domingo, 3 de julio de 2011

Tomás Montero, fotorreportero


La fotografía es una práctica pero a la vez es un objeto. Tiene ese carácter dual que le caracteriza como acción y concreción: es adjetivo y sustantivo en sus diferentes formas de existencia como elemento cultural. Sobre la fotografía se soporta la memoria –privada y/o colectiva- en la medida en que la mirada presencial de una persona se postra frente a una vista y la capta dado un interés o la oportunidad. Y es esta condición de recuerdo objetivado, de vestigio testimonial la que le da un carácter cultural cuando presenta a nuestros ojos una serie de eventos comunes a todas y todos nosotros.
Una fotografía no hace memoria, así como una golondrina no hace primavera. A cada imagen ha de relacionársele con el resto del mundo al cual pertenece; hay que interpretarle, reconstruirle con el mismo escrutinio con que fue configurada una imagen con el afán de comprender la historia que heredamos y que no volverá a suceder, aunque sus efectos tengan una continuidad en nuestro presente.
A vuelo de cámara es una exposición formada con fotografías del fotorreportero Tomás Montero Torres (Morelia 1913 – Ciudad de México 1969) a partir del rescate, conservación y estudio que de sus negativos y documentos ha llevado a cabo el Archivo Tomás Montero, proyecto impulsado por sus nietas y que han sabido llevarlo a cabo mediante mucho trabajo, programas de Coinversión y el apoyo de académicas y profesionistas de la UNAM, ciudad de México. Tomás Montero fue un moreliano que probó suerte en la capital del país, primero como dibujante, hasta comenzar en 1941 su trabajo dentro del incipiente mundo del fotorreportaje. Se mantendría activo hasta el último día de su vida en 1969. En México pasó de todo todos esos años, y el fotógrafo produjo un aproximado de 83 mil negativos de los cuales se extraen las obras expuestas en las galerías del Centro Cultural Clavijero hasta el mes de septiembre.
Las primeras imágenes en sala, después de su retrato, tienen un carácter político no precisamente por su visión de funcionarios y actos públicos, sino por dar imagen a la misma práctica del fotoperiodismo en los años cuarenta: riesgos físicos, atraso técnico, nula capacitación y bajos sueldos. Fotógrafos trepados en herrerías de balcones o a ras de suelo captando autos alegóricos, también eran amenazados o golpeados en ocasiones durante su trabajo, y los medios para los cuales trabajaban eran sometidos a censura por el gobierno mediante el control del papel para sus publicaciones. Dar imagen a las condiciones de un gremio de trabajadores en una sociedad es un acto político pues manifiesta su voluntad por hacerse escuchar dentro del gran coro de las colectividades.
Sus retratos de personalidades son todos notables por su factura. Entre ellos se encuentran Francisco Gabilondo Soler “Cri-Cri” sentado al piano, Mario Moreno “Cantinflas” al teléfono en actitud muy natural. Meditabundo, el compositor moreliano Miguel Bernal Jiménez aparece con un fondo de hojas pautadas en blanco, representando muy bien la estrategia de la fotografía construida para la caracterización de un personaje respecto a su actividad fundamental: música por crear, notaciones orquestales por escribir. Una obra particularmente especial es la vista del Volcán Paricutín con la fumarola corriendo por el cielo y el envejecido pero imponente Gerardo Murillo (Dr. Atl), antecesor de los muralistas mexicanos con su pipa y cámara al cuello en primer plano. Murillo pasaría un año en los alrededores del volcán activo para estudiarlo no sólo como pintor –realizó 56 pinturas de mediano y gran formato sobre el Paricutín en los años cuarenta, dos de ellos en el acervo del Centro Cultural Clavijero- sino como vulcanólogo. A la larga, los gases tóxicos del cráter provocarían complicaciones en una de sus piernas que consecuentemente tuvo que ser amputada.
En un apartado destinado a los Desastres, inundaciones y terremotos fueron motivo de reportajes comisionados a Montero. El Ángel de la Independencia cayó de su columna en un terremoto en 1957, hecho retratado por el fotógrafo y que incluso motivó a Chava Flores a perpetuar un chiste al respecto como preludio a su canción “No es justu”. La cabeza dañada de la escultura se conserva en exhibición en la entrada del edificio que hoy funciona como sede de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. Respecto a las inundaciones, hay imágenes que presentan a los habitantes de la capital y Salamanca caminando sobre los arroyos de las calles pues las banquetas quedaban bajo el agua por los meteoros; satíricamente un letrero en un poste prohíbe a los ciudadanos pescar en la calle.
En las vitrinas se exhiben hojas mecanografiadas por el mismo Tomás Montero, acompañadas por el encabezado “Diario de un fotógrafo de prensa”. En una de ellas se da cuenta de una entrevista en 1952 con el mismísimo José Vasconcelos a cargo de Salvador Ferret con fotografía de Montero. El señor Tomás narra la rabieta de Vasconcelos respecto al cuestionario que Ferret le entregó como guía para la entrevista. “¡Usted que se ha imaginado […] que voy a escribirle su revista… ¡No señor! Si quiere saber cómo pienso ahí están mis libros… ¡léalos y después venga a entrevistarme y tome las fotos que guste! ¡Cómo se le ocurre presentarme un cuestionario cuya sola primera pregunta para contestársela podría llenar varios volúmenes! ¡La Filosofía en México! No hay Filosofía en México…” El mecenas de la vanguardia mexicana a principios del siglo XX, estudioso de las culturas indostánicas, el Ulises Criollo, impulsor de la cultura mexicana como una Universal, Raza Cósmica, en la agrura del mal temperamento y negando la existencia de la filosofía mexicana. En no pocas ocasiones la intimidad de las personalidades públicas se hace visible para quienes trabajan en la conversión de lo privado hacia lo público.
La sección de Política es amplia y presenta varias vertientes. En un acto museográfico oportuno, la muestra expone una imagen de urnas electorales para elecciones presidenciales en 1946 junto con la fotografía construida que su protagonista, Jesús Martínez “Palillo”, muestra como un acto deleznable: un hombre con traje y pistola apunta al elector mientras éste deposita su boleta en un recipiente con la leyenda “Hurna, Bote usted aquí”. Este tipo de sátiras le provocarían a “Palillo” su traslado a la cárcel n varias ocasiones.
Vicente Lombardo Toledano fue un político polifacético que aparece retratado en 1946. Siendo diputado federal, protestó cuando se incluyó con letras de oro el nombre de Venustiano Carranza al mismo tiempo que el de Emiliano Zapata en el muro de la Cámara Legislativa. Víctima y victimario eran elevados al unísono en el panteón mítico de la nación mexicana postrevolucionaria, dando pie a una más de las varias contradicciones de las que adolece la historia oficial de México. Su mirada es la de un hombre que vio a los movimientos políticos de medio siglo, que él mismo contribuyó a construir con la Confederación de Trabajadores de México (CTM), cayendo en la vorágine de la corrupción.

Publicado en el suplemento Letras de Cambio.
Diario Cambio de Michoacán.
3 de julio 2011

1 comentario:

  1. Habiendo visto tantas veces las fotografías que integran la exposición "A vuelo de cámara", esta crónica-crítica tuya, Juan Carlos, me sorprende positivamente. Me revela en efecto otra Mir(í)ada sobre cada imagen incluida en la narración y los diferentes momentos vividos por el fotógrafo Montero Torres, mi abuelo. Te agradezco muy emocionada por compartirme este trabajo tuyo, que me parece brillante... ¡Gracias!

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