lunes, 19 de abril de 2010

Zapata, Pop y consumo


La exposición Zapata de Ariel Pañeda Macías se presenta en la Arcada de la Casa de la Cultura de Morelia, con 28 lienzos sin bastidor, exhibidos a manera de pendones. Todos son obra de Pañeda salvo cuatro, que provienen de manos pintoras invitadas: Betel Pañeda, Celeste Jaime, Ángel Pahuamba y Francisco Huaroco. Evitando las distinciones autorales, ninguna obra cuenta con ficha técnica; el máximo valor se concentró en la imagen y sus elementos (evidentes e identificables, y en ese sentido, efectivos). Cada imagen responde a la visión del conjunto, y cada pintor(a) responde a un mismo concepto general.
Emiliano Zapata. En un artículo sobre la Escuela Muralista Mexicana, Juan García Ponce ofrece un breve contexto. “La Revolución mexicana es una más entre las muchas revoluciones del siglo XX que contradicen las teorías de Marx. México, por supuesto, no era una nación que hubiera participado de los beneficios de la Revolución Industrial. Por eso Marx pensaba en la conveniencia de que Estados Unidos lo invadiera y propiciara su adelanto para convertirlo en una nación potencialmente revolucionaria. México era un país campesino, manejado por grandes latifundistas protegidos por el gobierno de (Porfirio) Díaz. Contra estos latifundistas empezaron a rebelarse los campesinos. De entre ellos surge, antes de 1910, el primer y más grande nombre de la Revolución mexicana: Emiliano Zapata.”
“El más grande nombre”, además de sus hazañas e ideología, por haber tomado junto con Villa la capital del país, con la correspondiente huída de los gobernantes en turno, y pudiendo tomar el poder, no lo hizo. Retiró sus tropas, depositando en los miembros de la Convención de Aguascalientes la realización de los ideales que su lucha representaba. Sería mandado matar a traición y sobreviviría en el imaginario de las formas más variadas: desde caudillo, pasando por bandera, llegando hasta logo. Hoy en exposición, lo vemos como “tema y variaciones” para, en las palabras del autor, pensar y reflexionar sobre el verdadero sentido de la Revolución mexicana a un siglo de la misma.
Invitación difícil, si tenemos en cuenta que en el mismo texto de pared se declara que, prescindiendo de anécdotas, sucesos y datos biográficos de la Revolución y Zapata, se enfrenta al espectador y la imagen o idea que cada quien tiene del mismo, con aspectos contemporáneos de nuestra sociedad. Las obras, más que lograr una invitación efectiva a la reflexión sobre “el verdadero sentido” de la Revolución –si es que existe eso-, problematizan la iconicidad de Zapata en el imaginario de la sociedad contemporánea.
En las pinturas, Zapata es referenciado a partir de la fotografía en que aparece vestido de charro, el fusil en una mano y la empuñadura del sable la otra, pose 3 cuartos de retrato clásico. La imagen se trabaja a manera de plantilla y las variaciones consisten en la representación en positivo, negativo, variaciones de color a veces uniforme, otras veces con textura, nunca con volumen, o con intervenciones. La primera obra desde la entrada le presenta de color violeta, barbado y con la palabra PAX en el sombrero. A su derecha, como si se tratara de una estela maya de jade, Zapata aparece con pasamontañas, flanqueado por rostros también cubiertos y un letrero de inequívoca referencia: ZAPATISMO. Un paso más y aparece en con fondo rojo, rostro de Ché Guevara y rodeado de los símbolos del comunismo: estrella, guadaña y martillo. Tercia de obras que constituyen un apartado de movimientos sociales.
