domingo, 29 de septiembre de 2013

Gerónimo Mateo y Ángel Pahuamba. Dos puntos de partida.


La exposición Origen-es reúne dos extremos de la vida actual de los pueblos p’hurépechas: la paz y la guerra. La alegría contrapuesta con el estado de emergencia, el anhelo de armonía entre los mal llamados tarascos y la respuesta contundente de la fuerza contra amenazas aniquilantes. La fidelidad del realismo ante el conceptualismo sintético de la abstracción; la mirada de los mayores junto con la perspectiva de los más jóvenes. 
La pintura de Gerónimo Mateo desarrolla, en su constancia formal y disciplinada, la puesta en escena de la cultura a la que se debe. Mediante composiciones frontales y centradas, elabora una mirada pictórica que literalmente muestra los vínculos entre personas, las tradiciones activas y rodeadas de esos objetos preciosos y significativos que son las artes populares. La invención creativa, respetuosa con la realidad, se manifiesta en el preciosismo de las telas, los bordados, las texturas de la cestería y la elocuencia de los rostros –jamás copiados, nunca repetidos, extraídos de la imaginación del pintor en la continua recreación de sus semejantes. 
Retrata la vida de su pueblo con toda su riqueza y vitalidad, la diversidad humana representada en la bonhomía de las fiestas, las reuniones, el trabajo. En la pintura de Mateo nadie está solo ni triste. La raza p’urhépecha es más que el reconocimiento de ojos oscuros, piel morena, la armonía de la palabra y los cantos en p’hore. También es la alegría de saberse juntos, antiguos y actuales a la vez; con una herencia cultural cuya identidad traspasa cualquier nacionalidad, toda memoria de lo que hoy llamamos México. 
La memoria p’hurépecha es siempre algo distinto a la historia de un país. El vínculo con la tierra, las aguas y los animales habla más que cualquier libro sobre gestas heroicas y sucesiones presidenciales. Las formas de gobierno heredadas del estado moderno y metropolitano son inoculadas con prácticas de concertación comunal y convivencia colectiva. 
El consejo del pueblo, las responsabilidades rituales de los cargueros, las formas de participación y corresponsabilidad entre los habitantes; todas estas maneras de organización interna suceden al mismo tiempo que el resto del mundo. En medio de la vorágine global, la autonomía local se convierte en el sitio donde la elección sobre el “qué” y “cómo” vivir son posibles. Y la afirmación de dicha autonomía ha costado vidas y tranquilidad a hombres y mujeres que enfrentan el embate delincuente de los árboles talados, las amenazas, las desapariciones, las ejecuciones. 
Ángel Pahuamba acude al encuentro de Cherán en emergencia. Trabaja sobre el llamado a la defensa del bosque, los rostros cubiertos por paliacates; condensa la crónica plástica de la resistencia civil ante el peligro, la muerte, la demagogia politiquera, el atraco de madera a manos de una calavera-chofer armada. 
Pahuamba convierte en lenguaje plástico las formas presentes en la dinámica de resistencia: el triángulo invertido de los paliacates, las miradas desencajadas son óvalos dispares, las balas vuelan sobre paisajes convertidos en gestos pictóricos. Los espíritus de la naturaleza y los relatos míticos de la región también responden al llamado del pueblo, haciendo patente que Cherán –al igual que tantos otros grupos indígenas hoy día- se afianzan a la vida y la justicia ejerciendo la fuerza contra la violencia y la cultura propia contra las ambiciones externas. 
Al conjuntarse la obra de estos dos pintores en una misma exposición se aprecia la actividad dispar, pero equivalente, de quienes buscan –y encuentran- un lugar propio en la producción artística contemporánea para la expresión personal y la reflexión sobre la sociedad en circunstancias particulares. La originalidad, más que un valor de innovación y carácter inédito, se advierte aquí como la conciencia de un centro, un punto de partida desde el cual irradiar el abordaje al mundo circundante. 
¿Qué es tener un origen? Saber por dónde empezar. 

Origen-es. 
Exposición pictórica de Gerónimo Mateo y José Ángel Pahuamba 
Centro Cultural UNAM Morelia 
Del 26 de septiembre al 29 de noviembre 2013 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio 
Diario Cambio de Michoacán 
28 de septiembre 2013

sábado, 21 de septiembre de 2013

Imaginar e ilustrar. Los destinos de Lady Orlando.

Obra incluida en la muestra Destinos privados de Lady Orlando. 
11 de septiembre al 20 de octubre, sala Efraín Vargas. Casa de Cultura, Morelia. 

