miércoles, 17 de junio de 2009

*Rivera en las oposiciones entre pintura y arte conceptual

Arturo Rivera, portada del catálogo El rostro de los vivos (2000) y el Palacio de Bellas Artes, ciudad de México


Cierra la exposición Sombra Mirada de Arturo Rivera, presente en este Centro Cultural Clavijero, siendo su último día de apertura el domingo 14 de junio. Referiremos aquí algunos episodios relacionados con el pintor, los cuales pueden echar luz sobre las interacciones entre pintura y artes conceptuales a nivel de instituciones culturales en nuestro país.

En el año 2000, final o principio de milenio, según el enfoque, Arturo Rivera exponía en el Palacio de Bellas Artes, ciudad de México, El rostro de los vivos desde el mes de agosto. Esta exposición coincidió en tiempo y forma al “regreso formal” de Gabriel Orozco a nuestro país, exponiendo en el Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo. La avenida Reforma conectaba, de manera imprevisible, la simultaneidad de dos paradigmas artísticos contemporáneos en nuestro país, al mismo tiempo, coexistiendo. Rivera en la catedral de los centros expositivos mexicanos, donde el que se presenta encumbra su figura, Orozco en la basílica. El primero con la impronta pictórica y “retiniana” del arte, el segundo de raigambre duchampiana del ready-made, el ensamblaje, el objeto hallado y los registros de una acción.

Mientras la corriente del arte conceptual a la que pertenece Orozco cuenta actualmente con una vitalidad reconocible, aunque a decir de varias voces de la crítica de arte (como Avelina Lésper) no se ha renovado desde hace más de seis décadas, Rivera, en cambio, se constituye como una de las expresiones más vivas del paradigma pictórico del arte que había sido condenado a la muerte y desaparición en diferentes momentos del pensamiento filosófico y artístico desde el siglo XVIII con Hegel. Ya en el siglo XX Walter Benjamin cuestionaba la permanencia de la pintura como forma cultural, afirmando que “no tiene por qué siempre existir pintura”, dado que los grandes espacios históricos de tiempo se modifican junto con toda la existencia de las colectividades humanas, el modo y la manera de su percepción sensorial. Dada la inclinación que Benjamin advierte en su tiempo hacia las formas técnicas de la producción y reproducción de la obra de arte, especula acerca de la desaparición de la pintura como forma y objeto que habilita una recepción de obra individual; por otra parte, la masificación a la que se someten las manifestaciones artísticas conforme la historia avanza hacia las sociedades postindustriales, la recepción del arte se torna hacia lo colectivo, hacia la simultaneidad de numerosas percepciones que pueden conjuntarse en una sala de cine, por ejemplo, situación muy diferente a la contemplación de un cuadro en una sala de exposición.

Esta oposición de paradigmas, camino de Bellas Artes al Museo Tamayo, no pasó sin pena ni gloria, sobre todo atendiendo a eventos que sucederían en la gestión pública de las artes y las políticas culturales nacionales.

En aquella ocasión Rivera le contaba a la prensa su impresión de algunos artistas actuales: “La mayoría están mal informados. También fui joven; quemé un caballete en la calle de Mazatlán para decir que la pintura de caballete había muerto. Hay un hueco histórico entre los chavos ahora. Creen que pintar es como retrógrada. Pero pintar es lo más espiritual que hay dentro de las artes plásticas, bueno, esculpir, pintar o grabar, porque está la huella del hombre. Sin embargo, la postura de un instalador o de algún otro artista, por mucho talento que tenga, carece de una factura humana. Todo esto tiene una muleta que es la teoría. Para que puedas ver una cosa de éstas, te echan un rollo. Pero el arte no necesita muletas porque es un lenguaje visual que impacta y punto.”

