domingo, 20 de febrero de 2011

Buscando lo poético en la pintura


El próximo 27 de febrero es el último día de permanencia de Buscando lo poético en la pintura. Del siglo XV al graffiti, exposición fotográfica de Eduardo Rubio, la cual contó con la particularidad de ocupar durante tres meses la totalidad de las salas de exhibición de la planta alta, en el Ex Colegio Jesuita de Pátzcuaro. Es notable esto porque otras muestras, no con menor calidad o número de obras –como Love song/Canción de amor en meses pasados- habitan ese Centro Cultural apenas un mes.
Ascendiendo por las escaleras del inmueble, letreros de pared nos presentan la exposición, primero, e introducen a la personalidad del autor, después. Colección fotográfica de formato generoso, muestra superficies cubiertas con pintura, detalles de obras pictóricas ubicadas en museos de EU y Europa así como de la calle: graffitis en muros y postes de Nueva York. Un recorrido concienzudo confrontaría al público con la historia de la pintura desde 1400 hasta nuestros días, comenzando por el renacimiento italiano, pasando por el academicismo francés frente al cual se impulsaría el impresionismo más tarde; se incluye también pintura expresionista ya mediado el siglo XX y tantas geografías y épocas diferentes más.
Fotografiar, mirar, encuadrar, registrar, congelar, perpetuar un momento y conservarlo, apropiarse de un instante del mundo real que habitamos y somos. ¿Quién fotografía es dueño de lo que captura? ¿En qué medida? Imaginemos: una niña salta, una cámara congela su imagen suspendida en el aire. Fotografiando, nos apropiamos del instante ¿pero nos adueñamos del salto? ¿la niña nos pertenece? Ciertamente no, poseemos la imagen, la hojilla en la que está impresa o el archivo electrónico en que se cifra dentro del ordenador.
De forma que el fotógrafo puede elegir dónde quiere plantar su cámara: en un estudio o en la calle, en el campo. Eduardo Rubio eligió ubicarse frente a las pinturas dentro de los museos. El corpus del trabajo expuesto se basa en obras realizadas por otras personas. La calidad material de las imágenes es notable, el concepto fotográfico es claro en la observación de la realidad que propone mirar, sin embargo esta muestra delata más la faceta académica y de investigación del autor que el perfil de artista promovida por la curaduría misma.
La exposición permite advertir la “caligrafía de la pintura”, los juegos y huellas del pincel distribuyendo los colores en ligeros o gruesos empastes que, en una escena tan pueril como en Camino entre la hierba alta (1876) de Auguste Renoir, parece que óleos dan forma volumétrica a las figuras de forma semejante a la decoración de pasteles con sus betunes.
Hay, en cambio, pinceladas que responden a otras tradiciones: por ejemplo, a la del desvanecimiento del trazo del pincel. Se ve principalmente en las escenas religiosas y mitológicas, también de historia y retrato. La sala dedicada a este género es especial dado que incluye a pintoras como Elizabeth Vigée-Lebrunn (1755-1842), mostrando que las pintoras del pasado de ninguna forma fueron amateurs en el manejo del pincel y los colores, pero la mentalidad patriarcal les restaría protagonismo en la historia del arte aún si hubieran sido celebradas como artistas en su tiempo.
A este respecto habría que anotar una circunstancia: la mirada masculina sobre lo poético en el cuerpo. Las mujeres fueron motivo muy recurrente en la pintura, ya fuera en forma de alegorías, mitos, pintura de historia, escenas intimistas o el potente género del desnudo. Eso se encuentra retratado en las imágenes de Rubio, desde los cuerpos concupiscentemente cubiertos hasta los desnudos más francos y los pechos encuadrados con abundancia. El autor reproduce la visión de los pintores que exhibe, consistente en el deleite y sublimación del cuerpo del deseo para la mirada masculina heterosexual y occidental: nalgas, pubis, torsos sin rostro ni pies porque el encuadre se concentra en estos aspectos físicos.
La cuestión del cuerpo no es poca cosa en la pintura. Un valor presente en la serie de imágenes sobre las manos radica en poder apreciar la proporción de los dedos, cada uno en su unidad, y cada uno entre ellos y la mano completa. Relaciones de correspondencia que fueron bien tratadas durante el renacimiento italiano y que encuentran su fundamento en algunas elucidaciones estéticas provenientes de tradiciones escolásticas medievales. Las proporciones de la mano también involucran el resto de las partes del cuerpo humano. Por lo que la excelencia en la pintura consiste, en parte, en dominar las formas con sus proporciones en el lienzo, y dicha excelencia puede valorarse en el manejo de las manos, que son reflejo de todo lo demás.
Así también estos valores pueden manifestar cánones estéticos, tendencias ideales: carnes abundantes y semblantes redondos para ciertas épocas, dedos delgados y rasos afilados para otras. La tradición neoplatónica en la pintura ejercía un mayor énfasis en la perfección de las ideas expresadas en las escenas que en la conservación de complejos sistemas de medidas para construir la profundidad de la perspectiva lineal o la proporción de un cuerpo que en su altura debía medir siete veces y media su cabeza para encontrarse representado correctamente. De forma que los rasgos se alargan, los cuerpos estiran, giran y deforman, como en la pintura de El Greco o la pintura novohispana en nuestro país.
Eduardo Rubio ciertamente es una persona polifacética que ha cruzado su camino con variadas actividades: empresario, académico, corredor de arte, coleccionista, fotógrafo, instalador, pintor, escritor y -como se nos presenta él mismo en el elocuente perfil- apasionado de la vida. Yo lo conocí como historiador de arte. Y de los tiempos en que fue mi profesor recuerdo que compartía una idea que a él se le antojaba proyecto: bajo la propuesta de que una copia original de una pintura podía ejercer la misma impresión estética en un observador dado, aunque no fuera un objeto original, se podrían elaborar colecciones de copias encargadas a grandes museos del mundo y exponerlas itinerantemente por Michoacán o México. El valor didáctico y estético estaría presente al utilizar inteligentemente el valor de una reproducción original.
Esta exposición que termina pareciera ser un reflejo de aquella idea. Buscando lo poético en la pintura, Rubio creció sus fotografías para confrontarnos con prodigios de la pintura. Si nosotros no podemos viajar para asistir a los museos, que las imágenes viajen y habiten nuestros centros de cultura.

Publicado en el suplemento Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
20 de febrero 2011

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