domingo, 4 de marzo de 2012

Fantasmagorías. Herejías y nombres secretos.

 
Equipo de rayos X levantando la placa a los piés de la escultura de Guillén de 
Lampart, al interior de la columna de la Independencia, ciudad de México.

¿Qué es un fantasma? Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez, un instante de dolor, quizá algo muerto que parece por momentos vivo aún, un sentimiento suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa, como un insecto atrapado en ámbar. 
El Espinazo del Diablo 

Un fantasma es una presencia insospechada, un algo que no se espera encontrar ahí donde aparece. Es distinto a un tesoro, a una sorpresa. Es un pasmo, algo inaprehensible pero presente, que viene y va de acuerdo a su propia voluntad, siempre independiente de la nuestra. El fragmento de una memoria resistiéndose a desaparecer. Insurrección de la normalidad, alteración de lo real, disolución de las certezas, la duda en la razón. Las fantasmagorías están ahí, siempre, del otro lado de las palabras. 
Hallar, delatar, intervenir una fantasmagoría es una tarea fascinante, sobre todo cuando tiene que ver con la Historia y los monumentos. La confianza depositada en el sólido vínculo que hemos imaginado entre historia, pasado y verdad se dobla y lastima. Después de la duda inyectada, la certeza no es la misma: debe refrendarse o mudar. ¿Quién se iba a imaginar que dentro de la columna de la Independencia, ese monumento porfiriano conmemorativo del centenario de la Independencia en 1910, colmado de símbolos y alegorías mexicanas, iba a contener la efigie de un irlandés quemado en la hoguera en 1659? 
Herejías y nombres secretos (2011) de Mariana Botey en colaboración con Eloísa Mora Ojeda, fue una intervención de archivo realizada para la exposición Los Sueños de una Nación, que tuvo lugar en el Museo Nacional de Arte en meses pasados y que ya hemos comentado en este espacio editorial. La exhibición pretendió someter a revisión y crítica al sistema político mexicano desde las artes, erigido como un régimen no sólo visual, sino político y social, estético, hegemónico; fincando sus bases en el XX, y sufriendo de irremediable crisis en nuestros días y desde hace más que un par de décadas. Herejías y nombres secretos fue una de las cuatro intervenciones contemporáneas preparadas ex profeso para la exposición, y el caso particular de esta obra de Botey/Mora pretendió mostrar un fantasma entre los héroes históricos. 
La obra, bajo el formato contemporáneo de la intervención de archivo, gira en torno a la escultura de Guillén de Lampart que se ubica dentro de la columna de la Independencia (que además de monumento conmemorativo es un mausoleo, pues contiene las urnas con –supuestos- restos de héroes nacionales independentistas), justo a los pies de la escalera que conecta el suelo con la cúspide de la columna. Lampart escultórico aparece tallado en mármol, atado a un poste y quemándose, mirando al cielo, como un mártir. ¿Qué hace ahí, en el centro y base de la columna, un irlandés quemado vivo en el siglo XVII cuando el monumento se consagra a los héroes del siglo XIX? 
Guillén de Lampart, originalmente llamado William Lamport, fue un irlandés nacido en 1615 en el seno de una familia resistente al dominio británico. Estudiante de latín y retórica con las órdenes agustina, franciscana y jesuita de Wexford, alumno de su abuelo en técnicas de combate y escaramuza. Embarcándose a Londres para continuar estudiando, permaneció en el mar en un barco pirata, participando de asaltos y abordajes. Abandonó esta ‘profesión’ para desembarcar en La Coruña, España; en Santiago de Compostela se educó en filosofía con los jesuitas y en teología en El Escorial. Participó en los regimientos irlandeses y fue agregado como capitán en la Armada Española. Supuestamente logró relacionarse con las élites hispánicas hasta desempeñarse como consejero del Conde Duque de Olivares. Aquí las historias son un tanto diferentes: se traslada a Nueva España o como espía para reportar una supuesta conspiración de conversos leales a Olivares, o para realizar un plan elucubrado por Lampart mismo. Mediante falsificación de documentos, hacerse pasar en Nueva España como hijo natural de Felipe III para usurpar el puesto del virrey y, ya con plena potestad, decretar la libertad de indígenas, negros y mestizos. Fue el primero en decretar la necesaria independencia del Anáhuac, pensamientos que dejó plasmados, según el escritor Guillermo Samperio, en cinco mil hojas escritas en latín y que se encuentran en el Archivo General de la Nación. Fue preso por la Inquisición alrededor de 1642; acusado de herejía, juzgado y torturado en la cárcel durante varios años hasta que fue quemado en el cadalso en noviembre de 1659. 
La Independencia mexicana fue posible dados los impulsos liberales de afirmación para la separación de poderes entre Estado e Iglesia. Lampart fue un símbolo liberal para los promotores de esta ideología precisamente por afirmar dicha separación en pleno periodo colonial, en el que el catolicismo dominaba la totalidad de la vida de las personas, desde su nacimiento hasta la muerte. 
El objetivo inicial de Herejías y nombres secretos era lograr lo imposible o francamente dificultoso: trasladar la escultura de Lampart desde la columna de la Independencia hasta el Museo Nacional de Arte e integrarlo a la exposición. Tras un periplo abundante de oficios, persuasión, autorizaciones y permisos, mediante placas de rayos X se encontró que materialmente el traslado no se llevaría a cabo. La escultura de Lampart se encuentra anclada ni más ni menos que a la primera piedra del monumento, la roca ancilar. Símbolo fundamental, además, para la tradición masónica pues si para esta logia y sociedad secreta, Dios es el arquitecto del universo, la piedra ancilar se concibe como el origen de toda la construcción cósmica. La primera piedra es el símbolo de una fundación a partir de la cual todo comienza. Y al menos en el monumento que conmemora el surgimiento de México como país independiente, Lampart se encuentra unido a la nación que heredamos del pasado; nación consolidada por aspiraciones liberales y anhelos de emancipación. 

 
A la izquierda, Rito Nacional Mexicano, documento de Editorial El Espectro Rojo. 
A la derecha, edición de las autoras sobre la Proclama por la Liberación... redactada por Lampart.

La exposición de Botey/Ojeda se integró por el levantamiento tridimensional de la escultura de Lampart mediante una litografía, la placa de rayos X de los pies de la escultura, ancla con la piedra ancilar del monumento; una edición de las autoras de la Proclama por la liberación de la Nueva España de la sujeción de la Corona Española de Castilla y sublevación de sus naturales, escrita por Lampart; un libro de visitas masón donde se ve la imagen de Lampart siendo quemado en el cadalso; dibujos, documentos de Vicente Riva Palacio, quien recuperó los documentos Inquisitorios sobre Lampart para realizar su biografía novelada Memorias de un impostor; entre otros documentos. 
En nuestros días, los anhelos de emancipación se multiplican. Y las señales de tales anhelos, muy añejos por cierto, fueron sembradas hace siglos. 

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio 
Diario Cambio de Michoacán 
4 de marzo 2012

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