identitario.
Ana Pellicer nació en la Ciudad de México, pero desde los años 70 se muda, junto con su esposo, a la comunidad michoacana de Santa Clara del Cobre, en la cual se practica desde mucho tiempo la técnica tradicional del cobre martillado. Abordar dicha técnica representó para la escultora la oportunidad de acercarse a una práctica artesanal que la conectara con las raíces culturales originarias de nuestro país. Este tipo de búsquedas son propias de una generación de artistas que buscaron, desde los años 60, reinterpretaciones de la cultura mexicana a la luz de las tendencias internacionales del arte universal: la generación de
la Ruptura.
Desde ahí podríamos rastrear el interés que Pellicer muestra hacia el valor de la Libertad y su referencia a la escultura emblemática ubicada en Nueva York. La
Libertad iluminando al Mundo (Liberty enlightening the World) es una obra hecha en cobre, su autor fue Frédéric Auguste Bartholdi. La estructura interior (para soportar las placas de cobre que la integran) fue diseñada por Gustave Eiffel, conocido por su torre en París. La escultura fue un regalo del gobierno francés al estadounidense con motivo del centenario de la Declaración de Independencia de los EU en 1886 y como signo de amistad entre las dos naciones. Representa, de forma general, la libertad y la emancipación respecto a la opresión.
En el centenario de la Estatua de la Libertad, se realizó una exposición en Nueva York en torno a dicho monumento. Ana Pellicer participó con el proyecto de estas joyas para la Libertad, hechas a tamaño natural. Cuatro son las que datan de 1986:
Prendedor etrusco-cuanajense, Arete de una gran dama, Anillo Liliputense producto de Exportación y Collar de Oaxaca. Hay un texto de pared de Alai Joyffroy que bajo el encabezado La libertad no es una estatua que ofrece una interpretación de este proyecto: evoca “al mismo tiempo que la mujer no podría confundirse con una alegoría y que por estas joyas ella revela su identidad y su cultura.” La Libertad iluminando al Mundo es una alegoría construida a partir de un cuerpo femenino helénico. Sus sandalias, toga y demás atributos la develan como tal, y con las joyas de Pellicer acentúan dichos rasgos de una libertad de género femenino, combinando dos estilos: uno mediterráneo y otro mexicano, generando una apropiación cultural de este valor universal que nos involucra a todas y todos.

Publicado en el suplemento
Letras de Cambio
Diario
Cambio de Michoacán
13 de junio 2010

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