domingo, 13 de mayo de 2012

Litografías. Homenaje a Senefelder.

 De izquierda a derecha, Lito No. 6 de Joaquín E. Ruíz Rosiles; Huellas y sombras; geografía de recuerdos de Angélica Escárcega; y El rastro pétreo del pensamiento III de Carolina Ortega.

Sofisticación cultural moderna de la relación entre grafismo y los soportes pétreos, la litografía se define como el procedimiento de impresión basado en la mutua incompatibilidad de la grasa y el agua, la propiedad de piedras calcáreas para absorber y retener agua y la disposición de las sustancias grasas para adherirse a dichas piedras. 
Antes que la pintura y el dibujo, el punto y la línea vieron la luz en el horizonte humano en la forma de petroglifos que durante la prehistoria se produjeron en numerosas latitudes del globo. México (y Michoacán) no son la excepción. Pero el cambio en la marea, por el desarrollo cultural mediante la técnica, multiplica la variedad en las relaciones de la persona con las cosas y los materiales. Entre el petroglifo y la litografía hay semejanzas y diferencias. El primero requiere trasladarse donde la piedra y trabajar in situ, pieza única que marca el territorio sagrado y sus características, sus mitos; la segunda ejerce extracción de su material y lo lleva al taller, experimenta, trabaja, pule, refina. El resultado es una serie sobre papel. 
Una broma entre artistas contemporáneos, hiper-tecnologizados y más idealistas por sobre-intelectualizar sus obras, afirma que finalmente la litografía pertenece irremediablemente a la “edad de piedra” de las artes. Pero trascendamos el chiste. Bien visto, el descubrimiento del proceso litográfico intervino durante la consolidación de la modernidad en la producción seriada de la imagen y en la construcción de su industria. Habría que considerar a la litografía entre aquellos medios de producción artística que, por su impacto en la cultura internacional (junto con las demás técnicas de estampa o grabado), llevaron a Walter Benjamin a tratar sobre La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica (1936), un texto fundador en la teoría estética y filosofía del arte de amplia influencia en lo que conocemos actualmente como arte contemporáneo. 
Contemporánea y contundentemente actual es la producción litográfica, y muestra de ello es el Homenaje a Aloys Senefelder, exposición colectiva proveniente del Taller de Producción Gráfica ubicado en el Centro de las Artes de Guanajuato, ciudad de Salamanca. Ubicada en la sala “Jesús Escalera” de la Casa de la Cultura en Morelia, participan doce artistas gráficos de la región Centro Occidente de México que integraron la tutoría de título El color en la litografía, impartida por el maestro Rafael Zepeda en 2009. Él exhibe un único ejemplar de generoso tamaño y nombre no poco sugerente: El hombre y su universo. Oposición de geometría e informidad, contraste de tinta negra y ocre, el mundo humano existe superviviente a fuerzas que no alcanza a controlar y le superan. Somos barco de papel sobre aguas turbulentas. No obstante, continuamos, erigiendo monumentos a nuestro paso por el cosmos. 
La muestra se atiene a la técnica litográfica pero explorando y exhibiendo sus alcances mediante procedimientos mixtos, desarrollados hasta la actualidad desde que Aloysius Senefelder (1771-1834) desarrollara este procedimiento en 1796 durante su estancia en Mónaco, experimentando con piedras calizas provenientes de Baviera. Senefelder, además de inventor, era dramaturgo y músico; multidisciplinario su carácter, empleó inicialmente la litografía para trazar sobre la piedra partituras que podría reproducir sobre papel (hasta entonces se transcribían a mano) y así generar un método semejante a la imprenta. Pronto el proceso se aplicó para la impresión de libros y sus ilustraciones, carteles, folletos de propaganda y más. El uso de varias piedras entintadas permitió elaborar imágenes a color (cromolitografías), pero esto fue hasta 1825. 
Pero más allá del color en la litografía, la exposición de estos artistas combina esgrafiados y variados métodos de impresión, incluso gofrados (impresiones volumétricas sobre el papel sin color) que dan riqueza a la imagen y aportan texturas a la vista. No hay en toda la muestra, grabado alguno que no indique en su ficha técnica “litografía y técnica mixta”. El homenaje a Senefelder en buena parte consiste en utilizar su invento de maneras que él nunca pudo conocer ni imaginó. 
El eje de la muestra, por tanto, es técnico y no temático. Cada artista trabaja según sus criterios y sus particulares intereses. La abstracción se nota en las obras de Margarita Vega y la obra Lito No. 6 de Joaquín Ruíz, quien parece trabajar sobre la noción de agrietamiento de la piedra y formas irregulares de estructura circular semejantes al corte “de cabeza” de un tronco, exhibiendo sus vetas (referencia al soporte del grabado tallado en madera). De figuraciones casi fotográficas se notan Sofía y su inocencia de Edna García y El Pro…tector de los cuatro pueblos de Juan Carlos Ponce, ambos centrando su imagen en el papel rodeándole de una impresión decorativa de color. Las referencias localizadas, reflexiones del ambiente y su historia, se presentan en trabajos de Erandini Adonay Figueroa con un retrato de J.M. Morelos, el paisaje doblemente industrial y natural de Salamanca, o también colonial de Morelia. 
La serie El rastro pétreo del pensamiento de Carolina Ortega incide en la relación entre sustancia mineral y permanencia de las ideas en la memoria, la cual no es inmutable de la misma manera en que las placas de piedra se granean, borrando la imagen trazada en la superficie para dar paso a otras intervenciones litográficas. Huellas y sombras; geografía de recuerdos y La imperceptible serialidad de mi memoria de Angélica Escárcega incluyen esta noción íntima de marcas vitales que se conservan y multiplican en el recuerdo por la acumulación de experiencias en las que hace convivir insectos, corazones de fruta, flores y cuerpo humano. La huella permanece, pero es perecedera por su anclaje con la existencia orgánica. 
La muestra ofrece riqueza y variedades para quien se tome el tiempo para observar y meditar. Habrá quienes en este detenimiento se percaten de las faltas de ortografía o imprecisiones de título en las cédulas de identificación, o incluso en el hecho de que por la tarde la luz del sol pasa por los vanos de la arcada, dando directamente en las litografías; hecho inaceptable por razones de conservación de las obras. Hay que exhibir, pero también hay que proteger. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
13 de mayo 2012

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