Las apariencias engañan. Dentro de una exposición sencilla (en sus contenidos y su montaje) pueden encontrarse gratas sorpresas. Digo esto concretamente sobre la muestra Destinos Privados de Lady Orlando que por estos días se ubica en la sala Efraín Vargas de la Casa de la Cultura, en Morelia. 
A primera vista, se trata de una exposición de dibujos que, si se observa con cuidado, en realidad se compone de reproducciones digitales. Una pieza específica –Ocean of tears- delata el conjunto de imágenes puesto que el pixelado se hace evidente en la falda de una mujer que llora sobre un mar en el que navega un barquito de papel. El cabello se corona con la circunferencia del sol que agita sus rayos con la misma intensidad de las olas en la parte inferior. 
Si estas imágenes son reproducciones ¿dónde están los originales? La vitrina del centro de la sala contiene la respuesta. Lady Orlando desarrolla sus ilustraciones en libretas de pequeño y mediano formato, aquellas que pueden transportarse en una mochila y trabajarse en cualquier lugar de la casa, el estudio o espacios exteriores. 
Acudir a la libreta como soporte de la imagen gráfica, dibujística o plástica, en ocasiones equivale a llevar el taller a donde se quiera. Siempre disponible, cualquier lugar se presta para desarrollar una imagen sugerida por los acontecimientos del ambiente, el tiempo vivido, aquellas imágenes que la conciencia no pide sino que le llegan en un momento inesperado. Una libreta en mano se vuelve fundamental cuando lo que desea plasmarse tiene que ver con las ensoñaciones y la fantasía. 
Considerar esto es importante ya que en la muestra se resalta la recurrencia de la autora a contenidos oníricos. Este término -lo mismo tratado por el arte, la literatura o la psicología- usualmente lleva una carga de nocturnidad. Los sueños son las experiencias de la vida mientras dormimos. Su contenido, su narrativa, su impresión en la psique se relaciona con la vida diurna llevada al campo de la actividad desbordante del soñador. 
Pero hay que reconocer que las ensoñaciones trascienden el terreno de la noche. Una caminata por la calle o el bosque, la charla con alguien conocido, la mirada extraviada en algún sitio siempre diferente a donde la imaginación se proyecta. Cada evento de la vida diurna puede ser un detonante de elementos libres, asociaciones inesperadas, sugerencias poéticas que, con la herramienta adecuada a la mano, se vuelve imagen, palabra o forma fácil de compartir con el simple despliegue del interior de la libreta diciendo: “mira”. 
Un sentido lúdico y pueril habita en las imágenes de la exposición. No solo se aprecia por esa curiosa y omnipresente característica de la ilustración de Orlando, que consiste en ovaladas mejillas de color en todos sus personajes. El rostro de la joven Ophelia (2009), trágicamente muerta y sumergida en el río tras caer de una rama (de acuerdo al relato de Shakespeare en Hamlet), parece aún con vida y plena de sentimiento con sus mejillas rosadas y la boca del color de las flores que adornan su cabello. 
El juego y la fantasía se manifiestan en los temas abordados, que sugieren su aparición motivados por la literatura y la naturaleza animada por vínculos entre personas y animales. Ejemplo de esto es El oso en mí (2011), Benjamin’s portrait (2009) y Doublespread (2010). Los corazones compartidos entre hombre y oso, corrientes abiertas entre el pájaro caído y el pecho de un joven, la mirada cándida de un lobo con cuerpo humano rodeado por un umbroso bosque. 
A pesar de la evidencia de la condición reproducida de la obra original, destaca la manera de trabajar de Orlando que involucra la dedicación que sólo da la disciplina y la constancia. Los claroscuros, lo abundante de los trazos pequeños para desarrollar texturas y superficies, sombras duras y suaves, dotan a cada imagen de una limpieza admirable que lo mismo funciona para la formalidad de caricatura o retrato realista. Y esto hace que cada imagen se adivine como resultado de una mezcla entre imaginación y conciencia. El contenido original, como lo dice el texto de sala, puede provenir de los sueños; pero la realidad de cada ilustración, de cada dibujo, proviene de la conciencia y el control total de la triada mente-ojo-mano. 
Y es que los sueños sólo adquieren su pleno sentido cuando son aprehendidos por la conciencia en vigilia. El misterio de lo onírico dura lo que mente tarda en revelar sus secretos y su lógica interna. 
El sentido original de lo que se denomina “ilustración” (al menos en la producción plástica) se refiere a lo que amanuenses y otros pintores antiguos desarrollaban. Ilustrar era –como puede adivinarse en la palabra- arrojar luz hacia las cosas para darles forma. La fuente lumínica era el fundamento de todas las superficies al dotarles de límites que imponían a la energía irradiada. Las sombras, ese campo donde la luz no llega, también constituyen elementos importantes para la conformación del mundo. Y así, entre el negro y el blanco, suceden todos los grises y los colores. Todo esto ya se sabía mucho antes que apareciera la palabra “colorear” que establece la diferencia entre delinear la forma y el vivificarle cromáticamente. 
Destinos privados representa ese lugar que habitan las formas que Orlando proyecta ilustrando desde la imaginación. Un lugar individual ubicado en libretas e influenciado por la literatura universal, el animé y otras formas de imaginación global que permean la cultura actual. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio. 
Diario Cambio de Michoacán. 
21 de septiembre 2013