En ese entonces el director del Museo Rufino Tamayo era Oswaldo Sánchez, cubano de origen pero radicado en México desde 1990, de clara inclinación hacia las formas conceptuales como la instalación, el video y el performance, no así a la pintura. Acababan de pasar algunos periodicazos que entre Rivera y Sánchez se lanzaban por estas diferencias ideológicas sobre el arte. En el 2001 se haría presentación del catálogo de la exposición El rostro de los vivos en el Palacio de Bellas Artes, pero fue cancelada por una presunta insuficiente labor de difusión por parte del INBA para convocar al acto. Por medio de Sara Bermúdez, entonces titular de la Comisión Nacional para la Cultura y las Artes, se dispuso que la presentación fuera en el mes de noviembre, teniendo como sede el Museo Rufino Tamayo. Oswaldo Sánchez fue “instruido” para llevar a cabo la presentación, a la cual se resistió, tenía que hacer de anfitrión a su oponente Rivera. Sánchez renunció al cargo de director del Museo argumentando que “la decisión de imponerle al Museo Tamayo una agenda a partir de prioridades improvisadas y decididas desde instancias superiores, sin considerar el criterio curatorial del museo y la especificidad de su propuesta, hace superflua mi labor de director y banaliza el proyecto intelectual que desde el profesionalismo de un equipo debería consolidar el prestigio de un museo”. Le sería imposible seguir con sus responsabilidades “bajo una dinámica de mando que contraviene mi ética profesional.”

La renuncia fue mal recibida por la comunidad cultural de la ciudad de México, entre quienes se encontraban Merry MacMasters, Teresa del Conde, Germaine Gómez Haro, Cuauhtémoc Medina, Olivier Debroise y José Manuel Springer; lamentaron la retirada, protestaron contra las causas que le llevaron a tal decisión, publicando su consternación en columnas y cartas en diarios de circulación nacional. Rivera se manifestó sorprendido por la renuncia, pero dijo más: “Me parece lamentable que un director de museo renuncie a su cargo por no tolerar que se lleve a cabo la sencilla presentación del catálogo de un pintor, de ninguna manera improvisada […] Me parece aún más lamentable que un director de museo pierda de vista que una de sus principales funciones es apoyar a los artistas comprometidos con su quehacer. Pierda de vista que es él quien pertenece al museo y no a la inversa. Y pierda de vista que la cultura (como decía Ortega y Gasset) es más un acto de bondad que de genio.”

Queremos resaltar este episodio como un síntoma de la oposición de la pintura con las formas conceptuales y cómo ello se manifiesta a nivel de suelo, fuera de la teoría, en la gestión de los museos y las relaciones institucionales con los artistas, de las relaciones entre las personas, sus diferencias, y de cómo ello participa de ciertas formas de poder y jerarquía, hoy vigentes en nuestro país.

Gabriel Orozco expondría su “anti-retrospectiva” en el Palacio de Bellas Artes en el 2006, ocupando toda la Galería Nacional, después de haber expuesto individualmente en la Feria de Arte Contemporáneo de España (ARCO). De esta manera, mientras adquiría su prestigio en el continente europeo y de cara al público y mercado mexicano, del otro lado del planeta, Arturo Rivera recibía el primer premio de la Bienal de Beijing, una de los certámenes emergentes más importantes en el continente asiático. Su obra, Arribo a Nueva York (2005).


*(Fragmento de conferencia Los ejercicios de la mirada en la obra de Arturo Rivera, 11 de junio de 2009)


Publicado en el suplemento Cambio de Letras

Diario Cambio de Michoacán

14 de junio 2009

domingo, 7 de junio de 2009

Panorámica de Enrique Ortega en el CCU

La pintura es arte romántica y, por esto, cuando es más ella es cuando realiza este aspecto: es cuando se apoya en el color (o mejor dicho en el tono) y cuanto más se limita a eso, más es pintura. La pintura responde más a lo emotivo o la intuición y al alma, y es por esto el arte plástico que está más cerca del momento de creación o inspiración."
Joaquín Torres García. Universalismo Constructivo

