miércoles, 18 de mayo de 2011

Pintura, facturas y pretextos de Janitzio Rangel.


Alejandría roja (2010), Homenaje a Katsushika Hokusai (2011) y Gran Ventilador (2011); obras de Janitzio Rangel en la Galería Pórtico.

Es común toparse con la noción de que el arte es un lenguaje, un medio de comunicación abierto, basado en un soporte material configurado como signo (la obra artística) que puede ser interpretado libremente por el público receptor de acuerdo a la situación en que dicho signo se presenta. Sin embargo, también es frecuente que los artistas decantan intereses y experiencias personales en las obras, las cuales no son legibles al primer contacto con éstas. La interpretación del público, por tanto, puede diferir de las intenciones primigenias del artista en cuanto que no comparten dichas experiencias individuales que dieron lugar a la imagen, situación que no demerita en momento alguno la perspectiva del productor o del receptor.
Desde el 9 de abril pasado, y hasta el próximo 20 de mayo, se exhibe en la Galería Pórtico (Aquiles Serdán #744, Centro, Morelia) una pequeña pero significativa muestra sin título de Janitzio Rangel, pintor michoacano radicado en la ciudad de México. En sus palabras, este es el primer trabajo serio, direccionado, desde que inició una mudanza en sus maneras de hacer dentro de la pintura, marcadas por una intención matérica y visceral, más allá de las representaciones figurativas o realistas de la imagen pictórica.
Habiendo encontrado una opción personal de trabajo con materiales e ideas, nada resulta sencillo “cuando intentas cambiar en este negocio, porque ya construiste nichos, encontraste lugares para vender y para tener tu trabajo montado, puede ser muy cómodo; puedes seguir la fórmula de toda la vida y a lo mejor te puede resultar. Pero no tengo ese espíritu.”
La muestra representa, en la trayectoria del autor, un punto de quiebre en la manera de proceder; de un ambiente matérico y abstracto, muda a otro más gráfico y pictórico. Dos cuadros en la galería representan el primero de estos dos momentos: Biblioteca blanca y Alejandría roja (2010), para los cuales utilizó cortes horizontales de libros viejos para colocarlos sobre el bastidor a manera de amontonamiento bibliográfico, dotándoles de color y sentido. El segundo cuadro ya ha sido exhibido en el marco de una exposición conmemorativa del Centenario y Bicentenario pasados; preparado para aquella muestra en el Centro Cultural Clavijero, Alejandría roja guardaba el sentido de la acumulación del conocimiento, el conocimiento perdido, además, manchado de sangre. El tono es trágico; la historia, de cierta forma, es el recuento documental de carnicerías y batallas.
A Rangel no le interesan los discursos en el arte, evita darle lecciones a la gente a través de sus cuadros. No pinta ideas o conceptos preestablecidos, sino los intereses que va adquiriendo con el tiempo. “A veces creo que la gente se mete en demasiados vericuetos, y es simple. El asunto con el arte visual es simple, más de lo que la gente se cree. A veces me preguntan qué leí… yo no leí a nadie. Estaba viendo una película y se me ocurrió, lo pensé y me gustó; es tan válido como si hubiera leído veinte libros para justificar una obra. A veces les decía, en mi otra etapa, lo único que yo ando buscando son pretextos para pintar. Cuando me encuentro uno me parece perfecto y ya; lo pinto.”
“Pero hay cosas innegables, irremplazables, que son las facturas: la manera en que están hechas las cosas. Puedes estar de acuerdo o no, pero yo creo que gran parte de lo que pasa para definir un artista tiene que ver con la manera en que están hechas las cosas. Porque hay una cosa que no me gusta del arte conceptual, que son la falta de rigor, la falta de factura que hace a veces una instalación un montón de basura acumulada.” Lo mismo aplica para quienes pintan sin reparar en la calidad o permanencia de los materiales que utilizan. Pasan pocos años y sus obras se desintegran.
La obra, desde esta perspectiva, no requiere de abundantes justificaciones para hacerla válida. Demasiadas explicaciones distraen del objetivo principal, que es ejercer un lenguaje pictórico, que se respalda con la forma en la que la pintura se hace. “En un esquema básico del lenguaje, justificar un lenguaje con otro me parece una tontería. Un lenguaje por sí mismo debería de sustentarse. Tratar de justificar un lenguaje pictórico, visual, con el lenguaje escrito es una tontería. Lo creo de alguien que analiza la obra, que no le pertenece, que la ve con otros ojos.”
Aun cuando no le interesa construir discursos con su trabajo, sabe reconocerlos en la historia del arte como movimientos y tendencias, con los cuales comparte ciertos rasgos. “No me gusta la obviedad. La obviedad se me hace un recurso fácil, inmediato, impactante visualmente, puede ser. A mí eso no me gusta. El art nouveau es muy sugerente, muy simbólico. De hecho comparte con el Simbolismo que también es muy sensual y muy romántico. El art nouveau comparte dos épocas, dos movimientos en la misma cosa; comparte con el Simbolismo y con el Romanticismo, en la historia del arte, y tienen más o menos los mismos fines: la vida y la muerte, la nostalgia, el amor puro, parábolas visuales… la mitología que comparten, las historias antiguas de amor y desamor.”
Estos fines aparecen en las obras últimas de Rangel, las cuales aparecen en esta exposición como adelanto de otra más grande que presentará en octubre de este año. Homenaje a Katsushika Hokusai (2011) es un cuadro basado en elementos presentes en la cultura visual de oriente a través de una bañera roja con patas labradas, una ola que sale de ésta –una cita pictórica a la estampa de Hokusai (pintor y grabador japonés, 1760-1849) sobre el mismo tema marino-, un pulpo y una gráfica erótica japonesa –conocida como shunga. Aquí intervienen historias personales y anecdóticas del pintor en cada elemento del cuadro, lo cual explica la aparición de cada uno; pero la intención erótica de la imagen es visible no sólo por la sexualidad de la gráfica adherida a la superficie, sino por el mismo concepto de la ola en la bañera por los efectos de lo que puede hacerse dentro de ésta.
Gran ventilador (2011) muestra la resistencia de un hogar frente a los vientos adversos que le exhiben como un objeto frágil pero resistente ante la voluntad de conservarlo. Mezcla de pintura, dibujo con grafito e integraciones de madera para la figurar la casa, la imagen refiere a la emoción que atraviesa al autor respecto a su propio hogar: adquirir, conservar, restaurar y disfrutar familiarmente una casa antigua es un sueño que poco a poco se construye, pero que también se enfrenta con dificultades materiales y afectivas. Aquí la pintura refleja una realidad presente en aquellas personas que yerguen su hogar y pretenden conservarlo. Por tanto, hay que reconocer que, por muy personal que sea el motivo de la pintura, se trata de una emoción socialmente compartida.

Publicado en el suplemento Letras de Cambio.
Diario Cambio de Michoacán.
15 de mayo 2011

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