sábado, 18 de mayo de 2013

Felix Candela. Cascarones y alas.



Un ala es un misterio y una maravilla. Extendida, lo mismo en las aves que en los aviones, permite el vuelo por sus cualidades de ligereza y resistencia. El secreto está en la estructura, en la línea que dibuja y corta el aire: en ese punto los huesos de las aves son huecos, y algo semejante sucede con las aeronaves. Y por un portento de diseño, con escasos puntos de apoyo se alargan desplegando superficies que sugieren ingravidez. En su empleo como metáfora se condensa el sentido profundo de la empresa Cubertas Ala, que en 1950 Félix Candela funda en México junto con sus hermanos Julia y Antonio, y los arquitectos Fernando y Raúl Fernández Rangel. Las estructuras de Candela vuelan, trazan espacios interiores, fundan lugares cubiertos por una capa delgada que no en balde se bautizó como “cascarón”. 
La exposición Cascarones que se encuentra en la sala 1 del Centro Cultural Clavijero aporta un panorama sobre la trayectoria del arquitecto español Félix Candela que, si bien tuvo una presencia internacional en la construcción de edificios que representan una beta muy particular dentro del funcionalismo arquitectónico, marca una etapa en la vida cultural del México moderno a través de sus edificios. Compuesta por maquetas y numerosos registros gráficos (fotografías y reproducción de planos), la exposición reúne intramuros una selección de obras que exigen viajar para vivirse directamente. 
Aun así, estos edificios componen una experiencia cotidiana (o al menos frecuente) para públicos que no siempre aprecian cabalmente la modalidad de inmueble que habitan de forma ocasional. Hoteles, restaurantes, templos católicos, plantas para la industria, techumbres de gasolineras, bodegas; éstos son los ambientes en que se enmarcan los cascarones que Candela y compañía trazaron para la conformación de lugares –que dicho sea de paso es una de las vocaciones principales de la actividad arquitectónica. 
Félix Candela fue originario de Madrid, vio la luz al finalizar el primer mes del año 1910. Se formó como arquitecto en esa misma ciudad, recibiéndose como profesionista a los 25 años. Poco tiempo después se vería enlistado en el ejército durante la defensa de la República Española contra la avanzada fascista liderada por Francisco Franco. Formó parte de aquél trozo de país que en 1939 se trasladó a México navegando en el Sinaia, renunciando a su patria con tal de conservar la vida, de contar con la difícil certeza de un futuro posible en el continente americano. 
En ese futuro Candela se manifestó con abundancia, aportando al progreso de los lenguajes arquitectónicos que poco a poco, mediando el siglo, fueron experimentando modalidades de construcción fuera de la configuración ortogonal de los inmuebles. Es decir, abandonar en lo posible la manera de pensar los espacios habitables a partir de planos que se unen en puntos y que se relacionan entre sí a partir de ángulos rectos: piso, muros, techos; rebelarse ante la tradición de la cuadratura de los habitáculos. Su abordaje de la arquitectura a través de la geometría apeló a cálculos que arrojaban figuras complejas, como el paraboloide hiperbólico, también conocido con el nombre de “silla de montar”. 
Se trata de una superficie curva trazada a partir de rectas que secuencian su posición: el plano resultante semeja una hoja de papel que se curvea sin plegarse. Es altamente resistente pues distribuye su peso en diferentes direcciones, permitiendo que su espesor sea reducido: es una estructura firme, duradera, ligera y barata en su realización. Las fotografías en la exposición revelan que la manera en que se yerguen estas estructuras involucran armazones de madera por tiras rectas sobre las que, una vez terminadas, se realizaba un entramado de líneas de barilla. Esta era la base para el colado, la aplicación de cemento que ya seco se sostiene por sí mismo, sin la ayuda del armazón original. El montaje que corresponde a la planta embotelladora de Bacardí, primera maqueta visible en la sala, es muy ilustrativo al respecto. Andamios, tiras de madera, castillos curvos y, finalmente, un conjunto de cúpulas sostenidas en puntos pequeños que hacen de los ventanales grandes vanos y del interior amplias superficies libres de columnas y otros soportes intermedios. 
Un edificio modesto pero representativo de esta metodología constructiva es “La Muela”: el Pabellón de Rayos Cósmicos que se encuentra entre las Facultades de Medicina y Odontología de Ciudad Universitaria de la UNAM, que funciona como Deporteca: alberga materiales lúdico-deportivos, circenses y juegos de mesa para préstamo de los universitarios. Para darse una idea, el espesor del techo cupular oscila entre los 1.5 y 2.0 centímetros. Se sostiene por seis puntos de apoyo que a algún ocurrente le parecieron las raíces de una muela, origen de su sobrenombre. 
Sorprende leer en la exposición que Félix Candela era un hombre declaradamente laico y, sin embargo, la construcción de templos católicos ocupa un lugar preponderante en su producción: lo mismo en la ciudad de México que en Cuernavaca y varios sitios de España. La manera en que estos espacios para el culto fueron trazados se corresponden con las nuevas tendencias doctrinarias al interior de la iglesia católica que se consolidaron a partir del Concilio Vaticano II en la década de los sesenta: modernidad, predominio de la luz, privilegiando la imagen de un Cristo vivo en lugar de martirizado, estimulación del sentido de comunidad de fieles modificando el ordenamiento del altar respecto a los asientos para los practicantes, entre otras medidas. La capilla de Nuestra Señora de la Soledad, alias “El Altillo” es un caso emblemático de esta forma actualizada de promover la fe. 
En la exposición, sorprende también la reducida referencia al Palacio de los Deportes, edificación que por demás condensa buena parte de la identidad cultural moderna en México y engloba en su totalidad la noción de “cascarón” para la producción de Candela y sus colegas. Pero tal vez la forma de la maqueta habla por sí misma: la complejidad constructiva llevada a dimensiones exorbitantes que dejan poco espacio para la indiferencia. Estas estructuras conservan su porción de misterio y maravilla, como un ala. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio. 
Diario Cambio de Michoacán
18 de mayo 2013

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