lunes, 24 de junio de 2013

Cavilaciones. Sexualidad y visualidad.

Nos encanta el chisme y el cotilleo. Las historias de cama, aventuras, faldas y pantalones animan las sobremesas, los espacios de intimidad entre amistades; reaniman los temas que habíamos pensado concluidos e interesan a los aburridos con la pusilánime cotidianidad. El sexo no solo vende: también divierte, entretiene. 
Una tendencia muy interesante (y que nutre los debates) es aquella que desde hace tiempo va minando el entretenimiento familiar con una cultura cada vez más abiertamente erotizada. La televisión y la música pop para jovencitos aborda cada vez con menos empacho el erotismo de las mujeres mayores de la familia, las inquietudes adolescentes con sus experimentos corporales y la vida sexual secreta de los hombres que prácticamente ya se toma como un hecho. Es la medida a partir de la cual se mide a un varón: si es un macho patán igual a todos o si en algo es diferente. La cultura visual (que abarca los medios y más allá) delata la diversificación declarada de formas de vida e interacciones entre las personas y con su propio cuerpo que el pudor conservador suele cubrir con un manto de discreción y secrecía. 
Hay quienes consideran que la lectura sexual de las obras de arte (y de la vida de artistas) revitaliza la Historia del Arte, generalmente mocha y más bien producida en un tono académico solemne. Por eso se busca en obras antiguas las imágenes de bestialismo y sodomía en ánforas griegas, el desenfrenado y despreocupado ejercicio de los placeres romanos en los muros de Pompeya. Por eso se especula sobre la posible homosexualidad de Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci; también sobre las perversiones de Egon Schiele y la bisexualidad de Frida Kahlo. ¡Qué estimulante es pensar que Vincent Van Gogh se cortó una oreja no porque una prostituta se lo pidiera sino porque estaba fuera de sí la noche en que decidió alejarse de Paul Gauguin! – Esto desprendido de la interpretación de Simon Schama. En toda biografía artística se buscan amantes y aventuras de alcoba, escándalos públicos y amores que matan (esos que nunca mueren). 
La sexualidad forma parte de nuestro comportamiento cotidiano, se involucra con el ejercicio de nuestra libertad. La diversidad sexual puede entenderse como la proliferación de comportamientos diferentes, de grandes masas procurando vivir con la mayor libertad posible. Y la libertad requiere de creatividad para desarrollar sus formas. La sexualidad también, pues es una obra propia, una creación personal: el sexo es una posibilidad de vida creativa. Esto lo negará quien prefiera vivir su intimidad bajo los valores que socialmente ha heredado sin cuestionarlos, actitud que por demás hace del placer y el deseo una fatalidad. Tarde o temprano encontrará el aburrimiento, el tedio. 


En la producción visual contemporánea se manifiesta la sexualidad, a veces de manera explícita, otras ocasiones echando mano del poder evocativo de la sugerencia, la metáfora. De Tracy Emin pueden contarse tanto su instalación descarada de una cama de sábanas deshechas y sucias, preservativos usados, desperdigados sobre el suelo como si fueran moronas de un pan salvajemente devorado; así como aquel grabado que más que una imagen muestra una frase que reza “No me cojas solamente. Ámame, ámame, ámame, ámame.” Felipe Ehrenberg desarrolló una serie de dibujos a pluma y tinta modificadas digitalmente avocados a mostrar la mirada del amante, que en la perspectiva de los cuerpos abarca ambos vientres, los sexos anudados, las carnes plegadas por hambrientas posiciones. El planteamiento práctico de esta serie titulada Crónica de un sueño (2008) puede verse en la película Crime Delicado (2005), donde dibujar a la modelo implica acostarse con ella y dibujar con una mano mientras con la otra y el resto del cuerpo se hunde en el juego del sexo. 


Recurriendo a una referencia velada pero poderosamente excitante –la cual ya hemos referido en este espacio en ocasión anterior-, Janitzio Rangel pinta en Homenaje a Katsushika Hokusai (2011) una ola que remonta y trasciende el borde de una bañera roja como la sangre y patas decoradas. En la escena no hay cuerpos presentes, pero la flacidez y humedad propias de un pulpo fuera del agua recuerda el goce de los cuerpos resbalosos y brillantes cuando se juntan desnudos, regodeándose y enjugándose entre sí. El agua turbia es como la carne trémula: se mueve y agita, salpica y termina por desbordar cualquier límite contenedor. El ejercicio del deseo –ejercicio como parte de una cultura del cuerpo, no es fortuita la coincidencia- bien puede hundirse en una bañera, lo cual representa bien en el imaginario las noches de intimidad erótica; hacer “suciedades” en la ducha, confundir los sudores con el agua, hacer olas, mojar el suelo. Todo esto detona la escena construida por Rangel. 


