lunes, 18 de mayo de 2009

Entendimiento. La 10ª Bienal de Cartel en Morelia


“No podemos esperar que nuestra obra dure cien años. Pero sí que en el momento en el que el espectador la está viendo tenga una experiencia fuerte y misteriosa para capturar su atención durante dos o tres minutos y luego, ¿cuánto perdura en la memoria de la gente? Es muy difícil saberlo.”

Gabriel Orozco


Cierto es que la cita anterior se refiere a la obra de arte contemporáneo (dada la raigambre del citado), pero viene a colación dado que la muestra que nos ocupa aquí puede dar una lección tanto a diseñadores, artistas (conceptuales y no) y público en general, acerca de la comunicación entre objeto/idea y público.

Desde la semana pasada se presenta en el Centro Cultural Clavijero la 10ª Bienal de Cartel en México. Las piezas que se exhiben en series de dos y hasta tres carteles de manera vertical dotan al deambulatorio superior del edificio una atmósfera inédita en el Clavijero desde su apertura en febrero de 2008. La familiaridad que desde entonces hemos desarrollado respecto a lo sobrio y esencial de la arquitectura barroca del ex colegio jesuita se somete a un giro cuando, ascendiendo al primer piso, nos encontramos con los pasillos pletóricos de imágenes, tan distintas y disímiles entre sí a primera vista, pero compartiendo ciertos rasgos de carácter que pueden adivinarse aguzando la vista o leyendo los textos que cada uno de los jurados han elaborado para este certamen.

Si bien se sabe que para esta Bienal participaron diseñadores de 62 naciones, aportando más de 4,500 carteles, la selección que se presenta en la exposición comentada consta de más de 300 provenientes de 41 países en total. ¿Esto qué nos arroja? Una gran cantidad de imágenes que, además, transportan mensajes escritos que podemos entender en la medida en que contemos con el conocimiento de otros idiomas. De otra manera, la comprensión total del cartel queda trunca. Cuidado, no se piense por ello que dichos carteles nos serán inaccesibles, pues si la palabra escrita no nos dice mucho, la imagen bien puede ser evocadora.

Este es el caso de un cartel correspondiente a la obra de teatro intitulada “The Fever”, la fiebre. Aparte de lo breve del texto, se muestra la figura de una muñeca tradicional de cartón, como las producidas en Michoacán como juguetes artesanales y que constituyen sorpresas y suspiros de infancia tanto de mujeres como hombres adultos que las encuentran en bazares y otros comercios. La muñeca está desmembrada y encendida en color rojo fulgurante. La imagen es sugerente, puesto que alta temperatura y fragmentación vienen de la mano cuando la fiebre significa delirio.

Notemos otros tres casos cercanos a nuestras referencias culturales. En la exposición encontramos una tríada de carteles en homenaje a Frida Kahlo, respondiendo al centenario de su natalicio en el 2007. En el primero, el más grande, se le retrata (y rediseña) junto con Diego Rivera. La manera de sintetizar sus semblantes a través de formas geométricas y lizas de color es ejemplar, por cierto, rodeándoles de un ambiente muy tropical. En el segundo, sobre una cubierta de pétalos de rosas, mariposas blancas y traslúcidas vuelan alrededor de una Frida muñeca de trapo desnuda, de labios carnosos y semblante en reposo. “En memoria de Frida” es el título, pero se lee en inglés algo más: cuando miré tus obras, me sentí orgullosa de ser mujer. De la misma deseñadora, pero en un estilo más gráfico que fotográfico, se ve otra Frida, ahora de pie, con el rostro ligeramente de perfil a la manera de sus autorretratos, pero con atuendo iraní; sostiene un par de rosas en una mano y parte del cinto con la otra. Es una Frida alada, como mariposa blanca.

La referencia a la paloma también es recurrente, pero con algunas variaciones: de Hungría, en un cartel puede verse una de estas aves sobre fondo negro con alas como manos; éstas se encuentran acordonadas, y una línea roja sugiere un corte, un sangrado, del mismo color que la fecha en la parte superior: 23 de octubre de 1956, día en la que estalla la revolución en aquél país. De Mark Gowing encontramos El petróleo mata la paz, impresión digital que muestra una mancha aceitosa de color negro precipitándose hacia abajo como la paloma vencida en caída libre. En este sentido se comprende que, en el mundo actual, la paz como valor tiene un carácter emergente, no es algo ya dado. Esta emergencia también se advierte en carteles sobre la explotación femenina (en uno, la franja que da cuerpo a un semblante femenino le asfixia en forma de una serpiente), la migración (salto de altura sobre un alambre de púas) y el calentamiento global (toda una sección de la muestra).

Interesantes son las interpretaciones que se le dan a diferentes textos de William Shakespeare para decantarlas en un diseño concreto y preciso. Para El Rey Lear, una corona de tres picos ocupa el sitio de un pubis femenino (¿alguna idea de lo que pueda significar?); Hamlet se ilustra como una escalera que desciende al interior de una esquemática cabeza, inteligente referencia a la introspección; y Tito Andrónico es un rostro de carne cruda y sangrante, coronada con unos ramos de laurel que dan aspecto culinario pero en clara referencia a la Roma antigua. Aquí el trabajo de síntesis de las obras literarias y reconfiguración hacia lo visual en el diseño ejemplifica muy bien lo que Xavier Bermúdez, Director de la Bienal, refiere como dos características fundamentales del cartel: la síntesis del mensaje y la precisión comunicativa.

Apoyando lo anterior, François Caspar comenta en su texto como jurado del certamen que el trabajo del diseñador “debe enriquecer la información sin dañarla”. Dicha práctica tiene el objeto de “que en el curso de tres segundos la audiencia, además de entender, piense e imagine.” Esto es, que en un sentido directo y casi inmediato, el público se percate que genera un entendimiento con lo que le habla desde el cartel.

Tanto en los medios de comunicación como en las artes (por sólo mencionar dos dimensiones culturales de nuestro tiempo), se requieren de dos voluntades para que exista un flujo de ideas: la del espectador con su interés y la del creador para darse a entender.


Publicado en el suplemento Letras de Cambio

Periódico Cambio de Michoacán

17 de mayo de 2009

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