sábado, 21 de septiembre de 2013

Imaginar e ilustrar. Los destinos de Lady Orlando.

Obra incluida en la muestra Destinos privados de Lady Orlando. 
11 de septiembre al 20 de octubre, sala Efraín Vargas. Casa de Cultura, Morelia. 

Las apariencias engañan. Dentro de una exposición sencilla (en sus contenidos y su montaje) pueden encontrarse gratas sorpresas. Digo esto concretamente sobre la muestra Destinos Privados de Lady Orlando que por estos días se ubica en la sala Efraín Vargas de la Casa de la Cultura, en Morelia. 
A primera vista, se trata de una exposición de dibujos que, si se observa con cuidado, en realidad se compone de reproducciones digitales. Una pieza específica –Ocean of tears- delata el conjunto de imágenes puesto que el pixelado se hace evidente en la falda de una mujer que llora sobre un mar en el que navega un barquito de papel. El cabello se corona con la circunferencia del sol que agita sus rayos con la misma intensidad de las olas en la parte inferior. 
Si estas imágenes son reproducciones ¿dónde están los originales? La vitrina del centro de la sala contiene la respuesta. Lady Orlando desarrolla sus ilustraciones en libretas de pequeño y mediano formato, aquellas que pueden transportarse en una mochila y trabajarse en cualquier lugar de la casa, el estudio o espacios exteriores. 
Acudir a la libreta como soporte de la imagen gráfica, dibujística o plástica, en ocasiones equivale a llevar el taller a donde se quiera. Siempre disponible, cualquier lugar se presta para desarrollar una imagen sugerida por los acontecimientos del ambiente, el tiempo vivido, aquellas imágenes que la conciencia no pide sino que le llegan en un momento inesperado. Una libreta en mano se vuelve fundamental cuando lo que desea plasmarse tiene que ver con las ensoñaciones y la fantasía. 
Considerar esto es importante ya que en la muestra se resalta la recurrencia de la autora a contenidos oníricos. Este término -lo mismo tratado por el arte, la literatura o la psicología- usualmente lleva una carga de nocturnidad. Los sueños son las experiencias de la vida mientras dormimos. Su contenido, su narrativa, su impresión en la psique se relaciona con la vida diurna llevada al campo de la actividad desbordante del soñador. 
Pero hay que reconocer que las ensoñaciones trascienden el terreno de la noche. Una caminata por la calle o el bosque, la charla con alguien conocido, la mirada extraviada en algún sitio siempre diferente a donde la imaginación se proyecta. Cada evento de la vida diurna puede ser un detonante de elementos libres, asociaciones inesperadas, sugerencias poéticas que, con la herramienta adecuada a la mano, se vuelve imagen, palabra o forma fácil de compartir con el simple despliegue del interior de la libreta diciendo: “mira”. 
Un sentido lúdico y pueril habita en las imágenes de la exposición. No solo se aprecia por esa curiosa y omnipresente característica de la ilustración de Orlando, que consiste en ovaladas mejillas de color en todos sus personajes. El rostro de la joven Ophelia (2009), trágicamente muerta y sumergida en el río tras caer de una rama (de acuerdo al relato de Shakespeare en Hamlet), parece aún con vida y plena de sentimiento con sus mejillas rosadas y la boca del color de las flores que adornan su cabello. 
El juego y la fantasía se manifiestan en los temas abordados, que sugieren su aparición motivados por la literatura y la naturaleza animada por vínculos entre personas y animales. Ejemplo de esto es El oso en mí (2011), Benjamin’s portrait (2009) y Doublespread (2010). Los corazones compartidos entre hombre y oso, corrientes abiertas entre el pájaro caído y el pecho de un joven, la mirada cándida de un lobo con cuerpo humano rodeado por un umbroso bosque. 
A pesar de la evidencia de la condición reproducida de la obra original, destaca la manera de trabajar de Orlando que involucra la dedicación que sólo da la disciplina y la constancia. Los claroscuros, lo abundante de los trazos pequeños para desarrollar texturas y superficies, sombras duras y suaves, dotan a cada imagen de una limpieza admirable que lo mismo funciona para la formalidad de caricatura o retrato realista. Y esto hace que cada imagen se adivine como resultado de una mezcla entre imaginación y conciencia. El contenido original, como lo dice el texto de sala, puede provenir de los sueños; pero la realidad de cada ilustración, de cada dibujo, proviene de la conciencia y el control total de la triada mente-ojo-mano. 
Y es que los sueños sólo adquieren su pleno sentido cuando son aprehendidos por la conciencia en vigilia. El misterio de lo onírico dura lo que mente tarda en revelar sus secretos y su lógica interna. 
El sentido original de lo que se denomina “ilustración” (al menos en la producción plástica) se refiere a lo que amanuenses y otros pintores antiguos desarrollaban. Ilustrar era –como puede adivinarse en la palabra- arrojar luz hacia las cosas para darles forma. La fuente lumínica era el fundamento de todas las superficies al dotarles de límites que imponían a la energía irradiada. Las sombras, ese campo donde la luz no llega, también constituyen elementos importantes para la conformación del mundo. Y así, entre el negro y el blanco, suceden todos los grises y los colores. Todo esto ya se sabía mucho antes que apareciera la palabra “colorear” que establece la diferencia entre delinear la forma y el vivificarle cromáticamente. 
Destinos privados representa ese lugar que habitan las formas que Orlando proyecta ilustrando desde la imaginación. Un lugar individual ubicado en libretas e influenciado por la literatura universal, el animé y otras formas de imaginación global que permean la cultura actual. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio. 
Diario Cambio de Michoacán. 
21 de septiembre 2013

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