sábado, 21 de diciembre de 2013

La Mediación Educativa. Teoría y Metodología*


*Fragmento de la investigación “Arte Educación e Investigación Crítica 2008-2012”

La necesidad de amalgamar la teoría con la práctica indica una maduración del campo de la educación en los museos, que durante los años ochenta fue criticado por la ausencia de bases teóricas respecto a la educación. En la actualidad, educadores de museos de arte tienen acceso a diversas teorías sobre el aprendizaje así como también estrategias emergentes de enseñanza. 
Previo al desarrollo de conocimientos sobre cómo la gente aprende, educadores en museos enfocaron su atención en qué y cómo debían enseñar. La materia de trabajo pareció obvia en ese momento: la colección. Por tanto, las bases de enseñanza consistieron en prestación de programas educativos que elucidaban e ilustraban las obras de arte en los acervos del museo; en otras palabras, la información histórica del arte determinó los contenidos y las estrategias de atención a los públicos. 
Sin embargo, durante las décadas del 70 y 80 fueron integrándose paulatinamente elementos de teoría de la comunicación y psicología educativa con la finalidad de crear técnicas de enseñanza más efectivas e interactivas. Se desarrollaron estrategias interrogativas para estimular habilidades de pensamiento de acuerdo a las inteligencias múltiples de los visitantes al museo (atendiendo a los estudios de Howard Gardner en 1983), abordando no sólo las colecciones, sino también vías para producir experiencias significativas de los públicos a nivel individual. La distancia se hizo patente: mientras los educadores en museos enfocaban sus esfuerzos en la práctica del “qué y cómo” enseñar, investigadores procuraron identificar cómo las personas aprenden en los museos. 
En un artículo titulado Bridging the Theory-Practice Divide in Contemporary Art Museum Education (2005), Melinda M. Mayer ofrece un panorama de las estrategias de enseñanza en espacios museales y culturales, basadas en teorías educativas. 
1) El Constructivismo. Esta perspectiva ha ganado influencia en las últimas décadas, atendiendo a las investigaciones de John Dewey, Jean Peaget y Lev Vygotsky. La obra que aterriza esta perspectiva en el ambiente de la educación en museos es Learning in the Museum (1998) de George Hein. Sostiene que los visitantes construyen conocimiento haciendo conexiones entre sus vidas y los objetos que encuentran en los museos. Más precisamente, los significados que el visitante obtiene de su experiencia en el museo se encuentra determinada por las expectativas que éste guarda, y no tanto por las metas de los diseñadores de la exhibición. 
Dos prerrogativas esenciales del método constructivista: primero, el participante debe estar activamente comprometido en el proceso de aprendizaje. Y segundo, lo que se aprende debe confirmarse por el mecanismo propio del visitante para producir significado, no tanto por criterios disciplinares externos a éste. 
Un ejemplo de método para el aprendizaje en museos, desarrollado bajo la perspectiva constructivista, es el llamado “Estrategias de Pensamiento Visual” (VTS por sus siglas en inglés), planteado por Abigail Housen y Philip Yenawine. A través de una guía interrogativa, se busca estimular la habilidad del visitante para interpretar relaciones, contenido y significado de las obras de arte. La meta consiste en que las personas construyan una comprensión propia acerca de las obras. 
Housen y Yenawine conceptúan al visitante de museos (sea joven o adulto) como “observador principiante.” Reconocer lo que los observadores hacen de manera natural al interpretar imágenes, y contribuir a su “crecimiento” o “maduración” debe ser el objetivo del educador en museos al seleccionar secuencialmente diversas obras, empleando las preguntas adecuadas y facilitando una reflexión basada en la observación. Ello aporta al desarrollo de una “alfabetización visual” que puede transferirse a diversas esferas de la vida cotidiana y otras disciplinas, enriqueciendo la experiencia y abordaje del individuo respecto a su entorno. 
2) Modelo Contextual de Aprendizaje. La contribución doble de John Falk y Lynn Dierking al discurso sobre aprendizaje en un ambiente museal consistió en la elaboración de un método para el desarrollo de conocimiento que trasciende el objeto de arte y en la perspectiva que sostiene que los visitantes se involucran al ambiente del museo a través de un aprendizaje de libre elección. 
Como punto de partida, se reconoce en el visitante un empalme de contextos personal, sociocultural y físico. Los visitantes traen consigo al museo su contexto de experiencia personal. Mientras el museo presenta contenidos culturales, los visitantes asisten acompañados, en grupo (familia, amigos u otros), lo que establece un contexto sociocultural. El físico, en cambio, incluye la materialidad del edificio y sus elementos (desde el estacionamiento, la tienda, restaurante y baños, hasta las galerías). El aprendizaje en el museo, por tanto, es dirigido a través de las decisiones propias, motivaciones e intereses que suceden en la simultaneidad de estos tres contextos. En algunos aspectos, la noción de “enseñanza informal”, generalmente aducida a los museos como instituciones educativas, es suplantada por el concepto de “aprendizaje por libre elección”. 
3) La Teoría literaria. Más reciente y menos utilizada, fue desarrollada por Lisa Roberts en From Knowledge to Narrative (1997). Da la vuelta a la noción añeja de que el propósito de un museo es revelar información histórica a través del despliegue de objetos. Apunta a que el conocimiento impartido por un museo siempre ha sido una historia, y más: una historia oficial. Roberts sostiene que el aprendizaje ocurre cuando el visitante crea su propia narrativa basada en lo que ve. 
La interpretación es moldeada tanto por las experiencias de vida que el visitante trae consigo como por las obras mismas, y en esto el planteamiento es distinto al Constructivismo. Pero puede comprenderse como una derivación de la noción que dicta que “[…] es el lector y no tanto el autor quien determina el sentido de un texto”. 
Aunque no plantea estrategias concretas, Roberts llama la atención acerca de que las narrativas oficiales, institucionales, a través de los museos no se encuentran completas, lo cual abre un panorama para la práctica de la enseñanza con una participación más activa por parte del visitante del museo. Esta perspectiva guarda correspondencia con el desarrollo de “nuevas historias del arte” como Visual Theory: Painting and Interpretation (1991) de Keith Moxey y, para el caso de nuestro país, los cuatro tomos de Hacia otra historia del arte en México (2003) publicado por Curare y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio 
Diario Cambio de Michoacán 
9 de noviembre 2013

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