En otro segmento luce con fondo amarillo a manera de estampa con banda tricolor, o como señal de elemento nocivo: “Corrosivo. No reciclable.” Otro Zapata central de blanco y negro con fondo de grises Emilianos y código de barras en la base. Con una guitarra eléctrica y grafiteado, luce en el pecho el logo de los Rolling Stones y el par de martillos que aparecen caminando en “The Wall” de Pink Floyd. Aparece con motocicleta Harley y rostro de Pedro Infante en los tiempos de “A toda máquina”, superponiendo forzadamente la imagen de “guapo, galán y deseable”. “La repetición de una imagen provoca que ésta pierda su sentido, relevancia y se vuelva común a nosotros.” Otra forma de verlo es que la repetición de una imagen la debilita. Una vez debilitada, banalizada la imagen, es fácil jugar sobre ella o contra ella. Esto es lo que aparece en las obras.
El caudillo del inframundo en negro y blanco sobre fondo de cráneos a manera de tzompantli. Otro aparece como si fuera una estampa amarilla en el muro; debajo, el retrato de una niña indígena. La distancia entre la ideología comunitaria de “don” Emiliano y la realidad actual de la dimensión indígena mexicana es dramática. Más auténticamente tomó fuerza el zapatismo con el movimiento que se alzó en armas en 1994 que cuando formaba parte de los discursos del Partido de la Revolución Mexicana y PRI durante el siglo XX.
Hay un filón del Pop en el trabajo de estas obras. En todas puede encontrarse, pero atendamos a la pintura de fondo azul en que se acompaña con máscaras de luchadores, también aquella donde una flor sustituye al fusil y la figura se forma de un magenta intenso sobre verde. Recuerda las serigrafías de Warhol sobre casi todo: sillas eléctricas, retratos de estrellas de cine, él mismo. Si tomamos por válida esta presencia Pop, vale compartir unas palabras de José Luis Barrios. “Hacia la segunda mitad del siglo XX hay un cambio muy importante, donde el arte se ve obligado a replantear la función de la imagen y del imaginario. Con el desarrollo de la sociedad de consumo y la producción industrial de objetos, en realidad lo que cambia es el estatuto de los signos, socialmente hablando. De tal manera, la sociedad industrial genera todo un nuevo código de signos, que tienen que ver concretamente con el consumo. El arte Pop, y concretamente Warhol, es el que puede y el que entiende en su momento histórico el valor de este nuevo universo de signos con el que el espectador se enfrenta.” Y echa mano de estos signos para configurar todo un universo de motivos y temas para las artes visuales… que concretamente tienen que ver con el consumo.
Éste puede ser comercial, turístico, ideológico, social, cultural o estético. Comienza así un proceder artístico que se dirige a la imagen, al ícono, no tanto a la realidad que éste representa. “El signo ya no necesariamente refiere a una realidad, una verdad, sino más bien refiere a una circulación, a un producto, a un deseo, pero ya no necesariamente a una realidad. El modo en que circulan los signos hace que evidentemente el sentido o el valor del arte sea más un fenómeno de comunicación o de información que de experiencia.”
Entonces, representar a Zapata no implica estrictamente que se esté reflexionando sobre la Revolución o sobre él, sino sobre la imagen de éste. Si Zapata fue motivo de propaganda política durante la formación del Estado mexicano durante el siglo XX, en las “celebraciones” del centenario de la Revolución es motivo de propaganda comercial oficial. Y como signo de consumo, puede ser tomado por las disciplinas visuales –inclinadas hacia el Pop- como motivo para múltiples variaciones plásticas. La consistencia queda intacta y lo único que se modifica es el lenguaje –plástico- que se aborda. Procurando en un principio estimular la reflexión, la muestra termina por evidenciar una problemática vigente de las artes contemporáneas.

