domingo, 2 de agosto de 2009

Autocrítica, Mayer y las mujeres en el arte (primera de II)

Mónica Mayer en imagen para Museo de Mujeres. A la derecha, "Autorretrato como cualquiera" (1997) de Mónica Castillo

El pasado domingo esta columna cumplió su décima emisión. Se ha buscado que Mir(í)ada sea un espacio escrito de crítica de arte, de invitación a visitar exposiciones y difusión de elementos disciplinarios que faciliten a la comunidad lectora el acercamiento a nociones tales como la curaduría y la gestión de los museos. Y ya que en el número anterior se realizó una crítica dura a uno de los colectivos de gestión artística activos dentro del estado de Michoacán, se vuelve necesaria una autocrítica, ya que esta mirada que se arroja a lo numeroso indefinido de las artes, y que se publica en el presente suplemento semana con semana, sí se mira a sí misma.

Atendiendo a la sensatez, hay que hacer mención de que en este espacio se han cumplido cabalmente algunas afirmaciones que Mónica Mayer (mujer, artista de performance, activista, feminista, académica, crítica y curadora) arroja en artículos titulados Aseveraciones y estadísticas en torno al tema de la mujer/arte y Clase, género y arte (disponibles con otros más en www.museodemujeres.com), a saber: 1) “Aunque el 99% de las personas que estudian Historia del Arte son mujeres, 75% de las columnas de crítica de arte en los diarios las escriben hombres”. Quien esto escribe es hombre y egresado de la carrera de Historia del Arte; y aunque son escasas –o casi inexistentes- las columnas de crítica de arte en los diarios en Michoacán, más escasas son las participaciones de las mujeres en este ramo en el momento presente.
2) “Los críticos escriben 10 veces más de los artistas que de las artistas”. En 10 emisiones que este espacio lleva de carrera, nos hemos ocupado de artistas como Arturo Rivera, Enrique Ortega y León Ferrari; de exposiciones colectivas como la de Serbia en la Acuarela Contemporánea y la 10ª Bienal de Cartel en México; de publicaciones como Creadores de Utopías. Y aunque hablándose sobre la gestión de museos y la curaduría no han faltado significativas citas de comentarios realizados por mujeres sobre temas disciplinarios o culturales, cada una con reconocida dotación de razón, las exposiciones y comentarios aquí vertidos sobre obras realizadas por mujeres se reduce a cero. Concedo que tiene toda la razón.
Este no es lugar para desplegar excusas acerca del por qué dichas aseveraciones –elaboradas desde 1999 y 2002 correspondientemente- se cumplen. Lo verdaderamente importante es asentar que el comportamiento de este espacio pretendidamente crítico que aspira a ser Mir(í)ada es sintomático de nuestro tiempo, y no existe un “porqué” razonable para que ello se mantenga así; por el contrario, existe la responsabilidad de que no sea así. Además, éstas no son las únicas aseveraciones que esta aguda persona que es Mayer apunta –poniéndonos a vari@s en apuros existenciales.
Por ejemplo, agrega: “A pesar de que desde los setentas el mismo número de mujeres que de hombres estudia arte, las artistas sólo participan en el 25% de las exposiciones individuales y colectivas […] e Inda Sáenz ha hecho estudios interesantes sobre cómo los precios de las obras de las artistas son inferiores a los de los varones.” Esto lo declara en el caso de México, y es particularmente cierto en numerosas exposiciones colectivas que hoy por hoy corren por los circuitos artísticos de nuestro estado, tanto en la escena independiente como en los grandes y pequeños museos de la institucionalidad cultural michoacana. Impresionante contraste con una realidad educativa en el ramo de la formación artística que aparentemente guarda cuotas equitativas, tanto en plantas docentes como en poblaciones estudiantiles de escuelas como la Popular de Bellas Artes (Universidad Michoacana) y el CEDART.