La diversidad de obras adscritas a una imaginería del cuerpo y sus posibilidades, trascendiendo la plataforma de penetraciones y tantos otros goces genitales, tocando las vivencias de apariencias, ficciones y seducciones cotidianas, desborda cualquier columna de opinión. No se trata estrictamente de una cultura artística obsesionada con el sexo, sino con la dimensión creativa de la intimidad hecha pública. 
La creciente apertura de la diversidad sexual contenida en ese acrónimo denso y prolífico que dice LGBTTTI (lésbico, gay, bisexual, transexual, trasvesti, transgénero e Intersexual) despliega sus formas a partir de códigos visuales y de comportamiento, formas de relación y vínculos afectivos posibles. Donde muchos y muchas ven la conformación social de la perversión, puede advertirse la necesaria creatividad vital como consecuencia de lo asfixiante que ha resultado la moral conservadora. 
La diversidad sexual, contrario a lo que se piensa comúnmente, no implica irremediablemente el deterioro de la heterosexualidad ni la monogamia. Al contrario, revela lo fundamental del derecho a decidir, a disipar las dudas que nos permitan vivir con plenitud, con placer. Ser felices. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio 
Diario Cambio de Michoacán 
22 de junio 2013

sábado, 8 de junio de 2013

Lo propio y lo ajeno entre colores, líneas y monitos



El pasado martes 4 de junio se presentó en la Escuela Popular de Bellas Artes la Guía de Aplicación para el Programa de Artes Plásticas Infantil Entre colores, líneas y monitos del pintor José Ángel Pahuamba Velázquez. Fue la presentación formal del proyecto publicado como parte del Programa de Coinversiones para la Producción Artística del Sistema Estatal de Creadores, Secretaría de Cultura de Michoacán. A ésta le seguirán otras, pero en contextos hacia los cuales se dirige la aplicación de este método: las comunidades indígenas en el estado. 
Se trata, como lo ha explicado el mismo Ángel Pahuamba, de una metodología de educación, un “apoyo didáctico a los profesores o personas interesadas en difundir el arte y la cultura entre la población infantil.” Y particularmente a niños y niñas de comunidades indígenas, las cuales reconoce el autor –tanto en la introducción del texto como en las notas de prensa- como mayoritariamente aisladas y relegadas a un segundo plano en cuanto educación y servicios, poseedoras sin embargo de una riqueza cultural, ritos sociales y costumbres invaluables. 
El libro plantea de inicio una problemática educativa muy vigente, vinculada de manera profunda con la forma en que se puede pensar al sujeto dentro del proceso de aprendizaje en general, pero de las artes plásticas en particular. Pahuamba lo describe inmejorablemente: con esta guía se pretende que el niño “tome conciencia y se descubra como sujeto activo, asumiendo una nueva tarea o actividad liberadora, contraria a la concepción que se tiene de la educación para las comunidades, donde el individuo es un depósito vacío que va siendo llenado por pedazos del mundo dirigido por otros, imágenes ajenas, residuos de residuos con los que se pretende crear contenidos de conciencia, sin respetar la cultura propia.” 
El énfasis del taller que se plantea en este método, por tanto, no se concentra en hacer de los niños artistas, sino formar sujetos activos con identidad, con claridad de su realidad inmediata y una capacidad sensible que también aporte a su inteligencia, medio indiscutible e irrenunciable para interactuar con su comunidad y el entorno. 