Enrique Ortega, profesor de la Escuela Popular de Bellas Artes, pintor y museógrafo (por ejemplo, participó de manera importante en el montaje de la muestra Sombra Mirada de Arturo Rivera en el Centro Cultural Clavijero), presenta cerca de 60 obras pictóricas en las dos galerías de exposición temporal del Centro Cultural Universitario.
Una de las particularidades de este edificio, dependiente de la Universidad Michoacana, consiste en la poca certeza que éste ofrece acerca de las posibilidades de ver las muestras que ahí se exhiben. Me explico: el miércoles 3 de junio no fue posible entrar a la exposición debido a un tipo de asueto o suspensión de actividades en la Universidad y, por tanto, las galerías no se encontraban abiertas.
El jueves, en cambio, tocó la ventura de poder conocer las pinturas exhibidas con la venia de las custodias que afanosamente vigilan los espacios de exposición. Fue una visita rápida, pero al volver el viernes al medio día, la sorpresa fue que las galerías nuevamente estaban cerradas.
En el piso superior encontramos a quien pudo abrir las galerías “al menos una hora”, tal como quienes deseábamos ver la muestra escuchamos decir a las señoras encargadas. Pasados cerca de 20 minutos, las puertas se abrieron, primero una sala y hasta después de salir de ésta se abrió la segunda. Hubo un pequeño malentendido en cuanto a una libreta y un bolígrafo: la custodia fue instruida para que no se permitiera el paso a ningún objeto, pero estaba dudosa acerca de la posibilidad con tales objetos, mucho más voluminosos que una mochila o bulto. Al final se aclaró todo, yo pude proseguir con mis notas, con la tranquilidad de proseguir el recorrido sin más apuro que el de nuestros propios ojos.
Lo anterior se relata para hacer notar que si bien el Centro Cultural Universitario es un recinto cultural importante, además de excelentemente ubicado, tiene sus propios problemas de funcionamiento que se traducen, al final, en una imposibilidad o dificultad por parte del visitante para acceder a la obra que ahí se exhibe. Al mismo tiempo, el expositor o expositora habrá de tener en cuenta las condiciones operativas del sitio donde exponga para contemplar el grado de aproximación que es posible desde el papel de observador.
No es poca cosa detenernos en este punto, pues como lo refirió el mismo Ortega al periodista Carlos F. Márquez, esta exposición muestra obras elaboradas en distintas etapas de su trayectoria y fueron reunidas para “reanudar el diálogo entre obra y espectador”. ¿Cómo poder reanudar diálogos semejantes con la obra de un artista que pasa directamente a manos de coleccionistas y comerciantes de arte, y que cuando dicha obra es reunida no puede ser vista porque las puertas de las galerías se encuentran cerradas, “porque no hay nadie que cubra” el turno?
Pero más allá del umbral de los portones, la actitud esperanzada y paciente se premia con la visión de productos de un pintor metódico y notablemente fincado en su actividad productiva, nutrida cotidianamente con el trabajo académico en el ramo de las artes visuales. En el aspecto general del montaje se respira sobriedad y moderación, en los motivos y manejo de materiales es visible una visión muy personal de la pintura y el oficio, como si fuera un refugio, un espacio íntimo. No hay presencia de nociones experimentales ni vanguardistas, esta pintura no critica el medio en el que se mueve, pero vive y lo hace bien, aquí el quehacer pictórico ha confeccionado objetos estables y sin cabos sueltos en su interior.
La mayoría de las obras oscilan entre los años 2000 y 2007, son predominantemente encaustos (pintura con cera), óleos y arenas. De esta última técnica encontramos, en la primera sala, Los Caminos. Resulta grato encontrar un cuadro así, trazado en tonos terregosos, con línea de horizonte y una incisión vertical en la parte inferior media. La referencia al paisaje, aunque no figurativa, es evocativa, sobre todo al utilizar arenas para un motivo “terrestre”. La elección de los materiales interviene directamente en la construcción del motivo de la pintura. Ello nos da el tono de la muestra: el énfasis se encuentra en los valores plásticos de cada pintura, no en conceptos ni narrativas. El motivo de la muestra no son los mensajes que transporta sino los objetos de los que se conforma.
Notable también es la estética de la ciudad presente en las pinturas de mediano formato también de la primera sala. Sólo la noche te recuerda (2007), Ciudad grande (2005) y El tiempo que pasa y Las primeras lluvias (2002) son piezas caracterizadas por escenas urbanas desdibujadas, vaporosas, solitarias, de perspectiva aérea y predominantemente verticales. Mientras que en la primera (hecha en óleo) la vista es nocturna, escena fría con destellos de amarillo, en las siguientes dos la luminosidad viene por efecto de la paleta de colores, pálidos con trazos de negro y otros matices leves, transparencias utilizadas variadamente y una superficie límpida como el encausto puede ofrecer. En la cuarta, los colores se acrecientan, los blancos y ocres conviven con rojos y azules, verdes...una ciudad más colorida, detrás de los nubarrones bajos que se espera se asienten con la precipitación pluvial. Con las primeras lluvias el ambiente urbano se limpia, pero no mientras no escampe.
En la segunda sala se concentran los pequeños formatos, de escenas mucho más íntimas. Escenario (2005) es un pequeño encausto sobre lino que no se conforma con su marco, sino que enmarca la escena a su vez con un margen cuadrado, acentuando la noción de encuadre, de espacio delimitado.
Finalmente, Cuando tú me dejes…yo me iré contigo (2003), escena lacustre de tono amoroso donde una figura humana roja se encuentra frente a un muelle y bote figurados esquemáticamente. La vieja promesa de los amorosos, donde tú vayas yo voy, delata este espacio privado que es el acto pictórico en Ortega, recordando un poco la noción del muralista José Clemente Orozco de que el arte se hace en soledad, pero ciertamente se nutre de las entendederas y querencias del pintor.
Finalizado el recorrido y dar las gracias a las custodias, escuchamos como aviso: “Se abre a las 4:00 otra vez”. Al salir de la galería, las puertas se cerraron a nuestras espaldas.