Muy cercana a esta realidad contrastante, hay otra que se puede constatar en términos de la historia del arte mexicano: la situación de las artistas en México es tan difícil que, “entre el machismo y las broncas de lana”, las que han podido seguir con sus carreras creativas han sido mujeres de clases medias y altas o las de descendencia extranjera. “Ser güerita implica ventajas como más acceso a la educación y al mercado de arte”. Ejemplos de ello pueden encontrarse en nombres sonados como Martha Palau, Magali Lara, Carla Rippey, Perla Krauze, la misma Mónica Mayer; y ya en categorías de nombres encumbrados, la emblemática Frida Kahlo, Olga Costa, Fanny Rabel, Helen Escobedo, Mariana Yampolsky, Graciela Iturbide y Mónica Castillo. La lista puede ensancharse tanto como se quiera y alcance la visión.
Mayer no descansa, y nosotr@s tampoco: “Hoy veo, con tristeza, que la mayoría de mis compañeras en (la Academia de) San Carlos en los setentas que venían de clases medias bajas o trabajadoras, que eran la mayoría, abandonaron la producción artística, ocupan los puestos más bajos como maestras o investigadoras o sólo exponen en casas de cultura de tercera.” Esto sin contar aquellos casos en que la deserción escolar tiene lugar, por ejemplo, por razones de maternidad, entre muchas otras.
La reflexión sobre el tema de mujeres y arte es vasta y aquí se nos va acabando el espacio. Ante un panorama tan inequitativo ente hombres y mujeres en el campo que nos ocupa hasta ahora, la perspectiva feminista ha tenido significativa actividad desde hace décadas, iniciándose en los setentas esfuerzos específicos por exponer obra artística de mujeres, ora porque la obra era de mujeres artistas, ora porque la temática era abierta o indirectamente feminista, abordando aspectos relacionados con las diferentes formas en las que el género femenino encuentra coartada su libertad para determinarse a sí mismo.
“El arte, aunque puede ser divertido, es algo serio, especialmente para las que estamos en el negocio de cambiar las relaciones de poder […] y difícilmente tendremos éxito mientras la televisión, las publicaciones y el arte nos sigan bombardeando impunemente con imágenes en las que somos el sexo débil, el atractivo visual, la madre abnegada, cenicienta y otros modelos” conocidos y por conocer por tod@s nosotr@s.
Son importantes las buenas exposiciones de mujeres porque permiten una mayor visibilidad de los temas, el analizar el estado de “esa cosa tan intangible que se llama identidad” (sobre todo la identidad de género) y que el público se acerque “a las problemáticas de la mitad de la humanidad”. Pero el simple hecho de que sea una exposición de mujeres no garantiza nada. Tampoco el hecho de que se conjunten artistas feministas. Ni siquiera si el tema de la exposición es la mujer, como es el caso de la que desde el 8 de marzo de este año ocupa la planta baja del Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce” con motivo del Día Internacional de la Mujer.
Esta exposición se conforma de obra perteneciente al acervo de dicho museo con la pretensión de explorar “lo femenino” en el arte. Ocupa las mismas salas desde hace 5 meses y nadie desde entonces ha dicho ni ¡mú! acerca de ella, pasando sin pena ni gloria a pesar de ocupar uno de los espacios de visualidad más importantes dentro de los centros expositivos del estado. Entre la obra podemos encontrar autorretratos de pintura en gran formato realizados por artistas mujeres, desnudos femeninos realizados por hombres y una sección dedicada al homenaje de Fanny Rabel, perteneciente al Taller de Gráfica Popular que a mediados del siglo XX tuvo una amplia proyección tanto en la escena artística mexicana como en los movimientos sociales obreros e indígenas que, ni siquiera entonces, alcanzaron solución.
Este tipo de exposiciones requieren de una revisión muy acuciosa, puesto que como sucede con las muestras donde la única línea curatorial es el género de las artistas, una exhibición donde lo femenino es el tema de la obra “no garantiza calidad y ni siquiera una visión particular de la realidad” suficiente para hacer honores a un 8 de marzo.
Publicado en el suplemento Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
2 de agosto 2009

1 comentario:

  1. Ha sido un doble placer encontrar tu blog. En primer lugar el poder integrar al archivo de Pinto mi Raya textos de crítica de arte de Michoacán y en segundo, encontrar un crítico abierto a la problemática de género. Te seguiremos leyendo con atención.

    Monica Mayer y Víctor Lerma

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