lunes, 15 de abril de 2013

Maru Santos, pensamiento y libertad




Haré referencia a dos anécdotas lectoras a propósito de la exposición Pensadores Sumergidos en la Eternidad de la escultora Maru Santos, que se ubicó en las galerías del piso superior del Antiguo Palacio de Justicia (Morelia) desde los primeros días de marzo y hasta el presente. La primera es de la agencia de noticias SinEmbargo, del lunes 8 pasado, mismo día en que por la tarde se inauguró la intervención pública del Pensador #12 Equilibrio (2013) en la Plaza de Armas del Centro Histórico. 
Puesto a reflexionar sobre si es más difícil hacer la obra que exponerla, Jan Hendrix afirma que lo más complejo es imaginar, pensar. Incluso, después de que la consecuencia de la imaginación comience a cobrar forma, producir puede resultar incluso un proceso tedioso para el artista. “Exponer –dice- es un acto al que hay que enfrentarse con cierta valentía y no darle mayor importancia”. Lo que equivale a decir que, en cuanto a exponer, no hay que pensárselo demasiado y sencillamente hacerlo. Lo que sí hay que pensar mucho, dos, tres, o hasta quince veces, es aquello en lo que el artista decantará su persona, su existencia, en aquello en que se “saldrá” en forma y sustancia. Pensar es una actividad extenuante, en ocasiones, y el hecho de que pensar a menudo cansa el cuerpo hace plausible entender la figura del cuerpo humano como metáfora del pensamiento. Un ejercicio inverso a la abstracción: la base objetiva –material- de la mente es este objeto que somos. 
Otra anécdota. El domingo 7 de abril en La Jornada Semanal, Hugo Gutiérrez Vega recordaba a José Gorostiza diciendo que el poeta nos enseñó que la poesía “se halla más bien oculta que manifiesta en el objeto que habita. La reconocemos por la emoción singular que su descubrimiento produce y que señala la conjunción de poeta y poesía.” ¿Qué ocultan las figuras de los Pensadores Sumergidos en la Eternidad de Maru Santos? Ciertamente emergen del suelo y se apoyan en éste al mismo tiempo. Se muestran a nosotros. Pero ¿qué poesía reside oculta en ellos? 
Existe una semejanza que este proyecto guarda con una de las figuras más emblemáticas de la escultura moderna: El pensador, de August Rodin. Originalmente concebido para representar a Dante Alighieri postrado ante las Puertas del Infierno, ponderando su poema, terminó adquiriendo personalidad y presencia propias antes que el retrato del poeta. Siendo un desnudo, semejante a estos pensadores sumergidos, Rodin buscaba una figura heroica al estilo de Miguel Ángel para representar tanto al pensar como a la poesía. El pensamiento, entendido aquí, como acción creadora siempre activa. 
Hay otra obra anterior en la cual una figura sentada se apoya en un brazo, con la mirada extraviada, y en la cual la actitud del pensamiento es central: Melancolía I de Alberto Durero, grabado del año 1514. Sobra detenerse aquí a tratar sobre las atribuciones que el estado melancólico han guardado respecto a la fecundidad del pensamiento, cómo se ha concebido como un estado de ánimo propicio para la concepción de grandes ideas y la visión del porvenir. Valga mencionar esta Estampa Maestra de Durero para hacer notar que la figura de un individuo pensando es, primero, un tema añejo y, segundo, un tema de profundidad. 



Haciendo un ejercicio propio de genealogía artística en su semblanza de trayectoria, Maru Santos concluye, del trabajo y meditación que le trajo hasta la elaboración de estos Pensadores, una alerta sobre la enajenación: el peligro que representa tratar de vivir a través del pensamiento de otros. Si no somos nosotros la fuente de aquellas ideas que rigen nuestra vida y nuestras decisiones (y en cambio sí lo son la los medios de comunicación, del entretenimiento, la autoridad, los moralistas, nuestro familiar o el vecino), entreguemos nuestro cuerpo de una vez, que es el receptáculo de nuestro pensar, para que alguien más decida cuál será nuestro destino, nuestro fin. 
Pero no caigamos en este exceso. Reclamemos siempre como propia la capacidad de pensar. Hagamos blanda la superficie de todo lo rígido, así como estos Pensadores atraviesan la dureza del suelo y emergen para realizar esa actividad que representa el único sitio que es enteramente nuestro, ese lugar siempre privado a partir de lo cual nos relacionamos públicamente. La poderosa, inabarcable, inagotable mente. 
Los Pensadores sumergidos en la eternidad pueden entenderse, finalmente, como un paradójico llamado a la libertad desde su aprisionamiento a ras de suelo, a la manera en que lo hacía Virginia Woolf: “No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.” 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio. 
Diario Cambio de Michoacán. 
14 de abril 2013

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