Publicado en el suplemento
Letras de Cambio
Diario
Cambio de Michoacán
7 de junio de 2009

lunes, 1 de junio de 2009

Acuarela serbia en el MACAZ

Aspecto de la exposición Serbia en la Acuarela Contemporánea y la obra Balcones, de Silva Vujovic


Agua soy que tiene cuerpo,

la tierra la beberá.

Jaime Sabines


Pigmento, goma arábiga y agua sobre papel. Esta es la constitución general de las acuarelas, obras que se discuten entre el dibujo y la pintura dependiendo, por ejemplo, de del criterio y las fuentes consultadas. De la Universidad de Guanajuato, Sara Carmen Valdés ubica la acuarela dentro de las técnicas de la pintura, según se puede ver en su libro De la Estética y el Arte. Pero desde otras latitudes, Antonella Fuga le destina un lugar particular entre las técnicas del dibujo en su diccionario de Arte sobre técnicas y materiales de la editorial Electa.

La acuarela es una técnica noble, accesible, pero engañosa (por su consistencia líquida y algo impredecible) y fugitiva. No puede rivalizar con otros medios como el aceite y el acrílico para la durabilidad y la longevidad, pero es una técnica de uso muy difundido en la historia del arte, en la educación artística básica y en la plástica contemporánea mundial, como puede verse en la exposición Serbia en la acuarela contemporánea recientemente inaugurada este viernes en el piso superior del Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce”.

En la inauguración hubo congratulaciones y agradecimientos de las directoras de los museos de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce y el Nacional de la Acuarela; con la contribución de diferentes funcionarios de la Secretaría de Cultura, el Campus Morelia de la UNAM y la Embajada de Serbia en México, el acto tuvo predominantemente un tono diplomático. Pero no reparemos en ello en esta ocasión, puesto que nuestro interés se dirige hacia la exposición, la cual ofrece mayor variedad formal de la que puede adivinarse por las imágenes visibles en invitaciones impresas para la muestra.