No es fortuito que la primera unidad se dirija al autodescubrimiento y que tome como estrategia práctica el ejercicio del dibujo. Éste requiere de aplicar el pensamiento abstracto para advertir y seleccionar los rasgos que nos definen como personas para comunicarlos después; también para observar y reconocer lo que nos rodea y representarlo a través de recursos simples como puntos, diferentes tipos de línea y gradientes de grises. Primero una aproximación a la casa, luego a las cosas, después al rostro, enriquecidamente visible a través de la composición. La pregunta “¿quién soy?” rige las primeros nueve ejercicios. 
En la siguiente unidad se explora el medio de la pintura, y la mirada se vuelca sobre el entorno. La mirada al paisaje se va construyendo en todas sus posibilidades al aparecer la perspectiva, la relación entre los colores y su mezcla, la pintura con efectos visuales y los materiales adheridos para confeccionar una pintura matérica, texturas táctiles fuera de todo efectismo. La figuración del ambiente va desarrollándose a la par que la alternativa de la abstracción. 
La tercera unidad inicia con ejercicios de composición con diferentes figuras de papel sobre cartón que permiten jugar e imaginar diferentes maneras de acomodar cada cosa, abarcando las decisiones creativas toda la superficie de un papel libre y receptivo a los deseos de cada niño y niña. Estas actividades complementan las actividades de dibujo y pintura de unidades anteriores para proponer, al fin, un abordaje propio a una historia familiar: un relato de los abuelos. Darle imagen a una historia que les sea próxima y les comprometa afectiva y cotidianamente. 
Finalmente, la cuarta unidad (titulada “así jugamos las niñas y los niños”) se destina a la escultura y la quinta (“nuestras costumbres”) a productos concretos con temática regional. Este programa no surge de algo parecido a una confección ideal de cómo podría ser un taller para niños en comunidades indígenas. Éste ya se ha aplicado en la localidad de Cherán, de donde Pahuamba es originario, y en la ciudad chilena de Valparaíso durante el Forum Universal de las Culturas 2010. 
Un detalle compartido por Ángel durante la presentación de la guía: el método está dirigido a permitir una autonomía tal que este taller ya ha sido impartido por dos de los niños que participaron en su primera aplicación en Cherán, justo en la coyuntura de la temporada más violenta sufrida por ese pueblo p’urhépecha y su consecuente declaratoria de autonomía política y cultural. Esos dos niños y una madre aplicaron el método como una forma de reintegrar a círculos pequeños a la defensa de lo propio, empezando por la imaginación y su despliegue gráfico y plástico como resistencia a la violencia, a sus graves consecuencias en los más pequeños de una comunidad convulsionada. 
La guía se plantea como un proyecto autogestivo que a través de presentaciones en Cherán y otras poblaciones indígenas, varias que se encuentran en puerta, permita transmitir el método mediante capacitación a personas interesadas en hacer talleres en cada lugar, que hagan suyo el método y se vaya extendiendo su aplicación. Hay que ver aquí un interés genuino de apropiación de la fuente de contenidos estéticos que acompañe al proceso por la defensa de la cultura propia, los usos y costumbres, los bosques, la organización entre personas mayores y jóvenes, hombres y mujeres. 
Finalmente lo más valioso de este método es que se aprecia un esfuerzo auténtico por ofrecer la oportunidad de aprender a aprender, a sentir y reconocer lo propio para distinguirlo de lo ajeno, eso que también en ambientes metropolitanos nos aqueja tanto y sin darnos cuenta. 

Publicado en el suplemento Letras de Cambio 
Diario Cambio de Michoacán 
8 de junio 2013

