sábado, 1 de junio de 2013

Ambigüedad y retratos familiares al cubo



Los retratos familiares involucran una tradición muy antigua donde estos núcleos sociales realizan registros, cortes de actualidad sobre el número de sus miembros, el estado general de los rostros y las personalidades. Quiénes son, quiénes estaban en un tiempo concreto, quiénes ya se habían ido, quiénes estaban por venir. Las familias son cruces temporales donde convergen varias generaciones. Un retrato grupal calla las historias que le animan. Para conocerlas, requerimos de la comparecencia de sus protagonistas y testigos, de sus relatos íntimamente comprometedores. 
La Galería El Clavo, en la planta superior del cine alternativo Tortugajirafa (Valentín Gómez Farías 265, Centro, Morelia), presenta la exposición de gráfica Retrato Familiar3, colectiva derivada de la asignatura Gráfica de Gran Formato cursado por alumnos de la Facultad de Artes de la Universidad Michoacana, coordinados por la artista gráfica Ioulia Akhmadeeva. Esta es la segunda sede de la muestra, originalmente montada en el Centro Cultural Antiguo Colegio Jesuita de Pátzcuaro, el pasado mes de enero. 
La obra exhibida se basa en la configuración de un retrato grupal a partir del diseño de personajes que integran una familia. Cada participante se responsabilizó de un personaje, de elaborar su perfil, inventarle una historia, relacionarle con los demás miembros y determinar su aspecto. Al final se reunieron todos los relatos, se conformó la historia de la familia y se procedió a realizar los grabados en placas de madera. Se imprimieron en el taller de producción gráfica del Antiguo Colegio y se elaboraron los cubos que componen los cuerpos de cada personaje. 
Un aspecto que conviene comentar, periférico en sí a la misma producción de obra gráfica para elaborar esta instalación, es la estructura narrativa que sostiene el argumento de la muestra. La estructura de familia tradicional encuentra su base en la simple consecución de generaciones que van de los abuelos, pasan por los padres y madres, y termina en los hijos. Pero esta es una familia extendida en un sentido que usualmente no se reconoce: cuatro hijos, el padre y la madre, sus amantes y dos abuelos. 
Es decir, una familia no-tradicional donde una mujer independiente y emprendedora conoce en la playa un pescador que gustaba de recoger cosas traídas por el mar y que escapó de todo su pasado al dejarlo todo salvo su nombre, Renato. Ellos son padres de María, calentana de cuarenta y ocho años. Atractiva, apartada de su marido amargado, amorosa con sus hijos y entretenida con su amante (un chulo jugador, transportista y padre de 19 hijos no reconocidos); goza de su gran familia y del escándalo de sus travesuras, de la falta de control. 
Damián Pérez, el padre de los niños, es un agotado oficinista sin sueños ni propósitos. Su puente amoroso está roto, la relación con sus hijos no está clara, siendo rebasado en esa presencia masculina por su suegro. Su amante “Manzanita verde” es una trabajadora de medio tiempo en un almacén de carnes frías que gusta de arreglarse para sus “amiguitos pasajeros”, entre los cuales está Damián, a quien ve como feo y enojón, pero aun así decide acompañarse de él dos veces por semana. 
Las niñas son las hijas mayores, ambas inteligentes, soñadoras, veloces para correr y cercanas de sus abuelos. Los dos más pequeños son algo más complicados: uno decididamente chillón y egoísta que sueña encontrar a la cigüeña para que se lleve de regreso al hermano menor, Víctor, que en realidad es callado: pocas palabras pero muchas acciones. Los cuatro notan la realidad de sus padres: pero hay quien se confunde porque tiene dos papás y dos mamás, y hay quien sabe que no debe hablar de ese señor que no es su padre y le da 50 pesos cada semana. 
La narrativa subyacente a cada personaje ha terminado por revelar la realidad social de la cual emanan estos jóvenes autores y las generaciones que crecimos con la descomposición real de las familias ideales y sus proyecciones imaginarias. La familia compacta e inmutable es una realidad que sucede muy escasamente y de manera suficientemente forzada como para ser un caldo de cultivo de insatisfacciones y soluciones parciales. La imaginación desbordada en Retrato Familiar3 resuelve en el relato los problemas íntimos que se viven en sociedad. Y el montaje de esta familia se encuentra libre en la sala de exposición para que los visitantes jueguen con esta realidad. Se propone como una exhibición interactiva donde cabezas, pies y torsos de los personajes pueden intercambiarse y estructurar nuevos personajes. 
Levantando los cubos, dándoles vuelta, recorriendo sus caras, se descubren frases extraídas de la tradición popular, refranes que vinculan toda esta producción gráfica con aspectos morales y previsiones de carácter. Cría cuervos y te sacarán los ojos. Quien con niños duerme amanece mojado. El que con lobos anda a aullar se enseña. Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Cuerpo dormido cuerpo perdido. El que calla otorga. Y uno que otro albur tradicional por ahí. 
Esta es la ambigüedad propia que establecen los relatos familiares con sus aspectos superficiales ordenados y ordinarios, y que tras descubrir las historias subyacentes a los retratos trastocan la normalidad, delatan las complejidades, desdoblan las historias privadas. En este sentido, la asignatura de Gráfica de Gran Formato que cursaron Gabriel Andrade, Vianey Goretti, Gilberto Abundiz, Cristhian Soto, Alejandra Ambriz, Esperanza Garibay, Claudia Camacho, Heidi Rodríguez y Evelia Mora dio como resultado una exposición de gráfica expandida, una aplicación contemporánea para trasladar el grabado de los muros hacia otros espacios más propositivos, expandiéndose además a contextos que involucran no sólo la visualidad de los visitantes al lugar, sino los marcos familiares sobre los que se estructuran los vínculos personales. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio 
Diario Cambio de Michoacán 
1 de junio 2013

1 comentario:

  1. WOW, quedó muy bueno y completo este texto. Gracias

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