martes, 8 de septiembre de 2009

Formación y sustento de la Crítica de Arte (Segunda y última)

“Voy a tratar aquí del crítico de arte, o mejor, de la crítica de arte a través del crítico de arte (...) no que soy, sino que estoy llegando a ser, porque es ésta una actividad en la que nadie se realiza jamás por completo."
Francisco Calvo Serraller

La labor de quien publica -hace pública- su visión y opinión acerca de una situación dada que tenga que ver con las artes y la circulación a la cual se someten obras y operarios se enfrenta desde el primer momento al hecho de tratarse de una opinión personal, más o menos especializada o familiarizada, pero limitada a un punto de vista particular. Como figuras insertas en circuitos artísticos comúnmente se les concede cierta autoridad e incluso influencia, por ejemplo, para alegrar o estropear la fama y trayectoria de algún artista. “Un crítico es alguien dispuesto a matar. Un artista es alguien dispuesto a morir“ escribía Pascal Quinard en su libro Vida Secreta. Pero en lugar de tratar sobre las personalidades, atendamos a la actividad de la crítica y su perfil.
Desde un principio, la crítica surgió en el contexto de la escritura, personas de letras discurrían acerca de cuestiones de estética, valor artístico, relevancia social. De aquí deviene la necesidad de que esta actividad requiera en su ejercicio del “escribir bien”. Se trata de una forma de comunicación apoyada en la letra escrita.
Atendiendo a Francisco Calvo Serraller, la crítica de arte, “como género literario y como actividad profesional, surgió (…) durante el siglo XVIII, el momento en el que se inició ese revolucionario procedimiento de la exhibición pública del arte según el régimen temporal de las exposiciones periódicas, y, asimismo, el momento en que se declaró una guerra de liberación contra la Belleza, el firme baluarte tradicional de la inmortalidad artística."
La existencia de la crítica se relaciona directamente con la dimensión pública de la obra de arte. Cuando las colecciones particulares de palacios monárquicos, cámaras de curiosidades y otros acervos particulares (de la realeza o aristocracia) pasaron a ser patrimonio de una colectividad después de revoluciones como la francesa en el siglo XVIII, se abrió la posibilidad a la existencia del museo y la galería como espacios públicos, donde permanecían o pasaban objetos exhibidos a la vista de las poblaciones.
De esta manera "el motivo inmediato de la aparición de los primeros críticos de arte fue (...) el innovador fenómeno de las exposiciones periódicas y públicas del arte, lo que supuso que éste empezara a ser visto desde una perspectiva temporal, de cambios y modas, y que su destino prioritario fuera en lo sucesivo satisfacer el despersonalizado gusto de un consumo social anónimo..." Aprovechamiento de las artes para las masas. A la idea de espacios públicos de visualidad para las artes y sus protagonistas le es inherente la formación de un Público escrito con mayúscula.
Dicho consumo “social y anónimo” no podía pasar inactivo. El mismo pensamiento ilustrado que se ocupó en orquestar la ideología de las revoluciones y liberaciones del siglo XVIII y XIX se ocuparon en prestarle atención a las manifestaciones artísticas y las “obras del espíritu”. Pero ya en pleno siglo XIX surgieron los críticos que fueron unos “aventureros de la pluma, reclutados entre los primeros periodistas. Ninguno de ellos escribió para ser leído por los artistas, ni por cualquier otro especialista en la materia, sino por el vasto y heteróclito público, en una suerte de vivaz parlamento, en tema político”, según la opinión de Calvo Serraller.
Los primeros críticos pertenecieron al gremio de los periodistas, y ello manifiesta la segunda característica de la Crítica de Arte, después de perfilarse como actividad pública: es una actividad mediática. El principal medio en el cual se expresa esta actividad es y ha sido el impreso, las publicaciones; desde periódicos, folletines y revistas hasta catálogos, libros y enciclopedias.
La exposición y la obra son más que un buen motivo para hacer noticia. En el ámbito de la prensa escrita, la opinión particular que se hace pública con motivo de una exposición de arte parte de la idea de juzgar sobre lo que ofrece la actualidad, lo que se encuentra a la vista, lo que la “contemporaneidad“ otorga. Aquello que se encuentra exhibido en espacios públicos es susceptible de comentario, y habrá que aclarar que esto no es derecho privado de las o los críticos sino de la opinión pública en general. Casos concretos los hay: la exposición retrospectiva de León Ferrari (de quien se exhibe obra en el Centro Cultural Clavijero) realizada en el Centro Recoleta de Buenos Aires suscitó un escándalo público al grado que la protesta por diferentes sectores de la población provocó el cierre de la muestra dos semanas, por sentirse agredidos con las referencias que este artista hacía sobre la Iglesia Católica y sus dogmas. La batuta no la tuvo la crítica, sino la gente común y sus sentimientos religiosos.
El carácter mediático de la crítica de arte la hace propensa a estar al servicio de intereses particulares: de los mismos artistas, de galerías y coleccionistas, de instituciones públicas, del mercado y el dinero o las academias. Pero existe la posibilidad de que la crítica esté al servicio del público, de difundir ideas y nociones sobre las artes y sus obras para estimular la formación de públicos críticos frente a las muestras públicas.
A la crítica predominantemente le competen las obras, de ellas se habla y se escribe, por tanto las conoce, o logra descifrar ciertos aspectos en ellas. Calvo Serraller le pone palabras: "si el crítico de arte (...) escribe sólo para el público, el valor de lo que dice depende de lo que previamente haya conversado íntimamente -sin palabras- con el artista"; esto es, en directa relación con la obra y lo que ésta transporta. El crítico es parte del público y se expresa en el lenguaje de éste, participa del sentido común pero también del conocimiento de la obra. Se expresa públicamente en el asumir "la responsabilidad de, mediante su propio ejemplo, quebrar la pasividad del contemplador, esa fatal distracción que nos cierra el paso al arte.”
Existe una alternativa a la figura de la crítica o el critico que construyen su figura como una pretendida autoridad o eminencia, influencia y contrapeso del artista: la alternativa de ser un agente comunicador, un socializador de experiencias con un colectivo de interlocutores, un conversador.

Publicado en el suplemeno Letras de Cambio
Periódico Cambio de Michoacán
6 de septiembre 2009

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