domingo, 24 de mayo de 2009

Creadores de Utopías...para seguir caminando

Portada del libro Creadores de Utopías Vol. II, magiscopio de Feliciano Béjar y detalle de pintura de Gilberto Ramírez.


Ventana sobre la utopía
“Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.” Eduardo Galeano


Roberto Sánchez Benítez, Hiram Ballesteros, Isaías Alanís y Gaspar Aguilera presentaron el segundo volumen de la serie Creadores de Utopías. Un siglo de arte y cultura en Michoacán, publicación a cargo del Centro de Documentación e Investigación de las Artes de la Secretaría de Cultura. El objetivo de esta serie consiste, como ya se ha dicho en varios medios de comunicación impresos y en la misma presentación, en reconstruir las biografías de personalidades que han trascendido en sus particulares actividades como referentes de la cultura local y nacional, y que de alguna manera están relacionadas con el estado de Michoacán, ora porque nacieron en esta tierra, ora por que su actividad la llevaron a cabo en este territorio. Veamos. El volumen lo componen 15 capítulos: 14 corresponden a varones. En la cinematografía, se reseña a los hermanos Alva y a Miguel Contreras Torres; en las artes plásticas, Feliciano Béjar (del cual se efectuó una exposición-homenaje en el Centro Cultural Clavijero de octubre de 2008 a febrero de este año) y Gilberto Ramírez; caso aparte es el de Manuel González Galván, del cual se pueden rastrear su trabajo plástico, una intensa actividad académica, y su labor de rescate y conservación del patrimonio arquitectónico de la ciudad de Morelia, así como la contribución realizada a otros inmuebles como la fuente principal de Palacio Nacional, en la ciudad de México. En la música, particularmente en el ramo popular, Tata Gervasio López y Juan Reynoso Portillo. Nicolás León e Ignacio Chávez quedan en el volumen como académicos e investigadores. Numerosas instituciones en el país ostentan los nombres de ambos en sus bibliotecas, centros de documentación, auditorios y otras instalaciones. El hecho de que sólo uno de los capítulos corresponda a una mujer, Carmen Báez, literata y diplomática, delata que este proyecto editorial, así como el estado de Michoacán en general, tiene pendiente una deuda importante con el reconocimiento de las mujeres en la historia que traza durante el siglo XX. El volumen I de Creadores de Utopías incluye, según entiendo, a Concepción Urquiza, literata al igual que Báez, y única mujer reseñada en aquella publicación. Atendiendo la autoría de los capítulos el asunto cambia: hay una cuota equitativa entre hombres y mujeres que participan en la documentación de personalidades del siglo XX; de ello puede comprenderse que, de momento, hay más mujeres contribuyendo a la estructuración de la historia local que las que se reconocen en la construcción de ésta. En la presentación del libro, se reconoció que el perfil de la colección se ubica en la “investigación y literatura”. Cada texto está escrito en un tono intimista y de familiaridad; aún así se reconoce el trasfondo de un estudio objetivo pues se dan abundantes datos biográficos de l@s reseñad@s y las referencias donde dichos datos se encuentran. Lo cierto es que a nivel de la experiencia lectora, puede sentirse frecuentemente un infranqueable tono elogioso que resulta incómodo, y ello es vigente incluso en las primeras líneas de algunos capítulos. Frases como: “nació el ilustre maestro michoacano en la ciudad de Morelia el 20 de septiembre de 1906” (sobre José Palomares), “Feliciano Béjar fue el escultor michoacano más importante del siglo XX”, “El nombre Ignacio Chávez debe escribirse con letras enormes, las más grandes…” y “Acercarnos a la obra del pintor Gilberto Ramírez es un disfrute” son la cuota fija de los textos. Por otra parte, el volumen se presenta como eminentemente textual. Fuera de las viñetas iniciales de cada capítulo, no hay referencias gráficas ni apoyos visuales para lo escrito. Esto es particularmente importante para el caso de Feliciano Béjar, Gilberto Ramírez y Manuel González Galván, donde la referencia a los magiscopios del primero, las pinturas y murales del segundo, y los intereses patrimoniales del tercero no se comprenden del todo si no hay una imagen que aporte al lector una dimensión visual que corresponda con su actividad. En otros casos esta relación texto-imagen resulta especialmente útil, por ejemplo, fotogramas de cintas o vistas de los hermanos Alva o Miguel Torres Fraga, que pueden contribuir a que la dimensión humana de los reseñados adquiera más realidad. Esto, en el contacto con el texto, siempre se agradece. Este libro “abre líneas de investigación historiográficas” (en las palabras de los presentadores), pero no las agota. Roberto Sánchez bien lo apunta cuando defiende el proyecto editorial diciendo que “siempre se necesitarán más estudios”, y que aquí la publicación ha de valorarse en función de “lo que plantea y difunde”. Dos palabras muy acertadas, puesto que Creadores de Utopías Vol. II asienta una base para la conformación de un mapa historiográfico de la cultura en Michoacán, pero su valor radica en su carácter de documento (fundamentalmente biográfico), no como compendio de estudios críticos y comprensivos. Publicado en el suplemento Letras de Cambio Diario Cambio de Michoacán 24 de mayo de 2009

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