domingo, 7 de junio de 2009

Panorámica de Enrique Ortega en el CCU

La pintura es arte romántica y, por esto, cuando es más ella es cuando realiza este aspecto: es cuando se apoya en el color (o mejor dicho en el tono) y cuanto más se limita a eso, más es pintura. La pintura responde más a lo emotivo o la intuición y al alma, y es por esto el arte plástico que está más cerca del momento de creación o inspiración."
Joaquín Torres García. Universalismo Constructivo

Enrique Ortega, profesor de la Escuela Popular de Bellas Artes, pintor y museógrafo (por ejemplo, participó de manera importante en el montaje de la muestra Sombra Mirada de Arturo Rivera en el Centro Cultural Clavijero), presenta cerca de 60 obras pictóricas en las dos galerías de exposición temporal del Centro Cultural Universitario.
Una de las particularidades de este edificio, dependiente de la Universidad Michoacana, consiste en la poca certeza que éste ofrece acerca de las posibilidades de ver las muestras que ahí se exhiben. Me explico: el miércoles 3 de junio no fue posible entrar a la exposición debido a un tipo de asueto o suspensión de actividades en la Universidad y, por tanto, las galerías no se encontraban abiertas.
El jueves, en cambio, tocó la ventura de poder conocer las pinturas exhibidas con la venia de las custodias que afanosamente vigilan los espacios de exposición. Fue una visita rápida, pero al volver el viernes al medio día, la sorpresa fue que las galerías nuevamente estaban cerradas.
En el piso superior encontramos a quien pudo abrir las galerías “al menos una hora”, tal como quienes deseábamos ver la muestra escuchamos decir a las señoras encargadas. Pasados cerca de 20 minutos, las puertas se abrieron, primero una sala y hasta después de salir de ésta se abrió la segunda. Hubo un pequeño malentendido en cuanto a una libreta y un bolígrafo: la custodia fue instruida para que no se permitiera el paso a ningún objeto, pero estaba dudosa acerca de la posibilidad con tales objetos, mucho más voluminosos que una mochila o bulto. Al final se aclaró todo, yo pude proseguir con mis notas, con la tranquilidad de proseguir el recorrido sin más apuro que el de nuestros propios ojos.
Lo anterior se relata para hacer notar que si bien el Centro Cultural Universitario es un recinto cultural importante, además de excelentemente ubicado, tiene sus propios problemas de funcionamiento que se traducen, al final, en una imposibilidad o dificultad por parte del visitante para acceder a la obra que ahí se exhibe. Al mismo tiempo, el expositor o expositora habrá de tener en cuenta las condiciones operativas del sitio donde exponga para contemplar el grado de aproximación que es posible desde el papel de observador.
No es poca cosa detenernos en este punto, pues como lo refirió el mismo Ortega al periodista Carlos F. Márquez, esta exposición muestra obras elaboradas en distintas etapas de su trayectoria y fueron reunidas para “reanudar el diálogo entre obra y espectador”. ¿Cómo poder reanudar diálogos semejantes con la obra de un artista que pasa directamente a manos de coleccionistas y comerciantes de arte, y que cuando dicha obra es reunida no puede ser vista porque las puertas de las galerías se encuentran cerradas, “porque no hay nadie que cubra” el turno?
Pero más allá del umbral de los portones, la actitud esperanzada y paciente se premia con la visión de productos de un pintor metódico y notablemente fincado en su actividad productiva, nutrida cotidianamente con el trabajo académico en el ramo de las artes visuales. En el aspecto general del montaje se respira sobriedad y moderación, en los motivos y manejo de materiales es visible una visión muy personal de la pintura y el oficio, como si fuera un refugio, un espacio íntimo. No hay presencia de nociones experimentales ni vanguardistas, esta pintura no critica el medio en el que se mueve, pero vive y lo hace bien, aquí el quehacer pictórico ha confeccionado objetos estables y sin cabos sueltos en su interior.
La mayoría de las obras oscilan entre los años 2000 y 2007, son predominantemente encaustos (pintura con cera), óleos y arenas. De esta última técnica encontramos, en la primera sala, Los Caminos. Resulta grato encontrar un cuadro así, trazado en tonos terregosos, con línea de horizonte y una incisión vertical en la parte inferior media. La referencia al paisaje, aunque no figurativa, es evocativa, sobre todo al utilizar arenas para un motivo “terrestre”. La elección de los materiales interviene directamente en la construcción del motivo de la pintura. Ello nos da el tono de la muestra: el énfasis se encuentra en los valores plásticos de cada pintura, no en conceptos ni narrativas. El motivo de la muestra no son los mensajes que transporta sino los objetos de los que se conforma.
Notable también es la estética de la ciudad presente en las pinturas de mediano formato también de la primera sala. Sólo la noche te recuerda (2007), Ciudad grande (2005) y El tiempo que pasa y Las primeras lluvias (2002) son piezas caracterizadas por escenas urbanas desdibujadas, vaporosas, solitarias, de perspectiva aérea y predominantemente verticales. Mientras que en la primera (hecha en óleo) la vista es nocturna, escena fría con destellos de amarillo, en las siguientes dos la luminosidad viene por efecto de la paleta de colores, pálidos con trazos de negro y otros matices leves, transparencias utilizadas variadamente y una superficie límpida como el encausto puede ofrecer. En la cuarta, los colores se acrecientan, los blancos y ocres conviven con rojos y azules, verdes...una ciudad más colorida, detrás de los nubarrones bajos que se espera se asienten con la precipitación pluvial. Con las primeras lluvias el ambiente urbano se limpia, pero no mientras no escampe.
En la segunda sala se concentran los pequeños formatos, de escenas mucho más íntimas. Escenario (2005) es un pequeño encausto sobre lino que no se conforma con su marco, sino que enmarca la escena a su vez con un margen cuadrado, acentuando la noción de encuadre, de espacio delimitado.
Finalmente, Cuando tú me dejes…yo me iré contigo (2003), escena lacustre de tono amoroso donde una figura humana roja se encuentra frente a un muelle y bote figurados esquemáticamente. La vieja promesa de los amorosos, donde tú vayas yo voy, delata este espacio privado que es el acto pictórico en Ortega, recordando un poco la noción del muralista José Clemente Orozco de que el arte se hace en soledad, pero ciertamente se nutre de las entendederas y querencias del pintor.
Finalizado el recorrido y dar las gracias a las custodias, escuchamos como aviso: “Se abre a las 4:00 otra vez”. Al salir de la galería, las puertas se cerraron a nuestras espaldas.

Publicado en el suplemento
Letras de Cambio
Diario
Cambio de Michoacán
7 de junio de 2009

1 comentario:

  1. Juan Carlos, te rayaste... Empiezas a hacer un grato uso de esta columna y a mi no podría sino hacerme feliz... Si no puedo ver el trabajo de Enrique Ortega, por las razones que citaste, tu revisión es bastante formal para darnos una idea de lo que trata. Felicidades, hermano.

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