domingo, 8 de mayo de 2011

Akhmadeeva. Patria es la migración al azar.


De izquierda a derecha, 3-5-14-23 (Híbrido) (2009), Sin título (2002) y Paisaje Lunar (2007); obras de Ioulia Akhmadeeva en la muestra Migración del alma.

Nacer en nuestro lugar de origen es circunstancial. Las personas no elegimos dónde y desde quiénes venimos, qué nos precede y en qué situación surgimos. Mucho de lo que sucede en los primeros años de infancia consiste en la continuidad de esos hechos sobre los cuales, como indefensas e inermes criaturas neonatas que todos fuimos, nunca tuvimos control o capacidad de decisión. Sin embargo, lo que sí cabe en nosotros es determinar, con mayor o menor claridad, hacia dónde nos dirigimos con el paso de los años y las experiencias. Si la “Patria es la migración al azar”, como decía el poeta brasileño Mário de Andrade, migrar lejos de la patria representa una oposición a ese azar: se trata de determinar la propia vida más allá de las circunstancias que nos introdujeron al mundo.
Pero transitando hacia el futuro, desde nuestro presente, queda siempre pendiente qué hacer con esa sustancia innegable y determinante que es el pasado en forma de memoria, recuerdo, huella, impresión.
El 7 de abril del presente año concluyó la exposición individual Migración del alma de Ioulia Akhmadeeva, la cual se encontraba en la Galería Pórtico, dentro del hotel homónimo ubicado en el centro histórico de Morelia. La introducción a la muestra, elaborada por la expositora, iniciaba así: “Familia, procedencia, migraciones con sus caminos del destino, lazos entre personas, su evidencia, memoria capturada, álbum de la familia, cartas, etc. Son los temas principales y, a su vez, puntos de partida para un paseo por los laberintos del pasado. Nada es eterno y al mismo tiempo sí lo es.”
Nada es eterno, pero las preguntas son constantes: ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? ¿Dónde estoy? Son cuestionamientos presentes tanto en el alma de Ioulia como en las obras que produce actualmente. Su llegada a México desde Rusia tuvo lugar en el año 94, pero en obras producidas en 2009 estas interrogantes conservan una vigencia visible. El grabado 3-5-14-23 (Híbrido) en que presenta cuatro retratos de sí misma en las edades marcadas en el título. La estampa tiene un formato circular, un tondo enmarcado por copias de cartas familiares elaboradas con acuarela sobre papel; la identidad marcada por los diferentes rostros de una sola vida y las letras que comunican querencias y memorias. La inquietud de sí aquí se muestra de formas diversas mediante la disciplina del grabado combinada con la pintura; a Ioulia le interesa no sólo la imagen impresa mediante las técnicas del huecograbado en lámina de cobre y litografía, sino también “sus futuras y tentativas variaciones”. Recuerdo que una de las ediciones del Encuentro Estatal de Pintura y Estampa “Efraín Vargas”, este grabado se exhibía en su forma de tondo, y tiempo después, la misma imagen se presentaba como participante de la séptima Bienal Nacional de Pintura y Grabado “Alfredo Zalce” pero en forma híbrida: el tondo había sido expandido por la memoria manifiesta en las cartas pintadas. De forma semejante sucedió con la obra Los reyes de la orquídea (representación de sus tatarabuelos) y Margaritas para Valentina (flores engalanando a su madre).
Las orquídeas son flores muy presentes en obras de Ioulia. “La orquídea me asusta. Es una flor con apariencia carnívora, pero no es frágil y al mismo tiempo es frágil; vive mucho, y sale una y dura muchísimo tiempo, y después sale otra. Pero su forma me atrae porque hay muchos detalles, hay muchas formas”. También es una flor con atribuciones muy sexuales. “Sí, y eso me choca. A lo mejor es algo que está muy adentro, es algo muy subliminal, aquí la referencia es más geográfica.” En este caso, aparece esta planta como elemento representativo de una tierra ajena a las retratadas (México), pero desde la cual Ioulia les recuerda.
En numerosas obras de esta artista aparecen madonas, adanes y evas y muchas más referencias iconográficas a la religión católica, particularmente la ortodoxa o figuras que provienen de la tradición renacentista de Leonardo da Vinci o Lucas Cranach. Ella añade además referencias a Velázquez y Rembrandt, tanto en la forma del dibujo como en la composición de la superficie. En un grabado Sin título, representa a una mujer con un amplio vestido que enmarca un teatro. Además de presentar una interpretación de una menina de Velázquez, se trata de la mujer mundo que sostiene en sus manos un malabarista, enmarcada por una mano en actitud de bendición, un personaje alado y un santo ruso (como San Nicolás). Esta imagen, en sus palabras, representa la presencia de muchas culturas dentro de una misma expresión gráfica.
Más allá de la figuración de manos, figuras, retratos, el paisaje también se hace presente en la obra de Akhmadeeva, concebido en este caso como un ser vivo: “ver el horizonte, analizar el cielo… ese dramatismo que puedes entender mirando el cielo en diferentes etapas del día, sobre todo las nubes.” Y dado que afirma que en todas las obras hay profundidad, porque eso es lo que las artes bidimensionales pueden proponer, los paisajes de Ioulia han de entenderse como representaciones de un espacio ante el cual la mirada encuentra un motivo para detenerse (de acuerdo a la definición que Cuauhtémoc Medina da sobre la noción de paisaje), pero también como manifestaciones de la interioridad que dicha mirada deposita en la imagen creada. Paisaje lunar, Paisaje con cielo iluminado y Paisaje destino caracterizan este corpus de obra que responde a la figuración simbólica del interior del alma.
Ioulia vive entre la herencia cultural de su país natal y el carácter mexicano que poco a poco va apoderándose de los aspectos que caracterizan su vida actual. “Los rusos ríen poco”, comentario que realiza sonriendo copiosamente. Respecto al destino, se debate entre las nociones de que éste se encuentra predeterminado y que, al mismo tiempo, dicho destino se construye, confecciona. Transitando entre el presente y la memoria, trazando puentes entre los vivos y quienes ya se fueron, viviendo entre lo que le es propio y ajeno, refuerza lo que ya en Migración del alma escribía como palabras finales de su propia presentación: “Soy un alma migrante…”

Publicado en el suplemento Letras de Cambio.
Diario Cambio de Michoacán.
8 de mayo 2011

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