domingo, 16 de agosto de 2009

Mujer/Woman, las obras y los géneros (Segunda y última)


María pensativa, de Pablo O'Higgins; Transparencia tangible, de Julia López; e Imagen picante, de Bernardo Magañón.

Mujer/Woman es una exposición presente en el Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce” (MACAZ) cuyo objetivo es, según se lee en el texto de pared correspondiente, “mostrar parte del acervo que resguarda el Museo” al tiempo que con dicha muestra se hace un “justo reconocimiento a la mujer, como núcleo fundamental del entorno familiar y social.” Se reconoce desde un inicio la presencia de dos visiones artísticas particulares: “una percibe la imagen femenina a través de los ojos del hombre”, el artista varón. Otra muestra “la creatividad e inteligencia de la mujer en las artes visuales, exponiendo a la mujer luchadora, protectora, crítica, trabajadora, liberada y sensual, desde su propia perspectiva.”
Que en dicho discurso curatorial se hable de la mujer y no de las mujeres, manifiesta que la perspectiva de género no ha permeado del todo esta exposición, al dedicarla hacia algo tan metafísico como es la idea de “la mujer”. Las mujeres son muchas, diversas, diferentes, desiguales… todas juntas no representan a la mujer, sino que son ellas mismas, todas ellas. El plural parece dar mejor cuenta de la realidad de lo femenino en nuestras sociedades, y puede ser más adecuado para efectos de un “justo reconocimiento”, motivo de un 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, fecha para la cual esta exposición fue realizada.
La primera sala muestra particularmente visiones pictóricas masculinas: representativo de la pintura académica del siglo XIX, Manuel Ocaranza se hace presente con dos cuadros en los que se aprecian valores como el recato, la ingenuidad y la “dulzura sensual” de mujeres de perfil aristocrático. Propias de una cultura europeizante característica del periodo porfirista, resultan imágenes simbólicas de amor y deseo, teniendo como depositarias dos mujeres. En ¿Quién soy yo? (1881) una mujer descansa un libro sobre sus piernas mientras sonríe desorientadamente mientras un niño alado le cubre los ojos con sus manos; sonriendo a su vez, el ángel mira al espectador. El amor lanza una adivinanza cubriendo su identidad, dejándola para la sorpresa. Ya sin tintes juguetones, aunque sin dejar la picardía romántica y cortés, Equivocación muestra un colibrí que detiene su vuelo frente a los labios de una mujer que sostiene un ramo de flores. El ave se detiene a beber y ella sonríe tímidamente, beben de su boca como si de néctar se tratara; los labios como pétalos, la mujer como una fantasía sensual, pero moral.
Los cuadros más próximos a la entrada del museo son dos desnudos femeninos de Luis Sahagún. De trazo impresionista, la luz se pinta incidiendo en las carnes maduras y exuberantes de una mujer anónima y sin rostro. El carácter plástico de estos cuadros radica en el cuerpo de la mujer como forma “inspiradora” no tanto como persona. La identidad de dicha mujer que muestra su frente y perfil se nos escapa de no ser por el título de una de estas obras: Desnudo, retrato de mi esposa. El pintor desplegando su oficio con su pareja, hace énfasis en los anillos y pulseras que ésta porta mientras se sienta sobre un sofá; es un cuadro perfectamente realizado, pero en el contexto de esta muestra es destacable el hecho de que en ella no figuran los ojos.
Hay una litografía en la sala contigua que no puede sino marcar un fuerte contraste con estas dos últimas pinturas: María pensativa de Pablo O’Higgins. María y Pablo fueron pareja hasta la muerte de éste, y en la obra sin fecha el artista le retrata en una actitud profunda y de firme introspección. Es como si en este ejercicio de pensar, María presentara todo un acto de afirmación como persona, hecho que el artista refleja con trazo fuerte y definido. ¡Cuánta diferencia puede haber en las actitudes que dos artistas hombres muestran respecto a sus parejas! Sahagún la hace forma anónima, la convierte en un medio, no es tanto un retrato en dicho caso; O’Higgins capta una fuerza interior particular e independiente en María. ¿Cuál de los dos hace mayor reconocimiento a la persona con la que se relaciona?
Pasando a retratos realizados por artistas mujeres, que no faltan de excelente factura y expresividad, habría que destacar la obra de más grande formato de la muestra y que, de hecho, es la imagen difundida en presentación de ésta: Autorretrato de Guillermina Romero. Obra del 2007, hereda referencias de oficio de Lucian Freud al pintar la carne como si fuera paisaje; la piel de la faz como una multitud de trazos que asemejan montañas y riscos, un todo armónico que esconde el rostro de la autora con una fortísima actitud, del tamaño de todo el cuadro. Inclinada hacia el lado izquierdo y hacia atrás, los ojos parecen mirar desde arriba y directo hacia nosotr@s. Las comisuras de los labios hacia abajo, todo en una actitud de quien se exhibe pero también arroja una mirada, de quien se pregunta cuestionadoramente por lo que ve. La mejilla izquierda y otras zonas muestran manchas azules como trazos sobre la piel: la autora vestida de pintura. Sería exagerado decir que el conjunto de estos elementos puede resultar en una sensación “monumental”, pero no faltaron motivos para sentir ganas de usar esa palabra. Es un rostro muy grande.
De otra pintora, Julia López, se exhibe Transparencia tangible, un óleo de 1968. Ahí hay un desnudo femenino de perfil en la que fondo y figura forman parte de la misma variedad de explosiones de color. Al ser ésta una experiencia más vital, más propia –se trata del desnudo femenino realizado por una mirada del mismo género-, la diferencia que guarda con otros desnudos de la muestra elaborados por varones (Mujeres sedentes de Efraín Vargas, Madona Reclinada de Armando Eguiza, Imagen picante de Bernardo Magañón) no puede ser sólo de lenguaje pictórico sino de contenido. Los elementos sexuales no están resaltados de forma especial, el gesto está en la cabeza y la mano que sostiene un área blanca, le da título a la pintura, blanco que quién sabe qué será, que sólo cada mujer particular puede definir. ¿Por qué sólo unos pocos varones –pintores- contemporáneos se ocupan de su propio desnudo?
Los temas sobre mujeres predominan hoy día en el MACAZ al inaugurarse recientemente la muestra Nómada, obra de un colectivo tanto internacional como local, enteramente compuesto de mujeres, que ya es motivo de comentario para la siguiente ocasión.

Obra presente en la muestra.

Publicado en el suplemento Cambio de Letras
Diario Cambio de Michoacán
16 de agosto 2009

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