sábado, 5 de diciembre de 2009

Diccionario de las artes: Abstracción

A la izquierda, Primera acuarela abstracta (1910) de V. Kandinsky. A la derecha, Victory Boogie-Woogie (1943-44) de P. Mondrian.

La literatura artística es abundante y muy variada. Desde lo antiguo hasta lo contemporáneo, hay textos que en mayor o menor medida dan a entender sus entendederas sobre obras de arte y sus responsables. Por su lenguaje, hay textos “oscurísimos”, otros sobriamente académicos, pero no todos prescinden de cuestiones “útiles” al momento de aligerar el tono de las palabras, particularmente refiriéndose a temas escabrosos tal como lo es la abstracción.
Existe un volumen por ahí titulado Diccionario de las Artes y su autor es Félix de Azcúa. Es un texto reciente, de 2002, y aporta ciertos datos interesantes y críticos sobre temas, autores y obras que también se encuentran en enciclopedias de Historia del Arte, pero que no suelen exhibir ciertos atributos muy ilustrativos, que suelen ser bastantes. La vida privada de las obras de arte suele dibujar un retrato muy humano de sus autoras y autores, recordándonos que a fin de cuentas las artes, por muy sublimes que puedan ser, surgen de la actividad humana, pletórica de anécdotas y tropezones.
Así comienza Azcúa la entrada de “abstracción” en su diccionario, hablando de Vasili Kandinsky, uno de los primeros abstraccionistas en Europa. Cuenta que Kandinsky entró en su taller de Munich una tarde y en la esquina más alejada de la habitación, envuelta en sombras, vio una pintura que le impresionó por su contenido de formas y colores sin motivo ni tema. ¿Cuándo había pintado ese cuadro tan particular, que además le provocaba fascinación? Todo se resolvió al acercarse: efectivamente era un cuadro suyo, pero apoyado de lado sobre el suelo.
A la mañana siguiente intentó “recuperar el estremecimiento del día anterior” viendo el cuadro, pero no pudo; ahora reconocía los objetos pintados sobre la tela, las cosas, los personajes, y su presencia le turbaba. “Kandinsky acababa de descubrir la esencia misma del arte abstracto, a saber, que a la pintura la incomodan los objetos reconocibles. Ya lo había sospechado, tiempo atrás, peleándose con su propia incapacidad para ver los colores en sí mismos.” El verde lo veía en los guisantes, en las botellas de vino, en las ranas de las charcas. Vivía en “el eterno desasosiego de que entre su ojo y el color siempre se interpusiera un objeto, un ente sólido, una cosa concreta.”
Tras la experiencia del cuadro mal apoyado, en 1910 Kandinsky pintó su primera obra “abstracta”. Un cúmulo de cualidades cromáticas y lineales repartidas en el papel, trazadas con acuarela, sin tema ni motivo recognoscible, pero con un título que no deja nada a la sugerencia: Primera acuarela asbstracta. Dice Azcúa: “Que sean los colores, ellos mismos, y sus caprichosas formaciones, lo que se manifieste en la pintura; que el alma de los colores se revele […] Eso pretendía Kandinsky: liberar el espíritu cromático esclavizado en los entes del mundo y que los colores se agitaran fuera de cualquier sustento. Un disparate.”
Una abstracción se define como una acción intelectual que representa una cualidad con la exclusión del sujeto a que pertenece. En artes, se entiende como un proceso que no pretende representar seres o cosas concretas, identificables, y atiende principalmente elementos de forma, color, estructura, proporción, textura y más cualidades imaginables. Tal vez actuales abstraccionistas verían limitada esta definición, y estaríamos de acuerdo con ell@s, pero esta es una consideración estándar del asunto.
El holandés Piet Mondrian (originalmente de apellido Mondriaan, pero se mutiló una vocal) entendió esta abstracción de manera que el sujeto excluido en el proceso de abstracción fuera el pintor. “Siempre que se presentaba la ocasión […] Mondrian mostraba su carnet de miembro de la Sociedad Teosófica, a la que pertenecía desde 1909 […] En el mundo había muchos espíritus y también un Gran Espíritu, pero las gentes comunes no eran capaces de establecer relaciones con el Espíritu, así que los iniciados debían corregir los errores mundanos.
“El mayor, con mucho, de los errores mundanos era la existencia. Pero no contentas con existir, las gentes querían, además, tener personalidad, ser sujetos individuales reconocibles […] Los pintores, por ejemplo, daban pinceladas y brochazos, dejando de ese modo huellas personales en la tela. Mal hecho. Hay que elevarse hasta alcanzar una pintura totalmente plana, decía Mondrian, sin rasgos ni huellas, como si hubiera sido pintada por una máquina. Una pintura cuya pureza no dé el menor atisbo de existencia del cuerpo de un pintor.”
El asunto de los colores también fue importante para Mondrian: “distraen y molestan”. Se propuso, para que tod@s se lo propusieran, tolerar únicamente la gama pura: rojo, azul, amarillo, blanco y negro. Todo para poder controlar y reducir los colores hasta conducirlos a la inexpresividad, a la atonía, a la impotencia. Tampoco hay pincelada. Todas son formas lineales, colores parejos, negras rectas “a la regla”, patrones de acomodo cromático.
A decir de Azcúa, lo que hacía Mondrian hacia 1912 era cosechar sus primeros “triunfos sobre la Naturaleza” con pinturas que “no representaban nada, cuyas formas nada sugieren, y cuyos colores son inexpresivos […] Emigrado a los E.E.U.U en 1940 y ya totalmente desenfrenado, Mondrian pasó los últimos cuatro años de su vida bailando sin cesar el boogie-woogie.” Como muestra de que no sólo bailó sino pintó ese ritmo musical, tenemos, con un título muy sugerente, una de sus últimas obras: Victory Boogie-Woogie (1943-44).
El humor y el desenfado son buena cura contra el academicismo acendrado. También son útiles para desmitificar personalidades y corrientes artísticas, teorías estéticas y actitudes espirituales. Pero yendo más allá, la presencia de la abstracción en las artes, una pintura más de cualidades que de miradas, puede ser señal de actitudes propositivas en una cultura visual avasalladoramente dominada por lo fotográfico y lo figurativo, como la nuestra, la actual. Pero en estas tierras la pintura abstracta no goza de muchos adeptos.
En la emisión 2009 del Encuentro Estatal de Pintura y Grabado “Efraín Vargas” no pudo notarse la presencia obras abstractas y lo mismo sucede en la muestra actual de la Séptima Bienal de Pintura y Grabado “Alfredo Zalce” donde, por el contrario, abunda el figurativismo y el hiperrealismo (con o sin apellido de “fotográfico”). Esta exposición reúne obra que proviene de varios puntos del país y fue lo que las y los autores sometieron a concurso como sus trabajos representativos. De manera que estamos hablando de una actualidad artística nacional que se mantiene en el terreno de lo reconocible para abordar sus contenidos.
El arte abstracto lleva varios años sin tener una presencia importante en los espacios de visualidad de Michoacán (léase galerías, museos, espacios públicos). Así que siempre es tiempo oportuno para preguntarse ¿dónde están las y los autores abstractos? Les encontraremos.

Publicado en el suplemento Letras de Cambio
Diario Cambio de Michoacán
6 de diciembre 2009

No hay comentarios:

Publicar un comentario