Publicado en el suplemento Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
18 de abril 2010

domingo, 11 de abril de 2010

Arte acción en la piscina

Aspecto del Espacio Experimental "La Alberca", el 7 de abril 2010

El número 81 de la calle Juan Ruiz de Alarcón, en Santa María de Guido, alberga desde el pasado 7 de abril el Espacio Experimental “La Alberca”. Esa casa tiene como elemento organizador un pasillo que corre en medio de accesos a pequeños departamentos que son actualmente usados como talleres de artesanos y artistas. Es el caso para el ceramista Víctor del Castillo, el carpintero Carlos Canela y Ángel Pahuamba, pintor. El primer taller de ese pasillo es el Taller de Gráfica Contemporánea “La Pezuña” de Raúl Calderón Gordillo, artista gráfico y gestor cultural, a quien la iniciativa del Espacio “La Alberca” le corresponde.
Al final del pasillo de la casa se encuentra un área abierta con una piscina bastante gastada por dentro, pero que conserva su forma y el azulejo original. Los muros alrededor de ésta se limpiaron y aplanaron para recibir pintura mural de tipo grafiti a cargo del Colectivo CMYKlica. Personajes que combinan la apariencia de monstruos caricaturescos envueltos de un paisaje natural, verde, cielo azul, nubes, árboles frutales… todo asemeja a un ambiente de dulce e inocencia que toma un tono enrarecido por simulaciones de mucosas, superficies espinosas y gorras pertenecientes a los atuendos urbanos que en varios grupos de jóvenes pueden notarse hoy día.
Quien hiciera caso del título de la invitación que estuvo circulando vía internet (La Práctica del Performance. Historia, Artistas y Procesos) se encontraría con todo menos una presentación formal de lo que en dicho título se propone. En su lugar, se realizó una presentación informal de casi todo: el montaje de los materiales, los equipos, los procesos de trabajo, la limpieza, preparación de los espacios de presentación.
De acuerdo con Raúl Calderón, la intención desde un inicio fue dejar manifiesto el “accionar” de la actividad. La cita se programó para las 5 de la tarde, hora en que las actividades de montaje y preparación se iniciaron. Sería inadecuado afirmar que todo el evento fue un gran performance; en cambio, es más acertado comprender la apertura de este espacio como una serie de acciones claramente expuestas. A diferencia de los eventos usuales, donde ciertos elementos se realizan fuera de toda visión de los asistentes (la instalación del equipo de sonido y video, la iluminación, la ambientación con pintura mural, la colocación de la escenografía), en este caso se optó por convocar al público en un horario donde todo este montaje fuera visible. La idea central fue el “arte acción”, género artístico que, a partir del texto Sistemas de significación que se mueven de Víctor Muñóz (www.victormuñoz.net), puede comprenderse de la siguiente manera.
Se trata de un género artístico donde se realizan acciones, no narrativas sino poéticas, que un artista ejecuta frente a un público. El (o la) artista no representa un papel de personaje, sino que el cuerpo del ejecutor es el medio de expresión del mensaje. Se utilizan objetos, proyecciones de video o imagen, generalmente no se recurre al lenguaje hablado, se puede acompañar de música o arte sonoro. “Repetidamente, los sucesos del arte acción rompen la cadena de coherencia significativa provocando confusión y desconexiones que el público se ve obligado a reconectar en la medida de sus posibilidades y de la simpleza o complejidad del planteamiento. Este mecanismo de reconexión permite el desarrollo de diversas posibilidades de construcción de sentido.” Valga como ejemplo que el pintor Arturo Rivera recuerda, no sin cierto arrepentimiento, que durante los años setentas realizó una acción en la ciudad de México consistente en romper un lienzo (con su bastidor) sobre la acera para simbolizar el fin o muerte de la pintura. Hoy día es reconocido como uno de los exponentes principales de la pintura en México. Vaya contraste.
Víctor Muñoz es un artista e investigador mexicano nacido en 1948, involucrado durante los años setenta con el movimiento de los grupos artístico de trabajo colectivo, particularmente con el llamado Grupo Proceso Pentágono (GPP), en el cual colaboró con José Antonio Hernández, Carlos Finck, Felipe Ehrenberg, entre otr@s, y cuyas temáticas se concentraron en los ejercicios de la tortura, represión y desaparición de personas por motivos políticos en México y América Latina. A su vez, ha desarrollado trabajos de investigación que no tienen que ver con el arte acción, tal como sucede con La pasión y el principio, en el que estudia la obra y vida del pintor Saturnino Herrán, artista mexicano previo al desarrollo a ultranza del nacionalismo en nuestro país a principios del siglo XX. Este contraste en sus ocupaciones, según pudo compartir la noche del 7 de abril, proviene del interés de estudiar las primeras dos décadas y las últimas tres del arte en México en el siglo XX, para manifestar las diferencias internas del sistema del arte durante ese siglo, y de esa manera demostrar y fundamentar las formas tan otras de hacer arte con el transcurrir del tiempo.

Víctor Muñoz en charla informal en el espacio.

Este artista e investigador de la Universidad Autónoma deMéxico (UAM) Xochimilco estuvo presente en la apertura del espacio La Alberca ofreciendo una charla informal sobre ciertos hitos artísticos del siglo XX que permiten comprender la aparición del arte acción o arte procesual (en oposición al arte objetual) en el sistema del arte. A su vez, Richard Martel, artista del performance originario de Quebec, proyectó sobre una de las paredes un par de performances que realizó en Montevideo y La Habana en diferentes momentos de su trayectoria. Posterior a esta exhibición, el grupo Viernes Roza presentó un performance con el título El suicidio de la memoria. Cinco jóvenes vestidos de negro se introducían uno a uno en el área de la piscina, en la que en una de las paredes interiores se encontraban adheridas fotografías, carteles, tarjetas y otros objetos, que ell@s iban arrancando uno a uno mientras un sonido disonante (semejante a los tornos de los cerrajeros mientras reproducen una llave) envolvía el ambiente. 
De este performance, Richard Martel expresó para la presa el día 9 de abril: “vi una acción que está más al nivel del teatro que del performance y nosotros trabajamos desde hace muchos años en crear una disciplina del performance que no necesita del teatro, que no necesita de la danza.” Víctor Muñoz sostiene, en el texto ya referido, que el arte acción no es teatro ni debería parecerlo. Cierta es la dificultad para encontrar propuestas consolidadas de este tipo de arte en un estado (como Michoacán) donde los referentes del arte no objetual, procesual, son escasos. Esto hace que las propuestas de performance actuales deban ser vistas como ensayos valiosos por incipientes, emergentes y propositivos; sin embargo esto no es suficiente. Se cuenta actualmente con exponentes mejor consolidados en el arte acción como el grupo Perras de Museo o, si buscamos propuestas menos jóvenes, varias obras de Ricardo Zambrano, quien se concentra más en el género de la instalación pero que ha realizado acciones en la ciudad de Morelia desde los años ochenta.
El Espacio Experimental “La Alberca” se encuentra abierto a las propuestas de personas que, más que gozar de una grossa trayectoria, proponen proyectos viables y significativos. Lo más importante que sucedió esa noche del 7 de abril fue la apertura del espacio. Lo mejor de esa piscina, esperemos, está por venir.

Publicado en el suplemento Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
11 de abril 2010