sábado, 1 de junio de 2013

Ambigüedad y retratos familiares al cubo



Los retratos familiares involucran una tradición muy antigua donde estos núcleos sociales realizan registros, cortes de actualidad sobre el número de sus miembros, el estado general de los rostros y las personalidades. Quiénes son, quiénes estaban en un tiempo concreto, quiénes ya se habían ido, quiénes estaban por venir. Las familias son cruces temporales donde convergen varias generaciones. Un retrato grupal calla las historias que le animan. Para conocerlas, requerimos de la comparecencia de sus protagonistas y testigos, de sus relatos íntimamente comprometedores. 
La Galería El Clavo, en la planta superior del cine alternativo Tortugajirafa (Valentín Gómez Farías 265, Centro, Morelia), presenta la exposición de gráfica Retrato Familiar3, colectiva derivada de la asignatura Gráfica de Gran Formato cursado por alumnos de la Facultad de Artes de la Universidad Michoacana, coordinados por la artista gráfica Ioulia Akhmadeeva. Esta es la segunda sede de la muestra, originalmente montada en el Centro Cultural Antiguo Colegio Jesuita de Pátzcuaro, el pasado mes de enero. 
La obra exhibida se basa en la configuración de un retrato grupal a partir del diseño de personajes que integran una familia. Cada participante se responsabilizó de un personaje, de elaborar su perfil, inventarle una historia, relacionarle con los demás miembros y determinar su aspecto. Al final se reunieron todos los relatos, se conformó la historia de la familia y se procedió a realizar los grabados en placas de madera. Se imprimieron en el taller de producción gráfica del Antiguo Colegio y se elaboraron los cubos que componen los cuerpos de cada personaje. 
Un aspecto que conviene comentar, periférico en sí a la misma producción de obra gráfica para elaborar esta instalación, es la estructura narrativa que sostiene el argumento de la muestra. La estructura de familia tradicional encuentra su base en la simple consecución de generaciones que van de los abuelos, pasan por los padres y madres, y termina en los hijos. Pero esta es una familia extendida en un sentido que usualmente no se reconoce: cuatro hijos, el padre y la madre, sus amantes y dos abuelos. 
Es decir, una familia no-tradicional donde una mujer independiente y emprendedora conoce en la playa un pescador que gustaba de recoger cosas traídas por el mar y que escapó de todo su pasado al dejarlo todo salvo su nombre, Renato. Ellos son padres de María, calentana de cuarenta y ocho años. Atractiva, apartada de su marido amargado, amorosa con sus hijos y entretenida con su amante (un chulo jugador, transportista y padre de 19 hijos no reconocidos); goza de su gran familia y del escándalo de sus travesuras, de la falta de control. 
Damián Pérez, el padre de los niños, es un agotado oficinista sin sueños ni propósitos. Su puente amoroso está roto, la relación con sus hijos no está clara, siendo rebasado en esa presencia masculina por su suegro. Su amante “Manzanita verde” es una trabajadora de medio tiempo en un almacén de carnes frías que gusta de arreglarse para sus “amiguitos pasajeros”, entre los cuales está Damián, a quien ve como feo y enojón, pero aun así decide acompañarse de él dos veces por semana. 
Las niñas son las hijas mayores, ambas inteligentes, soñadoras, veloces para correr y cercanas de sus abuelos. Los dos más pequeños son algo más complicados: uno decididamente chillón y egoísta que sueña encontrar a la cigüeña para que se lleve de regreso al hermano menor, Víctor, que en realidad es callado: pocas palabras pero muchas acciones. Los cuatro notan la realidad de sus padres: pero hay quien se confunde porque tiene dos papás y dos mamás, y hay quien sabe que no debe hablar de ese señor que no es su padre y le da 50 pesos cada semana. 
La narrativa subyacente a cada personaje ha terminado por revelar la realidad social de la cual emanan estos jóvenes autores y las generaciones que crecimos con la descomposición real de las familias ideales y sus proyecciones imaginarias. La familia compacta e inmutable es una realidad que sucede muy escasamente y de manera suficientemente forzada como para ser un caldo de cultivo de insatisfacciones y soluciones parciales. La imaginación desbordada en Retrato Familiar3 resuelve en el relato los problemas íntimos que se viven en sociedad. Y el montaje de esta familia se encuentra libre en la sala de exposición para que los visitantes jueguen con esta realidad. Se propone como una exhibición interactiva donde cabezas, pies y torsos de los personajes pueden intercambiarse y estructurar nuevos personajes. 
Levantando los cubos, dándoles vuelta, recorriendo sus caras, se descubren frases extraídas de la tradición popular, refranes que vinculan toda esta producción gráfica con aspectos morales y previsiones de carácter. Cría cuervos y te sacarán los ojos. Quien con niños duerme amanece mojado. El que con lobos anda a aullar se enseña. Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Cuerpo dormido cuerpo perdido. El que calla otorga. Y uno que otro albur tradicional por ahí. 
Esta es la ambigüedad propia que establecen los relatos familiares con sus aspectos superficiales ordenados y ordinarios, y que tras descubrir las historias subyacentes a los retratos trastocan la normalidad, delatan las complejidades, desdoblan las historias privadas. En este sentido, la asignatura de Gráfica de Gran Formato que cursaron Gabriel Andrade, Vianey Goretti, Gilberto Abundiz, Cristhian Soto, Alejandra Ambriz, Esperanza Garibay, Claudia Camacho, Heidi Rodríguez y Evelia Mora dio como resultado una exposición de gráfica expandida, una aplicación contemporánea para trasladar el grabado de los muros hacia otros espacios más propositivos, expandiéndose además a contextos que involucran no sólo la visualidad de los visitantes al lugar, sino los marcos familiares sobre los que se estructuran los vínculos personales. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio 
Diario Cambio de Michoacán 
1 de junio 2013