domingo, 27 de febrero de 2011

Aniversario en Bellas Artes


14 artistas exponen en la galería David Alfaro Siqueiros en Morelia y la muestra está fundamentada en dos premisas para cada caso: estudiar o haber egresado de la Escuela Popular de Bellas Artes (EPBA) de la Universidad Michoacana y haber ganado algún premio por su obra en bienales, concursos, exposiciones. Propuestas destacadas por jurados estatales, nacionales o internacionales; Carlos Márquez, autor del texto contextual de la muestra (y también egresado de la EPBA), astutamente hace notar que esta última premisa de participación resulta en la suma indirecta de criterios: “reconocidos artistas en calidad de jurados […] eligieron la obra de estos jóvenes creadores como lo más destacado en concursos” de geografías próximas y lejanas. No caigamos en la confusión de esperar ver obras premiadas: se trata de producciones recientes, la actualidad del hacer de cada persona que bien retrata el carácter reconocido por criterios formados.
En este sentido se comprende la diversidad de estrategias plásticas y discursivas, pues la muestra consiste en mostrar la variedad de artistas en maduración y las obras resultantes de atenerse a sus propias reglas. Aquí no hay movimientos ni corrientes artísticas en formación, la “escena michoacana” no se agrupa en colectivo en cuanto modos de ser y hacer; sin embargo sí hay afinidades entre procesos de trabajo y colaboraciones entre todas estas individualidades. Incluso precediendo esta muestra: Desmond Ray Ramírez y Jorge A. Ortega ya han sido referidos en esta columna en su exposición conjunta Histerismosis, de la cual precisamente exhiben hoy dos cuadros de entonces: O.P.P.D.? (2010) de Ramírez y El atormentado de Ortega (2007). Por sus formas y modo de construcción son inquietantes; la primera mostrando un corte transversal de encéfalo mientras una frase rodea como marquesina el contorno cerebral: ¿otra pastilla para dormir y soñar en blanco y negro? Lo cual tiene que ver con las fotocopias que como collage completan la superficie del cuadro, debajo de dibujos explícitos de anatomía caricaturizada y un lobo invertido. La segunda obra presenta un contingente no muy grato para un sujeto envuelto con sábana y el rostro cubierto, la mueca en un grito. Tras de sí, en una mujer, un diablo, una calavera y un payaso, más hombres, gritos y empujones. Para ambos artistas, algo de la sociedad les parece persecutorio y suficientemente manipulador como para buscar la tranquilidad en el adormecimiento. Hay que decir que ambos pintores son, en cambio, muy despiertos.
Cerca de sus formas de trabajar se encuentra Cristian Díaz. Junto con Desmond Ray expuso recientemente en la galería del Bar Limbo Centro. Su cuadro de gran formato muestra un fondo hogareño: el fregadero lleno de trastes con escurridor acompañando, vacío: restos de comida completan la naturaleza muerta al centro de la composición mientras alrededor se multiplican formas superpuestas de rombos verdes, moños amarillos y un conejito arrastrando su cuerpo mientras mancha la escena con sangre de sus muñecas. “La vida está en otra parte” se lee en trazos coloridos. El título: ¿El dolor? He hablado de él de la serie “El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, aludiendo a la literatura homónima y a la doble vida en la mente de una persona. Estas superposiciones formales logran romper fantásticamente con el orden y la normalidad.
Recuerdo obra de Carolina Ortega en la exposición Trifásica junto con Celeste Jaime y Graciela Patrón, el pasado marzo de 2010 en el Ex Colegio Jesuita de Pátzcuaro. Entonces ya reflejaba exploraciones en la formación de la memoria, la codificación de la ciudad como huellas urbanas (antenas, torres, marcas neumáticas) y el carácter tectónico del subsuelo. Sus construcciones volumétricas mediante trazos gruesos de tinta decantan en superficies abstractas de plena subjetividad, pero que logran comunicar su sentido por intermediación de los títulos: para la presente muestra Serie Páginas II y Construcción de la memoria.
A pocos pasos se encuentran las piezas de Raúl Calderón Gordillo, con quien Carolina guarda semejanzas por asimilación de elementos urbanos y su construcción gráfica. En el caso de Gordillo, la ciudad es un libro inmenso que ofrece objetos libres para describirle: antenas, transformadores, postes, farolas, indicaciones, planos y croquis, que se toman como metáfora de una vitalidad emotiva. Los anuncios de tránsito encarnan caligrafías de la urbe, las telecomunicaciones transmiten poesía que Calderón condensa en libros de artista que presenta en ferias de libros y exposiciones: “ANTENA URBANA …captando toda corazonada atrapada en la frecuencia de la cotidianidad interrumpida por la señal anquilosada de tu mirar…” Al otro lado de la hoja, el grabado que exhibe tal aparato sentimental con sus tensores y platillos receptores. Raúl ha mudado sus grabados de soporte, desarrollando incursiones en la poesía visual que involucra videosecuencias, performance y obras efímeras. El valor gráfico y expresivo de esta poesía es indudable, aunque en su aspecto literario tal vez haya algo más por hacer.
Janitzio Rangel recientemente impartió un curso de técnicas artísticas en el Porumbo Eco Club, de la cual resultó la exposición que puede visitarse en la Galería OMO de Morelia. Para la muestra presente comparte un tríptico de nombre elocuente: El último aliento antes de la cena, estertor de un pescado servido en la mesa a tres tiempos, cada uno con su técnica, medio de representación y acabado. El pintor hace gala de las disciplinas que enseña. Flanquean este conjunto las obras de Carmen Jacobo, cuyo recurso de trazos circulares concéntricos y yuxtapuestos manifiestan un lirismo abstracto de mucha serenidad, cercana al paisaje.
En el extremo opuesto de la sala, pinturas de Santiago Bucio (egresado y profesor de la EPBA) dan cuenta del peso que para este autor tiene el autorretrato, la representación de la subjetividad afectiva y sexual, desnuda.  Santiago penitente le exhibe en cueros, tumbado en la cama rodeado de símbolos: un cráneo, la vela encendida, una pintura pequeña y el libro “Antes que anochezca” sobre el cobertor. ¿Y si el tiempo volviera? muestra la manera en que el proceder de Bucio se conecta con la tradición de la pintura: hay un aire de Klimt en este cuadro que le presenta de frente y hierático, trazando siluetas en su camisa: los hombres que carga en su cuerpo, la multitud que él es o la que ha pasado por su vida.
Hay que hacer notar que esta exhibición 14 años, 14 creadores, conmemora esa cantidad de años para la Escuela en sus funciones académicas. La profesionalización del arte mediante la academia permite un mundo de posibilidades a quien opta por ésta, pero lo que aquí se ve es el predominio por las disciplinas “de muro”: pintura, dibujo, grabado. La escultura no ha dado frutos aún en esta escuela aunque hay respetables artistas al respecto. También la muestra devela las dificultades que una institución educativa como ésta enfrenta para asimilar las contemporáneas prácticas visuales en la formación académico-artística, aún a pesar de que diversos profesores (actuales y anteriores) de la EPBA ya practican el arte procesual, performance, videoarte, entre muchas otras.


Publicado en el suplemento Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
27 de febrero 2011

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