sábado, 10 de agosto de 2013

El 6 de agosto de Andy Warhol


El 6 de agosto pasado se cumplieron 85 años del natalicio de Andy Warhol, artista norteamericano sobre el cual se han escrito ríos de palabras, especulaciones de farándula, análisis estéticos, construcciones teóricas, definiciones estilísticas. Críticas mordaces, admiraciones irracionales. Considerado como el creador del Pop Art, en realidad formó parte de un grupo de autores que desde los años 60 forjaron una tendencia artística abandonando cualquier perspectiva solemne, dedicándose a los aspectos del cotidiano, la modernidad de la vida urbana, los medios de comunicación, las estrellas del cine y la música, entre otras cosas. 
Sobre esta palabra –el Pop- se ha especulado acerca de su sentido, tanto como una reducción de la palabra “popular” para referirse a su proclividad hacia la cultura de masas, como una referencia al sonido de una burbuja (de jabón o de chicle) al reventarse. Lo cierto es que adquiere una connotación muy concreta cuando se le relaciona con algunas frases célebres de Warhol, como aquella donde afirma que “en el futuro todo el mundo será famoso por 15 minutos.” Su celebridad duró mucho más que eso, pero parece que adelantaba el papel preponderante de los medios de comunicación y el impacto de los espectáculos en la vida de la población, donde germinan poderosamente los deseos de éxito, fama y riqueza. 
A pesar de ser reconocido como un “genio” a nivel internacional, su trabajo no siempre fue bien recibido a pesar de sus éxitos comerciales. Se le apreciaba como frívolo, banal, fácil, interesado en agradar, básicamente acomodándose a la formación de un mercado para la acumulación de dinero. Además, impersonal, pues se adscribió a una prerrogativa “duchampiana” donde el artista no aporta ya el trabajo sobre la obra, sino la idea que bien otros pueden ejecutar por él. Lo suyo no fue la pintura ni la escultura, sino la serigrafía, la fotografía y el cine. Es decir, medios principalmente relacionados con la industria antes que con los procedimientos tradicionales. 
Su nombre fue Andrej Warhola Jr. y nació en Pittsburgh, Estados Unidos, en 1928. Hijo de un matrimonio eslovaco que emigró separadamente desde 1914 y hasta 1921. Como muchos otros migrantes de entonces, su padre era un obrero dedicado a jornadas en minas de carbón. Estados Unidos vivía la gran depresión económica, de la cual saldría airoso tras las dos guerras mundiales. La recuperación de la economía, de la productividad y la pujante intromisión de ese país en aspectos internacionales coincidió con la maduración de Warhol al tiempo que se forjaba una cultura global que éste se encargaría de potenciar. En los años 60 las exposiciones que lo colocaron en el foco de atención de medios, críticos y artistas, se componían de lienzos estampados con botellas de Coca-Cola, latas de sopa Campbell’s y cajas de jabón Brillo. 
Con aproximadamente 32 años, su estilo personal ya se definía con el espíritu de la época. Algo nihilista, vestido de negro, siempre con anteojos oscuros, parco en su hablar –sus entrevistadores hablaban más que él cuando aparecía en televisión- con un extraño y plano comportamiento. Hablaba casi sin mover la boca, la voz baja y arrastrada, diciendo un “ammm…” antes de decir cualquier frase. Consulto videos de sus entrevistas en la red y su actitud me molesta, está como “ido” a pesar de aquella lucidez que se le apreciaba en su tiempo, y aún hoy. 
Pablo Helguera, entrevistado para la agencia web Artishock, narra un episodio: “Warhol tuvo una exposición en Filadelfia en 1965. Ya era ya muy famoso y asistió una cantidad impresionante de gente a la inauguración, a niveles ya peligrosos, tan peligroso que el museo tuvo que quitar los cuadros porque la muchedumbre los iba a dañar, no porque quisieran sino porque eso era un rave impresionante. Warhol, en su autobiografía, retoma este momento increíble en el que llega con sus amigos y no está la obra pero todo mundo está ahí. Un opening sin obra. ‘Nosotros somos el arte’, pensó Warhol. Ese es un momento crucial en el que ya se cumple completamente esa migración de pasar del objeto a la persona…” es decir, de la consideración del arte como rito y vínculo social, no tanto como la producción de objetos. 
Es así que se comprende importancia de la vida social y las relaciones públicas en la trayectoria de Warhol. Fiestas, mercadotecnia, edición de revistas, producción de discos, cómics, su interés por conocer estrellas de la farándula, estampando sus imágenes y tratándoles como lo que son para la cultura contemporánea: imágenes, íconos, no tanto personas reales. El crítico Simon Schama, en su serie The Power of Art reconoce este “facilismo” que se experimentaba en la década de 1970 desde Londres: “Era época de diversión, Andy Warhol, Rosenchrist, Lichtenstein, glamur y color, mientras escuchábamos rock y nos drogábamos […] La idea de que el arte debe ser solemne era repugnante, casi como ser obligado a ir a la iglesia.” 
Alguna vez vi una entrevista del filósofo mexicano José Luis Barrios donde afirmaba que en la redefinición del lenguaje en las artes durante el siglo XX, Warhol fue el único que entendió la importancia de incluir en el repertorio representacional elementos de la producción industrial, la cultura de la imagen y los objetos de consumo. El artista declaraba en su tiempo que le admiraba el efecto que ejercía el consumo en términos de igualdad, equiparando el refresco de cola que bebe un mendigo, una señora acaudalada y el presidente de Estados Unidos. Todos son diferentes, pero el refresco es el mismo: ninguno es mejor que otro, y este consumo nos coloca a todos en el mismo terreno. 
Al posicionar la producción artística en este planteamiento “democratizador” se generaron muchas contradicciones y aspectos complejos que desde la muerte de Warhol no se han desplazado de los debates. Tal vez porque las artes así planteadas pertenecen a la misma problemática utopía que la democracia: realidades que se desean pero que casi nunca se alcanzan de facto, provocando en cambio un desequilibrio jamás deseado. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
10 de agosto 2013

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