Todas las obras son recientes y de mediano formato, lo cual ofrece a la vista no sólo colores vivos y materiales frescos sino también homogeneidad en el montaje, el cual es limpio y austero. Hay obras de una nutrida variedad formal, desde lo figurativo hasta lo abstracto. Destacables son dos acuarelas de Zdravko Mandic, En la costa y En el río, en las que los colores fríos muy diluidos son utilizados para dar una atmósfera brumosa en un paisaje lacustre. El cielo es tratado con gradaciones muy leves de lavados de verde, azul, amarillo, rojo y violeta que sólo son visibles bajo una observación minuciosa. Los pescadores aparecen como figuras monocromas de hombros difuminados y abrigos hasta las rodillas en trazos muy limpios y uniformes. A su lado, dos obras más de Silva Vujovic, Balcones y Ruinas, en las que se esquiva lo dulce y amable de esta técnica al mostrar imágenes de desastre y desgaste arquitectónico. Escaleras, puertas, basura y óxido son tratadas con maestría combinando veladuras con el uso de colores sólidos y ocres. Particularmente los balcones dan una apariencia de ventas y puertas muy pequeñas contra lo macizo de un edificio firme y desgastado. La simetría de las figuras recuerda los edificios multifamiliares y de interés social que no son ajenos a nuestro país.

En la misma sala, de un carácter simbolista y místico encontramos cuatro obras de Laposava Milosevic Sibinovic-Lepa. La más firme es Ascensión, donde los colores son firmes y contrastantes entre los rojos de la figura central y el azul difuminado del cielo. Los otros tres cuadros muestran sin tapujos, símbolos y señales de tipo religioso en compañía de curiosas figuras acampanadas y femeninas (por los caracteres sexuales que se les agregan) que lo mismo arman estrellas en conjunto o miran por la cornisa de alguna plataforma.

Cercano a la estética del neoexpresionismo, Bojan Otasevic presenta Reflejo, donde los contrastes de color, semejantes a los de Sibinovic-Lepa (rojo y azul), evidencian un perfil masculino del lado derecho, pero escondiendo su alter ego delineado entre las masas de rojo del izquierdo.

Prescindiendo de la variedad cromática, encontramos Escena de atardecer de Jelena Salinic, un paisaje que juega con las gradaciones de negro y gris, concentrando irremediablemente la atención en una cabra de cuerpo rojo y sombra azul. Conforme vamos avanzando por la muestra las abstracciones van acrecentándose hasta llegar a obras como Izquierdo y Derecho de Bozidar Placinic. Aquí el papel ya no solo contribuye a la textura general de la imagen, sino que ha sido intervenido con un esgrafiado que raya en el intaglio (relieves profundos sobre la superficie del soporte) ofreciendo, además una figuración geométrica de blanco dominante sobre colores texturizados. La acrecentada humidificación del papel con la acuarela puede ocasionar que éste vaya presentando pliegues y ondulaciones evidentes a la observación (como se nota en estas obras), que no son efecto del deterioro sino que responden a las propiedades físicas de los materiales que habrán de ser aprovechadas por l@s artistas.

En este sentido pueden encontrarse dos obras plenamente abstractas: Escrituras luminosas de Ivana Bselica, que de la sombra a la luz y de la luz a la sombra intervienen colores dorados y brillosos que combinan su concentración acuosa con desgarres en el papel, agregando volumen a la planimetría de la superficie. Hay, sin embargo, dos obras que sobrepasan la integridad de la pintura y ofrecen algo más: Juego y Toque amarillo de Svezana Svecak, dos conjuntos de bolsitas de té de diferentes dimensiones y pintadas con acuarela, adheridas al papel mediante costuras de hilo de diferentes colores y acomodos. Estas son las obras más transgresoras de la bidimensionalidad de la técnica de la acuarela, rindiendo así honores al apellido de contemporáneo que tiene la muestra.

Esta exposición es buen motivo para traer a colación que actualmente hay una presencia significativa de la acuarela en la ciudad de Morelia. En las dos muestras De la vista…nace el artista ubicadas en el Centro Cultural Clavijero y la Arcada de la Casa de la Cultura encontramos algunas piezas realizadas por niñas y niños en esta técnica relacionadas con Francisco Toledo, Remedios Varo y Alfredo Zalce; para chic@s a grandes la acuarela puede cubrir aspiraciones creativas de manera sólida y expresiva.

Acuarelas infantiles en las muestras De la vista...nace el artista.


Publicado en el suplemento Letras de cambio

Diario Cambio de Michoacán

31 de mayo 2009