lunes, 29 de agosto de 2011

iEVE y los esquemas de la catástrofe


Lascia ch'io pianga/ mia cruda sorte / e che sospiri la libertá...
Deja que llore/ mi cruda suerte/ y que suspire por la libertad…
Aria Lascia ch’io pianga, de Rinaldo (1711), George Friedrich Händel

La mirada lánguida y débilmente atenta hacia el frente, rodeada de una superficie subcutánea descarnada, sanguinaria y fibrosa más allá de las cejas y los pómulos. La pálida piel muestra sus bordes caprichosos y, más que rasgados, aparenta una quemadura fina y exacta como de una hoja consumida sin desgarres pero violentada. La boca de carmín brillante se rodea por una sábana rugosa como si labios y carne fueran de dos seres separados, un desollamiento delicado e inquietante que con suavidad rodea el índice tocando los dientes. Meditabundo y quietamente desencajado, el personaje que nos mira esconde su carácter sexual entre signos confusos. El peinado alto, extensiones en los lóbulos de las orejas, una gargantilla de encaje. ¿Es un hombre? ¿Una mujer? ¿Un “alguien” a medio camino entre los sexos? En su pecho tatuado se adivina una frase antigua: Eloy, Eloy, lama sabactani.
Señor, Señor ¿por qué me has abandonado? La cuarta de las siete palabras del Cristo crucificado clamando al cielo una respuesta ante el abandono. Tomada del salmo 22, el lamento del nazareno desde el Calvario representa un acto de profunda soledad y sentido de alejamiento de Dios. La interpretación bíblica entiende estas palabras, más que como un reclamo al Dios cristiano, como la oración del justo que sufre y espera en Dios. El personaje en la imagen, igual que el Cristo, clama a su padre sabiendo que Él lo escucha, pero no responde pues el doliente ha sido identificado con el pecado, y como tal debe morir. En el cielo no cabe.
El autorretrato de Ieve González titulado Carne y deseo (2010) es una creación de personaje a cargo de César Perlop que identifica a la muestra Esquemas de Realidad, ubicada en la planta baja del Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce” (MACAZ). El drama que esta primera imagen representa va más allá de la cita del pasaje bíblico: retrata, basándose en el mismo cuerpo del fotógrafo, una visión de la realidad actual que pesa sobre nosotras y nosotros como sociedad contemporánea. “Parto de la imagen por la moda de las actitudes narcisistas, a veces dolida y superficial, construyo mis personajes a imagen y semejanza del ideal humano de occidente, pero siempre con una carga oscura o de fragilidad, pieles perfectas, maquillajes perfectos en rostros que guardas características peculiares, situaciones perfectas con seres no tan perfectos.”
Imágenes “de carácter desconcertante, inquietante, abrupto y terrible”, tal como las llama Jorge Conde en el catálogo de la serie publicado por el Centro Cultural Tijuana, buscan eludir el arte inofensivo, decorativo y complaciente, dirigiéndose a generar en cada retrato la “unión entre actitud dramática, el deseo y la belleza.” Aquí hay una tentativa por quebrar los “monopolios de la imagen” y la comunicación promovidas por las cadenas televisivas, editoriales e informáticas, el capital y el consumo. Manifiesta una “humanidad atrapada en un sistema que nos ubica en el colapso, en el terror, en un narcisismo atomizado como producto de consumo masivo y enajenado de figuras perfectas en un mundo imperfecto.”
Es significativo que, atendiendo a la memoria, Esquemas de Realidad se exhiba en el MACAZ posteriormente a la muestra Presencias Vestigiales de Luis Fernando Ceballos, el cual construye sus fotografías a partir de integraciones informáticas de imágenes que él ha captado a lo largo y ancho de sus viajes por el mundo. Cierto que las imágenes impresas en tela y papel de Presencias Vestigiales mostraban escenarios irreales, modificados, imposibles, reflejando una imaginación con pocas ataduras. Pero tales collages fotográficos, por su manipulación digital y acabados, rayaban en la ilustración digital pues las composiciones dejaban al descubierto las transparencias de cada capa fotográfica superponiéndose a las demás, delatando una técnica con defectos y por refinarse.
En el caso de iEVE G (nombre con el que se presenta el fotógrafo) dicha manipulación digital es evidente pero un tanto más verosímil. Los insumos de sus imágenes no provienen de sus viajes por el mundo sino por la red. Crea, con estas apropiaciones informáticas, universos televisivos que manipula libremente para mostrar la catástrofe mezclada con el glamour y la ligereza. En Ronald (2009) asistimos a la caída de una bomba con el logo de McDonald’s, de la cual una mujer huye sin poder esconder su maquillaje, peinado y vestido preparado. Al fondo, pintada en una pared, la estrella roja representativa del socialismo, el cual se hace presente como mera decoración. Punk’s not dead (2009) se revuelve entre el escombro producido por un barco encallado sobre el pavimento mientras un avión sobrevuela un edificio en llamas y partido a la mitad (recuerdo del 11-S en Nueva York). Una mujer de atuendo elegante y floreado en negro, mira al cielo con su cabello arreglado en capas y bolsa de diseñador en mano.
Aún hay más, pues en la serie Mecanizado (2007-2010) las personas son seres creados serialmente en fábricas con sopletes y cadenas; el pasaporte a un mundo industrializado y nocturno se lleva en el cuello a manera de un código de barras; hombres y mujeres con injertos maquínicos posan para el fotógrafo en El infiltrado (2008), Desechos del lote de producción (2008) y Prototipo (2010). En la serie Hombres y Santos los varones son seres incompletos, negados, mutilados: eunucos. Para iEVE son el “masculino contemporáneo” pues la plenitud no es posible, en sus palabras, en un mundo colapsado y controlado por el Big Brother orweliano. Así también las mujeres son presentadas como “simulacros” de belleza y completud en la serie elaborada con César Perlop, Genaro Vidal, Claudia Barragán y Jaime Muro, y cuyo esquema principal es la imagen de moda.
La frontera norte mexicana ha sido largamente una realidad intersticial donde la convivencia del sur con el norte produce una particular imaginería futurista con aire de catástrofe -testimonio de ello son algunas películas y bastantes relatos gráficos, plásticos y fotográficos. Realidad que en estricto sentido aún no ha llegado a nosotros, pero que cabe en Esquemas de Realidad puesto que es un mundo que ya existe simbólicamente. Y poner palabras (o imagen) a las cosas es, un poco, convocarlas o ya hacerlas presentes. Aunque ello nunca garantiza el advenimiento de lo que se prevé.

Este duelo infringe/ estas imágenes/ de mi sufrimiento/
Clamo por piedad/ por mis sufrimientos/ Clamo por piedad.
Aria Lascia ch’io pianga, de Rinaldo (1711), George Friedrich Händel

Publicado en el suplemento cultural Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
28 de agosto 2011

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